CANTO RODADO
mucha cuna y poco concejo
el título de cuna del parlamentarismo para león es una pompa fúnebre. en el siglo XXi. interesa la participación real, la ciudad de las personas prometida por fernández
C uando Alfonso IX reunió en 1188 a la Curia Regia Extraordinaria en el claustro de San Isidoro, el pueblo no estaba invitado. Los cives estaban a la puerta indignados por los impuestos, la inseguridad y otros problemas. Y el rey hizo un gesto memorable. Mandó entrar a algún habitante del burgo y lo hizo, posiblemente, el más espabilado o el que mejor hablaba.
Por tanto, no fue voluntad del rey convocar al pueblo llano pero aprovechó políticamente la situación e instituyó la presencia de ciudadanos en las curias. Así lo cuenta Fernando de Arvizu en El último rey de León , de Alejandro Suárez. Su estreno, durante el festival de Cine y Televisión Reino de León, fue una tosca emulación de la histórica curia.
Mientras nobles y clérigos, o sea políticos y personal invitado, entraban por la puerta de atrás, al pueblo llano se le mandó hacer cola y esperar hasta ver cuántos sitios quedaban libres para rellenar. Las invitaciones se repartieron quién sabe dónde y fue tal la desorganización que hasta gente con invitación se quedó fuera. Todo por no informar debidamente de dónde, cuándo y cómo se recogían las invitaciones. Y de que había que ir con papeleta.
Se deshizo en disculpas el coordinador del festival, Tomás Martínez, quien amenazó con suspender el estreno si el «pueblo» no cesaba los abucheos. Javier Chamorro, el vicealcalde, se apuntó el bochornoso espectáculo como un exitazo. Lamentable. Y se le llenó la boca con el título de Cuna del Parlamentarismo que concedió la Junta de Castilla y León a la ciudad como colofón al 1.100 aniversario del Reino de León.
Este título sólo tiene sentido si sirve de acicate para que León sea santo y seña en participación ciudadana. La pompa se la pueden reservar para presumir de leonesismo, ahora que el PSOE lo intenta fagocitar con abrazos y parabienes.
La democracia, en el siglo XXI, tiene que ser más que un concepto filosófico, al que tantas vueltas da El último rey de León , o una añoranza de la polis griega, de la que esclavos, mujeres y extranjeros estaban excluidos. La democracia es más que votar cada cuatro años. Es significativo que las opiniones que aporta el alumnado del Instituto Padre Isla al debate que prepara para el documental sobre la democracia se recogen en el patio y están prácticamente ausentes en el aula. Mucho ruido y pocas nueces.
Como dice Noam Chomsky, «una sociedad es democrática en la medida en que sus ciudadanos -”y ciudadanas-” desempeñan un papel significativo en la gestión de los asuntos públicos». Paco Fernández ha tenido cuatro preciosos años para crear canales de participación ciudadana. Y un concejal dedicado a esta tarea que se ha enfrentado como
Los consejos sociales de barrio, cuyo germen es el de Mariano Andrés, surgido del vivo movimiento vecinal que tuvo, así como los consejos de inmigración, mujer, cooperación, son las únicas vías de participación abiertas. Fragmentadas y bien controladas. El urbanismo, la movilidad, el medio ambiente, los presupuestos, los gastos... han sido ajenos a la participación ciudadana. Ahora quiere un programa electoral participativo con el expeditivo método de traíganme sus ideas que yo las vendo para que usted me vote . Demasiado oportunista y mercantilista. Tarde, mal y nunca.
Lástima de cuna, tan pomposa ella, para tan poco concejo, tan humilde y práctico. Las políticas de participación, que son un índice del verdadero desarrollo democrático, requieren vías, recursos y acciones concretas. Al alcalde y al equipo que le rodea le vendría bien un repaso del ciclo Pensar la Ciudad, de la Fundación Jesús Pereda de Comisiones Obreras, que va por su tercera edición. Y mirar las experiencias que ya se llevan a cabo en otros municipios españoles y en otros países si de verdad, de verdad, quiere construir la ciudad de las personas. Esa que prometió hace cuatro años.