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León

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El torreón de Turienzo constituía la torre del homenaje de una fortaleza amurallada. Algunas fuentes documentales aseguran la existencia en la zona de un castillo ya en el año 937, pero lo que parece claro es que en el siglo XV el edificio fue objeto de la última transformación arquitectónica. Del siglo XIV datan las ventanas con sus apoyos y el cordón de piedra que abraza la torre. La edificación estaba dotada de amplias murallas y su plaza de armas fue la de la propia localidad.

La fortaleza, considerada templaria, tenía dos misiones: la protección de los peregrinos en su trayecto hacia Santiago por el Camino Gallego y ser lugar idóneo para la búsqueda del conocimiento. Como otras casas del temple estaba próxima a restos de yacimientos auríferos, como la laguna Cernea y Las Médulas.

El conde de Cabra dice tener constancia de que el rey Fernando II de León entregó en 1178 a la Orden del Temple ciertas posesiones que defendían el Camino de Santiago, «con seguridad la fortaleza de Turienzo, ya que los templarios tenían bajo su vigilancia el territorio que abarcaba la Maragatería, el Bierzo y los Montes de León». Así, el torreón presenta la T o la Tau (griega) templaria, utilizada en la denominación de la propia localidad. La familia sostiene que la denominación «de los Caballeros» de la villa podría aludir a los caballeros templarios. El torreón ha llegado a aparecer en ediciones del juego de la oca vinculadas al Camino de Santiago, pasatiempo también relacionado con la Orden del Temple. «Cuando expulsaron a los templarios del territorio, estas propiedades pasaron al obispo de Astorga, que al casar a su hija le entregó toda la Somoza y creó el señorío de Turienzo de los Caballeros, que tenía jurisdicción civil y criminal», explica López de Becerra de Solé.

La bandera desplegada en lo alto del torreón indica que los condes están en su residencia veraniega. «Es la de la batalla de Clavijo», señala el conde de Cabra, en referencia al estandarte que portó Luis Osorio u Osórez, alférez del rey Ramiro I en la contienda del mismo nombre (siglo IX) contra el emir de Córdoba, Abderrramán, que había exigido el pago anual del tributo de las cien doncellas al que se había comprometido el rey Mauregato. «Has luchado en la batalla como lobos», dicen que dijo el rey a Osorio al ofrecerle su nuevo escudo, con dos lobos ensangrentados.

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