Diario de León

MOTOR

Los hitos del «chevron»...

Ocho décadas después, «la revolución» sigue viva. En 1934, la tracción delantera revolucionaba los catálogos de Citroën. Ahora, el C4 Cactus sigue la trayectoria del pionero «Pato», manteniendo viva la llama de un sistema que, a partir de entonces, montan la mayoría de automóviles. Ocho décadas después… el «chevron» sigue rompiendo moldes.

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javier fernández
León

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Traction et Cactus. El visionario fundador André Citroën, apostaba hace ocho décadas por un modelo tecnológico que acabaría por revolucionar el mundo del automóvil: el Traction Avant —«hispánicamente» bautizado «Pato»—, que suponía la apertura a los modelos de gran serie de innovaciones como la motricidad en las directrices ruedas delanteras, la carrocería autoportante monobloque —sin chasis independiente—, la suspensión de ruedas independientes -barras de torsión- y frenos hidráulicos que, en la década de «aquellos» treinta suponían todo un giro copernicano en el comportamiento de los automóviles.

El empeño personal de André Citroën, traducido en la contratación del ingeniero aeronáutico André Lefebvre y del estilista italiano Flaminio Bertoni, daría origen a aquella nueva arquitectura «todo delante»: estructura motor-caja de cambios sobre el tren delantero, que favorecía el reparto de pesos al cargar la parte delantera del vehículo y aligerar la zaga, mejorando sensiblemente el comportamiento rutero del coche.

También se desarrollaría un sistema de transmisión uniforme entre el motor y las ruedas, independientemente del ángulo de giro o la de la trayectoria al suelo; suprimiéndose, lógicamente, el eje de transmisión al tren trasero y el, hasta entonces, ampuloso túnel que restaba confort y habitabilidad. Consecuencia: habitáculo de suelo plano y mayor distancia entre ejes.

Además, los ocupantes «se sentaban» más bajos y se rebajaba el centro de gravedad del vehículo, con las consiguiente mejora de la estabilidad. Eso, por no hablar de que, el «Pato», se convertiría en el coche más cómodo de la época merced al sistema de calefacción, los asientos mullidos y una cuidada insonorización interior.

Ahora, ocho décadas después, y millones de modelos más tarde, el Cactus rompe esquemas reavivando la llama «revolucionaria»: una —otra— nueva forma de entender el automóvil, con una —otra— decidida aportación de cómoda practicidad, un diseño muy chevron y mayor tecnología útil en un envoltorio presidido por los innovadores «Airbump», esos curiosos «cojines de aire» que, a más de personalizar el diseño estético del Cactus, protegen su carrocería de esos indeseables roces urbanos.

En el interior, un airbag del copiloto desplazado al techo, una —otra— primicia que permite ganar espacio para el pasajero delantero liberando el salpicadero, que dispone así de una generosa guantera y en cuyo salpicadero, presidido por la pantalla táctil de 7 pulgadas, se han suprimido infinidad de botones; incluso el tradicional cuadro de instrumentos ha dejado paso a una pantalla digital.

El techo acristalado panorámico, con alta protección térmica, o el «MagicWash», una ingeniosa invención que obvia los problemas de visibilidad cuando se limpia el parabrisas, acaban por configurar una realización, el C4 Cactus, con la que Citroën vuelve a rendir culto a aquel icono, el Traction «Pato» que, en sus 23 años en catálogo... rompió moldes.

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