Citroën Saxo VTS: icono… deportivo
En 1996, las 16 válvulas, los 120 CV y sus escasos 935 kilos de ‘romana’, convertían al Saxo VTS en uno de los más famosos pequeños deportivos de su generación. Profusamente utilizado en competición en numerosas disciplinas (rallyes, rallycross, circuitos…) el Saxo VTS se convirtió en ‘crisol’ a toda una generación de aficionados y pilotos.

Fabricado hasta 2003 en la planta gala de Aulnay-sous-Bois, el Saxo VTS sigue conservando el símbolo de una época en la que deportividad rimaba con accesibilidad.
«Pequeño… bólido». Hace tres décadas, Citroën dejaba huella en el mundillo de los pequeños deportivos: Saxo VTS que, lejos de ser un simpe utilitario adornado con un bonito emblema, encarnaba una clara visión: ofrecer a los amantes de la conducción un auténtico ‘kart’ de carretera, fiable, asequible y diseñado para divertirse.
Además de ofrecer un alto rendimiento, merced a su relación peso / potencia, este «pequeño bólido» contaba con un chasis muy eficaz y equilibrado, que lo convertía en un coche muy divertido y fácil de conducir. Ahora, treinta años después, el ‘Chevron’ celebra el aniversario del pequeño deportivo galo (fabricado hasta 2003 en Aulnay—sous—Bois) que supo, como pocos, combinar el placer de conducir con unas accesibles prestaciones. Del AX al Saxo VTS, genes… deportivos. Para asimilar el nacimiento de nuestro protagonista, hay que remontarse al AX cuyo lanzamiento en 1986, situaba a Citroën en el segmento de los utilitarios deportivos, con los AX Sport y GTI, gracias a su temperamento y excelente relación peso / potencia. Comercializado en febrero de 1996, el Saxo tomaba el relevo del AX como modelo de entrada al catálogo de la marca; ese mismo año, aparecería el Saxo VTR (1.6 litros de 8 válvula y 90 CV); a renglón seguido, aparecería el modelo destinado a perpetuar la identidad del AX GTI: el Saxo VTR, propulsado por el tetracilíndrico TU5J4 de 1.6 litros y 16 válvulas con 120 CV. Si bien el diseñador italiano Donato Coco dibujó las ‘pinceladas’ generales del Saxo, es a un joven diseñador a quien se le confía la versión deportiva: la primera misión de Gilles Vidal en Citroën (1996), fue precisamente elaborar el ‘kit’ de carrocería del VTS; un trabajo minucioso, caracterizado por unos ensanchados pasos de rueda cuidadosamente integrados en los bajos de la carrocería, así como en los generosos paragolpes. En los guardabarros traseros, la extensión se prolonga por delante de la rueda hasta el corte de la puerta, deslizándose elegantemente bajo la moldura de protección lateral. 120 CV, 935 kilos… receta ganadora. El Saxo VTS guarda bien sus bazas, con una línea que, en general, mantiene la sobriedad: insignia 16V en los guardabarros zagueros, embellecedor de escape cromado, llantas de aleación… sin tampoco alardear de sus ambiciones, aloja bajo el capó el motor TU5J4 que rinde 120 CV a 6.000 vueltas (régimen máximo 7.300 giros), combinado con un cambio (5 velocidades) de relación cerrada (transmisión más corta) y apenas 935 kilos de ‘romana’; consecuencia: 205 por hora de punta y menos de 30 segundos en el ‘sprint’ del kilómetro desde parado. Aunque el chasis lo que marcará la diferencia: un tren delantero de precisión quirúrgica, una dirección asistida bien dosificada y un ‘juguetón’ tren delantero que no duda en dejarse llevar… en cuanto se le provoca. Los discos de freno ventilados en el tren delantero, completan el cuadro de un pequeño deportivo pensado para el auténtico disfrute al volante. Así que en carreteras sinuosas, el Saxo VTS era capaz de plantar cara a automóviles mucho más grandes y potentes. Con todo, el Saxo VTS nunca se dormiría en los laurales: a finales de 1997, un primer ajuste reorganizaba la gama deportiva recuperando, el 16 válvulas, la insignia «16v» que antes lucía el ZX: será también la ocasión para que Citroën popularice el apellido VTS. Si bien la versión 16v de 120 CV sigue siendo el ‘santo grial’, el aspecto deportivo y el afilado chasis del VTS se asocian ahora a motorizaciones más accesibles, para seducir a una clientela más amplia, deseosa de dinamismo estético sin buscar necesariamente el puro rendimiento. Así, la gama VTS incorpora el 1.6 litros de 90 CV (hasta entonces reservado al VTR), el 1.6 de 100 CV e incluso el 1.4 de 75 CV. En 1999, un marcado rediseño transforma su aspecto: faros almendrados, capó abombado y una parrilla con grandes
‘chevrones’; el VTS se moderniza sin perder un ápice de su carácter. Fabricado hasta junio de 2003 en la planta de Aulnay-sous-Bois antes de ceder su puesto al C2, el Saxo VTS se retira tras 7 años de brillante carrera comercial. También desde su lanzamiento, el Saxo VTS demostró en competición lo que la carretera ya dejaba entrever: en infinidad de especialidades (rallyes, rallycross, circuito, carreras sobre hielo…) el pequeño ‘Chevron’ se reveló como un vehículo tremendamente eficaz, accesible y versátil. Citroën Sport creaba todo un ecosistema de carreras: Saxo Cup, Saxo Challenge, Saxo Rallycross, Saxo Glace… certámenes monomarca con reglas individuales para cada especialidad, y para que el mayor número posible de aficionados pudiesen iniciarse en las carreras con un coche específicamente diseñado para ello; la clave: estas categorías reglamentaban el motor de serie —«igual para todos»—, lo que de mostraba que el chasis del Saxo VTS era, por sí sólo… arma suficiente. Así que el Saxo VTS no era un mero coche de competición, sino también una auténtica escuela de conducción deportiva: en 2001, Sébastian Loeb y Daniel Elena se proclamaban campeones del mundo junior WRC a bordo de un Saxo Super 1.600.

