«Según están las cosas, divertir haciendo cine ya es un éxito»

El cineasta manchego vuelve siete años después con una especie de secuela de «El oro de Moscú» para la que tira de amigos

León

Creado:

Actualizado:

Ahora ya queda claro que al menos hay tres Jesús Bonilla (Pueblanueva, Toledo, 1955). Por supuesto, la persona, que es un tipo con aspecto tímido y despistado, con mirada llena de sorna y discurso de retranca. Que se apeó de Químicas para dar paso a Arte Dramático.

Luego están sus personajes, que suelen resultar seres desastrados. Cómicos y un tanto entrañables. Y, por último, es en la figura de director de cine, en donde se reúnen sus principales inquietudes y virtudes, y que son coherentes con todo lo anterior. Ahora dirige, además de haber creado como impulsor y coautor, La daga de Rasputín, algo así como una secuela de El oro de Moscú, aquella que presentó hace siete años y convirtió en un éxito de taquilla hasta el punto de que durante varias semanas fue el filme español más visto de la historia. Bonilla ve cine en donde otros solo ven un gag. Y le sale una comedia para divertir a base de disparate, esperpento y mucha acción.

Aquel bruto Santiago de Los Serrano , el Popeye de Makinavaja , personajes en Belle Epoque o La niña de tus ojos, en Adios con el corazón o El mundo alrededor , incluida la participación en Torrente 2, hacen de Bonilla un actor popular, al que le obligan muchas veces a decir, por ejemplo, «yo no soy Santiago, mi personaje de Los Serrano, que era un cenutrio-¦», como explicación aparentemente innecesaria cuando la gente por la calle le quiere tanto que mezcla realidad y ficción.

Dicen que eso le pasa, como a otros afortunados, por meterse en el salón de casas ajenas en prime time. Y él, por ejemplo, con Los Serrano alcanzó cifras de casi siete millones de espectadores. Pero La daga de Rasputín es otra historia, cine para divertir, marca de la casa, en la que Jesús Bonilla tira de amigos como Antonio Resines, Antonio Molero, o Carolina Bang, entre otros, para componer una loca aventura, en la que Bonilla-Papeles sería una especie de Indiana Jones de los bajos fondos. Este actor que iba para químico, y que lo dejó por el arte dramático, que disfruta con un libro de historia, quiere así contar las desventuras de unos personajes que perfectamente podrían pertenecer al neorrealismo español del siglo XXI.

-”¿Dónde hay que ubicar «La daga de Rasputín»? ¿Proyecto pretencioso o divertimento?

-”Cuando haces un trabajo, ya sea de director, de actor o lo que sea, tienes que hacerlo lo mejor posible. La daga de Rasputín es una película de humor y así hay que verla. Lo que me gustaría es que fuera mucha gente a verla y que tuviera una buena acogida. Y que divirtiera. Tal y como están las cosas, divertir haciendo cine ya es un éxito.

-”¿Le preocupa lo que opine la crítica, tan poco proclive a defender proyectos que se salgan de cierta pretendida intelectualidad?

-”No. Me fastidia que luego lleguen comedias americanas, que son un mierda, y que las pongan bien. Aunque sean una grosería.

-”Ya que quiere divertir, ¿se lo pasó bien trabajando con colegas como Resines o Molero? ¿Cómo fue ese trabajo?

-”Trabajar con ellos es trabajar con amigos. Y tiene la ventaja de que al conocernos, sabemos rápidamente qué es lo que necesitamos. Pero de divertirme nada. Yo lo paso fatal. Hasta que no acabó el rodaje no respiré tranquilo.

-”¿Cuál fue ese planteamiento para crear la película?

-”Yo intento que mis comedias sean realistas. Que mis personajes sean como los que te puedes encontrar en la calle pero que se desarrollen en una historia inverosímil. A partir de ahí tenemos unos personajes a los que les pasan cosas límite. Y luego el objetivo es conseguir crear historias que hagan reír.

-”Son personajes poco afortunados, carne de cañón-¦

-”Sí. Esa es la parodia. Que esos personajes quieran vencer a poderes en la sombra, ocultos, y hacerse con la daga que les va a convertir en amos del mundo. Por eso hay un contraste que hacemos con las películas de Indiana Jones. Aquí son todo lo contrario a esos héroes. Luego, por otra parte, me apetecía hacer una película en la que hubiera mucho neorrealismo, en las situaciones, en los personajes-¦

-”¿Por qué le gusta tanto recrear a su manera la antigua URSS, o lo que era el otro lado del telón de acero?

-”Me gusta la historia. Y me gusta leer libros que cuentan cómo era el mundo. Aunque esta película quiere divertir, también puede despertar la curiosidad en los más jóvenes sobre cómo era aquel mundo en el que el comunismo lo abarcaba todo.

-”Rodaron en la plaza Roja de Moscú. Eso sí que es hacer historia.

-”Pues sí, porque hemos sido los primeros en rodar en la plaza Roja de Moscú. Con incertidumbre, porque estuvimos cuatro horas esperando para saber si podríamos. Había muchos turistas, y se portaron fenomenal con nosotros. Nos hacían espacio para poder rodar. Y, por cierto, había españoles que se acercaban a saludarnos. Además, como estaba Obama por allí, aprovechamos para rodar detrás de la comitiva. Las calles se quedaban vacías de coches.

-”¿Aspira al taquillazo que en su día fue «El oro de Moscú»?

Cargando contenidos...

-”Las cosas no están como antes-¦ Aspiro a no ser un taquillazo en el top manta.