60 años después... Stingray

Fiel a sus raíces de puro, y duro, biplaza deportivo. Hace seis décadas, el neoyorquino Waldorf Astoria alojaba a uno de sus huéspedes más ilustres: el Chevrolet Corvette. El famoso hotel y el célebre coche, que debe su nombre a las pequeñas y rápidas corbetas, unían sus «vidas»… para siempre

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javier fernández
León

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Icono cultural. Convertido desde hace años —décadas, ya— en toda una iconográfica representación del genuino deportivo americano, casi un millón y medio de personas contemplarían, durante aquel año de 1953 y tras su lanzamiento en la Gran Manzana, el diseño curvilíneo y el enfoque futurista del Corvette en infinidad de exhibiciones celebradas entonces a lo largo y ancho del país.

Tan entusiasta respuesta, se vería inmediatamente reflejada en la aceleración de los planes productivos de Chevrolet respecto al nuevo modelo.

Escasamente seis meses después de su presentación en sociedad, a finales de junio de aquel mismo año 53, la planta de de Flint, en Michigan, comenzaba a vomitar unidades, como por un tubo: 300 en aquel primer año productivo, todas de color blanco y con el interior en rojo. Pueden parecer pocas, es verdad, en el histórico del biplaza, pero las suficientes como para aventurar lo que vendría después… un coche que acabaría convertido en sinónimo de prestaciones, tecnología, diseño y ambición.

A imagen y semejanza de lo que intuyó el primer -y gran impulsor- del Corvette, el legendario director de estilo de GM Harley Earl, padre de la idea de vestirlo con una carrocería de fibra de vidrio, que insistía en que «había sitio» para un modelo estadounidense en el mercado de coches deportivos, insultantemente dominado entonces por las marcas europeas… en esa misma línea, abanderando idéntica filosofía, seis décadas después: el Corvette ha vuelto a la Gran Manzana, trufado en Stingray 2014 (culto denominativo al prototipo de carreras y, a renglón seguido, al famoso luneta trasera dividida «Sting Ray» de 1963) escrupulosamente respetuoso y fiel a sus raíces como un «auténtico» biplaza deportivo, atractivo siempre por sus experiencias al volante, por la aplicación -hoy- de tecnologías de última hornada, la utilización de materiales ligeros y por un estilismo que bebe en las puras —y duras— fuentes de la competición automovilística.

Y eso, con el marchamo de ser el Corvette más potente y rápido de la historia: 450 CV y menos de 4 segundos para clavar el crono de cero a cien.

Llegará en el tercer trimestre del presente año como continuador, también eso, de una saga que, bautizada como el rápido y pequeño tipo de barco, ha acabado por convertirse en todo un arquetipo automovilístico made in USA.

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Y la historia, continúa...