Iván Zulueta: conexión leonesa
El arquitecto leonés Nicolás Astiárraga como productor, y Carlos Astiárraga como ayudante de dirección, participaron en la película «Arrebatos»
A rrebato no fue la única película de Iván Zulueta (San Sebastián, 1943-2009), pero sí la que dio un revolcón sin precedentes al cine español. Aquel filme fue un descenso a tumba abierta a las entrañas de la creación y el tormento, mientras la realidad y la ficción se conjugaban como la mayor de las imperfecciones. Es decir, la vida. Pero menuda vida. Nada comparable a la del resto. Única como Iván Zulueta.
Zulueta es de esos personajes en los que no cabe la frase: ya se ha hablado suficientemente de su vida y su obra, pasemos a las circunstancias colaterales. Porque se habló poco. Pero sí se puede decir que en Arrebato hay una conexión leonesa que es una historia que se supo cuando se supo, como la película se vio cuando se vio. Nicolás Astiárraga, arquitecto leonés, la produjo y Carlos Astiárraga ejerció de ayudante de dirección.
Pero este artefacto que hizo saltar por los aires los academicismos fue una cinta que, para los que comenzaban a ser adolescentes cuando se estrenó, luego la persiguieron ya de jóvenes para poder verla en alguna sesión que se condimentaba con la salsa de los grandes acontecimientos culturales, transgresores, que se llevaban a cabo en casas particulares.
A escala, se puede pensar que si Arrebato hubiera nacido hoy y su impacto interior se reprodujera como sucedió en los 80, estaríamos hablando de un fenómeno de masas al margen de los circuitos comerciales. Es decir, ese boca oreja arrollador que pasa en Internet por delante de las narices de muchos. Y al bueno de Zulueta puede que le cayeran ofertas millonarias para traspasar su universo a idiomas más legibles y que le saliera algo, también, más digerible.
Puede que él volviera a decir «no» a todo, en su gran frase, que se comenta dentro de su ausencia de declaraciones: «Llegué al final demasiado pronto».
Mientras eso ocurría, otros arrancaban su locomotora creativa: Trueba o Almodóvar, por ejemplo. Y ahí siguen. Pero él, que ya había hecho otro filme: Un dos, tres, al escondite inglés, y varios cortos, cerró el grifo y apenas se le vio. Y su aureola, en aquellos finales de los 80, crecía mientras su figura desaparecía voluntariamente. Y dejaba la imagen de ese José Sirgado, interpretado por Eusebio Poncela, o esa Ana, en la figura de Cecilia Rot.
Alguien dirá: ¿Y de sus adicciones? De eso sí que se había hablado por activa y por pasiva (el morbo es insaciable) en estas tres décadas que separan Arrebato de la muerte de Iván Zulueta. Por cierto, entre medias, y a modo de homenaje, un bar del mismo nombre abrió en Madrid regentado por leoneses, Jose Garabatos (otro bar de León), en concreto, y después Julio Patiño. Era en la calle Fomento, un lugar para jugar al pop.