Defender. «Bye-bye»…
Land Rover ‘abrocha’ la producción del icono en Solihull. El más longevo de los Land Rover… cierra su ‘ciclo vital’. Desde hace 68 años, los míticos «Series» y «Defender» han marcado la trayectoria productiva del fabricante. ¡Larga vida… a la leyenda!

Sesenta y ocho años después… ‘el último’ de Solihull. «Celebramos hoy el trabajo de generaciones de hombres y mujeres desde que el boceto del Land Rover se dibujó en la arena».
No le duelen prendas al CEO de Jaguar Land Rover, al Dr. Ralf Speth, a la hora de piropear a las icónicas realizaciones «origen de nuestra legendaria capacidad: un vehículo que hace del mundo un lugar mejor, a menudo en extremas circunstancias».
Desde 1948, año de lanzamiento de ‘aquel’ Serie I con motor 1.6 litros de 50 CV, hasta el pasado 29 de enero… más de 2 millones de unidades han ‘plagado’ los catálogos de Land Rover, y las líneas de montaje de la (también) icónica factoría de Solihull que, con 56.000 unidades, conoció su «punta productiva» en 1971.
Lo que nació como un simple boceto dibujado en la arena de una playa, acabó convirtiéndose en uno de los todoterrenos más emblemáticos del mundo; uno de los 4x4 más versátiles del mercado, capaz de llevar a sus ocupantes a lugares… «donde los demás no pueden».
En el recién pasado 2015, el Defender marcó otro hito histórico en su trayectoria comercial: 400.000 libras esterlinas recaudó en una subasta benéfica la unidad «2 millones», especialmente realizada para la ocasión y que, por ende, abrochaba la producción del Defender, que costaba 450 libras cuando debutó en el Salón de Ámsterdam en 1948.
Cuando la Serie I inició su producción en Solihull, el Reino Unido vivía una de postguerra en la que escaseaba el acero. Por mucho que el país contase con una inmensa capacidad productiva, «sólo» la inspiración de los hermanos Wilks —Spencer y Maurice-, conseguiría ayudar a que Rover Company volviese —en los años 30— rentabilizar sus resultados económicos. Estos pioneros concibieron el Land Rover como un vehículo de uso agrícola; nunca —se supone— hubiesen podido imaginar el impacto global de «su» automóvil.
En 1958, tras varios cambios, la Serie II desvelaría un nuevo diseño, además de un avanzado motor diésel que se utilizó hasta mediados de los años 80. En 1966 las ventas alcanzaban el medio millón de unidades y en los 70, la Serie III continuó redondeando las cifras de ventas hasta que, a partir de 1990, aparece el Defender, compartiendo catálogo con los recién llegados Range Rover y Discovery.
Parte —mucho— del atractivo de Land Rover ha residido en sus infinitas versiones, desde ‘camiones’ de bomberos a grúas o vehículos anfibios.
En sus 68 años de historia, los «Series» y «Defender» se han considerado… como un miembro más de la familia. ¡Larga vida… a la leyenda!
¡Good bye… Defender!