HENRY FORD

Centenar y medio... de años

Un espíritu innovador nacido con el célebre modelo «T». En el año en el que se celebran los 150 del nacimiento de Henry Ford, el óvalo da una nueva vuelta de tuerca, una nueva pincelada, al estilismo de sus realizaciones. La innovación como bandera en la genética T… y siguientes.

Henry Ford revolucionaría la industria del automóvil, y la sociedad del momento, con el primer coche fabricado en serie... el modelo «T»

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Javier Fernández
León

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Del Titanium al Vignale. La nueva generación del Mondeo, que se fabricará en España (Almusafes), definirá también la nueva línea de lujo en los catálogos del óvalo.

En los inicios, a Henry le costó que «Ford Motor Company» alcanzase la solvencia financiera; lo conseguiría con el «T», la icónica simbología del óvalo, lanzado en octubre de 1908 y que no sólo inauguraría la era de producción en serie en la industria automotriz mundial («puede elegirse cualquier color… a condición de que sea negro») también contabilizó más de 15 millones de unidades en su haber.

Y no sólo… eso, porque el masivo lanzamiento del «T» acabaría por convertir las economías agrarias estadounidenses, y de «casi» el resto del mundo, en prósperos mercados industriales y urbanos con, eso también, sus venturas y desventuras… pero esa es otra historia.

La que sostienen infinidad de historiadores, viene marcada por la «responsabilidad» que tuvo Henry Ford en la creación de la clase media estadounidense: un alto salario base para sus empleados —revolucionario para la época—, marcaría todo un precedente y acabaría por influir en posteriores prácticas empresariales.

Claro que, el primer paso en la andadura automovilística de Ford, lo daría Henry en 1913 con la puesta en marcha de la primera línea de montaje móvil para coches. En año y medio, el tiempo necesario para fabricar un «T» —¡«casi»… como hoy!—, cambiaron tanto las cosas que se pasó de doce horas y media a la hora y media actual que se precisa desde el primer tornillo… al coche completo.

Eso, por no hablar de la práctica del «integración vertical» que, en aras de una mejor calidad, Henry procuró ser dueño, y coordinador, de todos los recursos necesarios para producir automóviles; una fórmula puesta en práctica en 1927 con el Ford A, sucesor del «T».

Y ese espíritu innovador continúa vivo en los planes productivos de la compañía: diversificación de gama —del pick-up F-150 al deportivo Mustang—, del Mondeo al Fusion —versión híbrida—, de la tecnología Ford SYNC —información y entretenimiento a bordo— a los eficientes motores EcoBoost y de ahí… al Vignale —sobre la base de la futura, ya próxima, gama Mondeo— que irá mucho más allá de lo que en su día lo fuese la terminación Ghia y que el óvalo aplicará tanto en el exterior como en le interior de sus realizaciones —llantas de 20 pulgadas, parrilla frontal tridimensional, profusión de cromados…—.

Así que, Alfredo Vignale, aquel prolífico artista carrocero italiano de los años 40, 50 y 60… tiene un digno legado en ésta renovada filosofía a la que el óvalo rinde ahora culto.

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Como en su día cultivase aquella filosofía productiva —«fabricar coches fiables, eficaces y a precio razonable»— aquel «revolucionario» Henry, fallecido el 7 de abril de 1947 (a los 83 años) y a quien, medio siglo después de su muerte (1999), la revista «Forbes» designaría «Hombre de Negocios del Siglo»…