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León

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La Historia de Castilla también es conocida a través de esos mismos documentos medievales. Éste es un resumen:

Las tierras de Castilla fueron reconquistadas por los Reyes asturianos y leoneses que las unieron al reino astur primero y luego al Reino de León. Castilla fue durante siglos un condado leonés, lo que hoy llamaríamos una provincia leonesa. El conde de Castilla, Fernando I, luego Rey de León, elevó el condado de Castilla a la categoría de Reino, pero siempre subordinado al superior, el Reino de León. El propio Fernando I firmaba los documentos como Rey de León. Solamente, cuando firmaba documentos en territorio castellano firmaba como Rey de León en primer lugar y después como Rey de Castilla.

El primer Rey efectivo de Castilla fue Sancho II, hijo de Fernando I. Sancho, a pesar de llevar el sobrenombre de Bravo jamás se enfrentó al enemigo invasor, a los musulmanes. Su ambición le llevó a atacar primero a los Reinos de Navarra y de Aragón, quienes le derrotaron en toda línea. Después de la muerte de su madre, la Reina Sancha, atacó al Rey de León, Alfonso VI, a quien pilló desprevenido porque no podía esperar el ataque de su hermano. Posteriormente volvió a atacar a Alfonso VI y fue derrotado, pero un exceso de confianza de Alfonso VI permitió a Sancho coger prisionero a su hermano. Posteriormente Sancho, incapaz de dominar su ambición, fue muerto a las puertas de Zamora. Esta es la auténtica historia de Sancho II, el llamado Bravo, cuando debiera ser llamado el Ambicioso.

A la muerte de Sancho II, Castilla pasó a ser nuevamente parte del territorio del Reino de León hasta la muerte de Alfonso VII, que dividió el Imperio Leonés en tres partes: León, Castilla y Portugal, tres reinos completamente independientes entre si. El Rey de Castilla fue Sancho III, que reinó poco más de un año después de coronarse Rey. No se le conoce ningún enfrentamiento con el enemigo invasor, pero sí un ataque al Reino de León, llegando hasta Sahagún. Fernando II, rey de León, supo apaciguar muy diplomaticamente al Rey castellano y hacer un pacto amistoso con él.

A Sancho III le sucedió su hijo, Alfonso VIII. Este Rey castellano ha recibido las mayores alabanzas de los historiadores, de ahí el sobrenombre de El Noble. Esta es su historia. Lo primero que hizo Alfonso VIII no fue atacar al enemigo invasor, sino, como de costumbre, atacar al Reino leonés, aprovechando la subida al Trono de León de un jovencito llamado Alfonso IX, llegando hasta Valencia de Don Juan. Alfonso VIII fue el primer Rey castellano que se atrevió a atacar él solito con tropas castellanas a los musulmanes, pagando muy cara su osadía con la derrota más vergonzosa de toda la Reconquista. La derrota de Alarcos costó a Castilla la enorme cifra de 30.000 muertos.

La victoria en la batalla de las Navas de Tolosa le cubrió de gloria. Esa batalla está considerada por los historiadores como la gran batalla de toda la Reconquista, la gran victoria de Castilla. Sin embargo, hay que matizar algunas cosas. Esa batalla no la ganó Castilla sola, fue una auténtica cruzada de todas las fuerzas cristianas y algunas europeas, especialmente francesas, que se añadieron a la cruzada. Esa victoria ha sido muy engrandecida, cuando no lo fue tanto como se dice. Se habla de casi 300.000 bajas musulmanas entre muertos y prisioneros, cifra imposible para aquellos tiempos. Prueba de ello, es que Alfonso VIII, envalentonado por la victoria, quiso reconquistar la ciudad de Baeza y fue derrotado otra vez vergonzosamente por los «restos» del ejército musulmán después de su derrota en Navas de Tolosa. A Alfonso VIII le sucedió su hijo Enrique I que era un niño y que murió a los 15 años.

Estos datos, rigurosamente ciertos, demuestran que Castilla, por sí sola, no reconquistó un solo metro cuadrado del territorio español en poder de los musulmanes, ni obtuvo nunca una sola victoria militar. Y esa es la Castilla que muchos historiadores nos quieren hacer ver como la creadora de España.

A Enrique I le sucedió en el Trono de Castilla su sobrino Fernando III quien, deseando emular a su padre Alfonso IX, Rey de León, atacó a los musulmanes infructuosamente. Hay un dato muy significativo que olvidan casi todos los historiadores. Fernando III no fue capaz de recuperar un solo metro cuadrado, siendo solamente Rey de Castilla. Su primera conquista fue la ciudad de Trujillo el año 1232, dos años después de haber sido coronado Rey de León a la muerte de su padre Alfonso IX. Luego llegaron las victorias en cadena, Jaén, Córdoba, Sevilla, Murcia y otras, pero siempre después de ser coronado Rey de León, es decir, gracias a la intervención de las tropas leonesas. Todos los Reyes posteriores a Fernando III hasta Isabel I fueron Reyes de varios reinos todos ellos plenamente independientes entre si aunque los historiadores nos quieran hacer ver lo contrario, que todo era Castilla.

Llegados a este punto, la pregunta se hace inevitable. ¿Cómo es posible que todavía alguien puede afirmar que Castilla fundó España? Y, si lo afirman tan tajantemente, ¿de dónde viene la manipulación de la historia? ¿cuándo, cómo y dónde empezó la manipulación?

Hay datos más que suficientes que demuestran el cuándo, el cómo y el dónde. Fue ya en el siglo XII cuando comenzó el período de las falsificaciones de la historia. en los monasterios de Castilla. Los centros eclesiásticos eran los únicos que fabricaron y conservaron los archivos medievales. Con la llegada de la Orden del Cluny a España se impuso la obligación de tener una escritura que acreditase la propiedad de los bienes. Los monasterios castellanos «fabrican» documentos que acreditaban la propiedad de los bienes desde tiempos antiguos sin que nada ni nadie pudiese contradecirlos.

Estos documentos fabricados en los monasterios castellanos para justificar las propiedades, sirvieron también para ensalzar a ciertas personas como a los condes y Reyes de Castilla y para difamar o desprestigiar a los Reyes de León. Son los famosos cantos de Gesta, las leyendas castellanas. Estos documentos ya no existen. Lo que ha llegado hasta nuestros días son copias de copias, siendo en su mayor parte falsos, pero han sido la base para fabricar la Historia de Castilla y la Historia de España.

Estas falsificaciones hechas por los monasterios de Castilla para legitimar propiedades o ensalzar condes y reyes castellanos en la Edad Media, debido al analfabetismo y a la falta de medios de los ciudadanos y a la falta de inspecciones administrativas, han sido aceptadas y confirmadas por la Administración casi siempre por ignorancia.

El historiador más importante que utilizó estos documentos fabricados en los monasterios de Castilla fue Don Rodrigo Jiménez de Rada, quien los utilizó a su antojo, manipulando los datos auténticos e inventando otros nuevos de tal manera que ocultó al Reino de León como si nunca hubiera existido. Las crónicas escritas por Jiménez de Rada fueron consultadas y continuadas por el Rey Alfonso X. En los tiempos modernos, empezando por el historiador Ambrosio de Morales, continuando por Modesto Lafuente y ya en el siglo pasado por Justo Pérez de Urbel, la mayor parte de los historiadores han dado por auténticos todos los Cantos de Gesta y leyendas castellanas y con estas falsificaciones se ha escrito la Historia de España. Ultimamente no han faltado historiadores que han demostrado que la casi totalidad de esas leyendas castellanas son todas apócrifas, escritas en tiempos posteriores a los hechos relatados. No tiene una explicación lógica que Castilla se lleve toda la gloria de la creación de España cuando por si sola no fue capaz de reconquistar un solo metro cuadrado a los invasores ni adjudicarse una sola victoria contra el enemigo común. Esto no quiere decir que Castilla no hiciera todo lo posible, según sus posibilidades, para echar a los enemigos de España. Todos los demás reinos lo hicieron. Y sin embargo el Reino de León, que reconquistó por si solo más de la mitad de todo el territorio español, haya quedado en el olvido como si nunca hubiera existido

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Sería deseable que este año 2010, cuando se cumplen los 1100 años del Reino de León, los historiadores, especialmente los catedráticos leoneses, hicieran una limpieza de todas esas manipulaciones, algunas son auténticas barbaridades, y hacer brillar la verdad, una verdad que pondría a cada reino en su sitio y que, sin lugar a dudas, elevaría el prestigio y la gloria del Reino de León hasta el lugar que le corresponde: ser considerado lo que fue, el fundador de España.