El mundo árabe, los árabes

Los especialistas huyen del estereotipo que creó para la zona Lawrence de Arabia Hace ya tiempo que los especialistas no hablan, sin más y como un todo homogéneo, del mundo árabe o, incluso, los árabes. El estereotipo que fijó genialmente Lawre

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enrique vázquez
León

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Arabia fue, históricamente, el hogar de los árabes y la sede material de la predicación del profeta Muhammad (570-632). Si el profeta volviera al mundo, además de sorprenderse por el éxito extraordinario de su acción y la satisfacción de ver el Corán venerado desde Senegal hasta el sur de las Filipinas, no reconocería apenas el escenario de su hazaña. Los árabes se mezclaron rápidamente con los beréberes del norte de Africa que, por ejemplo, son los verdaderos invasores de España en 711: los jefes militares eran árabes, pero las tropas y los civiles que acarrearon pronto, no.

Para el gran Eugene Rogan, un arabista que oficia en Oxford, no se puede ya hablar de árabes, sino de sociedades árabes en las que, además de interpretaciones del mensaje religioso no necesariamente idénticas -”aunque todo el islam norteafricano es sunní-” y cada una es deudora, a día de hoy, de su propio proceso histórico, social, cultural y de sus sinsabores políticos, incluidos en primerísimo lugar sus periodos coloniales. Otro factor de diferenciación aún perceptible a la hora de entender bien las diferencias y ubicar correctamente los procesos político-socio-institucionales de los países es el de saber si en su día fueron o no parte del imperio otomano, cuya duración, éxito y autoridad dejó asimismo una gran huella.

Así pues, el efecto contagio que parece desprenderse del cambio en Túnez en enero -”el presidente-dictador Ben Alí huyó del país, en plena sublevación-” y que ha alcanzado un éxito impresionante en Egipto -”renuncia del presidente Mubarak-” debe ser insertado hasta donde se pueda en las coordenadas propias de cada estado. Aunque en todos se dé, en mayor o menor grado, un movimiento pro-democrático desde una renovada defensa de la autonomía personal y el rechazo a la autoridad patriarcal impuesta desde una doble y ahora agrietada argumentación de tono confesional y de adhesión a un modelo cultural.

Del Atlántico al Golfo

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Se merece una anotación breve Mauritania, que no es un país árabe en el sentido antropológico de la palabra, pero sí es miembro de la Liga Arabe, con sede en El Cairo y algunos de cuyos representantes o intelectuales se molestan un poco si se les pregunta al respecto. Hoy disponen, tras un periodo de turbulencias que incluyeron un golpe de estado, de un gobierno elegido y, aparentemente, el parlamento funciona con normalidad y hay un cierto y estable consenso en mantener el proceso electoral genuino como medio de hacer política. Mauritania, por lo demás, es un país de muy poco peso y escasamente poblado -”dos millones de habitantes-” en un confín geográfico de resonancias africanas. En este análisis se pretende dar un vistazo de la situación de los estados árabes en el inicio del siglo XXI.