Diario de León

Valporquero

El sifón de la covona

El Profesor Onésimo gonzález recopila los datos de la 'conquista' hace medio siglo de la unión entre la covona y el sistema de cuevas de Valporquero

Imagen de archivo de un simulacro de salvamento en la zona de La Covona.

Imagen de archivo de un simulacro de salvamento en la zona de La Covona.

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La especie humana se ha caracterizado por tratar de conocer todo lo que existe más allá de lo que tiene enfrente y percibe por los sentido. «Acá», el presente. «Allá», el futuro. ¿Quién comenzó la exploración de las Cuevas de Valporquero? Los primeros explotadores buscarían el «más allá»... En la cueva la constancia humana en el tiempo no existe. Restos antiquísimos, hasta ahora, no han aparecido. Lo constatado se remonta a las dataciones del pueblo que, pudo tener origen en la cultura castreña. Dejemos paso a otros estudiosos. Tratemos de comunicar aquello que hemos visto, oído, gustado, olido y tocado.

La historia, más o menos reciente, de las exploraciones en la Cueva de Valporquero y afines al sistema, Valporquero-Covona, se realizó en cuatro fases diferenciadas.

Una primera en la que los mozos de Valporquero, especialmente Isidoro, Juan, Salvador, Higinio, Pedro, Tomás, Pepe, Eduardo, y algunos de Felmín (David y Avelino) exploran: Gran rotonda, Salas de la Izquierda (de la Virgen), Gran vía, entrada al Curso del Agua, Columna Solitaria y -posiblemente- hasta la colada que asciende a la Sala de las Maravillas.

En la segunda espeleólogos del Grupo Peñalba del Casino de León junto a los del Bancobao y alumnos del Instituto Padre Isla (los vecinos se integraban en las expediciones) exploran el curso del Agua, Sala de las Maravillas, la Gran Cascada, la Covona y su sifón.

Durante la tercera se enlaza la Gran Cascada con el sifón de La Covona (día 20 de agosto de 1961). Desde el evento las exploraciones se intensifican: Sil de las Cabras. Segunda y tercera exploración de La Covona. Pozo Graíl (segunda), Cueva de la Virgen, Cueva del Arbolario. Pozo del Maestro. La Fontana. Cueva de Los Molinos (El Naranco).

En la cuarta, la espeleología se proyecta al exterior. La expedición anglo-española Graíl y Marqués 65 da paso a otras nacionales e internacionales. Equipos y técnicas mejoran. Gracias a la «modernización» se descubre y explota la Sima de las Perlas.

La Travesía y exploraciones parciales en el Pozo del Infierno, Cueva del Valle del Marqués, Cueva del Rubio, Cueva del Silencio en Vegacervera, Cueva de las Lendreras y Tibi Gracias en Valdelugueros, Pozo Mando, Cueva Barrio y La Cuevona en Valdehuesa, Cueva del Moro en Cordiñanes... potencia la práctica de la espeleología en León surgiendo diversos grupos: Espeleoje, GEM, CAR, Catoute, Collalampa...

De la segunda vamos a intentar reconstruir, por su curiosidad, el descubrimiento y travesía del Sifón de la Covona.

Desde Valporquero desciende una senda entre praderas y terrenos de centenal festoneados, en algunas lindes, por avellanos y matas de grosella. Ésta, que en un principio desciende, comienza a tomar altura hasta el alto de la Manrrosa donde enlaza con la Senda del Fontín. La vegetación cambia. Aparece un impresionante hayedo. En el suelo, escobas y brezos se entremezclan con helechos. Es frecuente encontrar matas de zarzamoras y fresas silvestres.

Pasada la Cueva del Arbolario (salida fósil del sistema) la senda deriva hacia la izquierda y desciende paralela al corte que da vistas al valle de Felmín. Aparecen dos caminos: uno, la senda de las Cebaicas, con fuerte pendiente que, tras atravesar un puente natural sobre el arroyo del Naranco nos conduce hasta Felmín. El otro, camino el Ferrero, enlaza nuevamente con la senda El Fontín. Tras unos 200 metros existe una bella campa desde la que se divisan: al frente el tajo del Torío, a la izquierda el pueblo de Felmín con sus praderas, a la derecha muy abajo la garganta de La Forgoguera y en ella se abre, majestuosa, con fuerte ruido de agua, La Covona.

Vista desde la carretera, a la salida de las Hoces, en la curva del Calero, es una enorme oquedad de la que mana una impresionante cascada espectacular en los deshielos primaverales.

La gruta, de respetables proporciones, es la salida de la cueva de Valporquero. Nunca existió duda: la presencia de restos de ladrillos fuertemente erosionados por la acción del agua, tablas, algunas con clavos oxidados, indicaban claramente su origen: Al entrar, lo primero que llama la atención es el río que surge al final. Por esos años y algunos posteriores tenía truchas. (David y Avelino lo habían repoblado portando, desde Felmín, en garrafones, bastante alevines).

El agua emerge a la derecha a partir de una bóveda sifonada. La cueva parece terminar: a la izquierda arcillas y cantos rodados, y al frente, una pared. La comunicación se intentó con una motobomba, cedida por Piva Motor, para achicar el agua. Intento vano. Se deseca un sifón y aparece otro-¦

En esa ocasión la abundancia del agua extraída enlodada como consecuencia de la motobomba con sus mangueras, dio paso a la nula potable. El abastecimiento obligó a colocar vasos, botes, latas, en múltiples lugares de goteo. Algunos espeleólogos, aparte de sed, se quejaron de frío motivado por «extrañas corriente de aire».

Meses después se descubre su procedencia: al fondo, a media parece, aparece una chimenea. Alcanzarla escalando, sin técnica y medios, era imposible (por aquellos tiempos técnica y medios se suplían con ingenio y coraje). ¿No se había conseguido traer un motor con sus mangueras, bote neumático, cuerdas, escalas-¦? Por esa misma razón se podía traer un largo y grueso tronco desde el bosque próximo. Transportado es instalado haciéndole coincidir con el comienzo de la chimenea.

El amigo Pablo Calvo (año 60), hombre curtido en mil y una lides, de estatura medida, fuerte, recio, decidido, capaz de vencer cualquier dificultad, nada se le ponía por delante, nos contó cómo fue aquella travesía: «Trepamos a lo largo del tronco hasta alcanzar la base de la chimenea. El viento, que antes se esparcía por toda la cavidad, apagó las luces de los carbureros. Tomamos una linterna y observamos unos nueve metros de gatera ascendente, casi vertical. Su estrechez nos permitía ascender encajando espalda, codos y pies. El viento azotaba nuestras ropas produciendo un ronco sonido. Dos metros antes de la cumbre el viento disminuyó su intensidad. En esta redobló su fuerza. Bajo nosotros, se abría otro pozo vertical. Metimos una clavija y fijamos una cuerda. Tras empotrar la espalda en una pared y los pies en la otra, descendimos hasta una rampa inclinada, muy resbaladiza, que descendía a un estancamiento de agua. De suelo a techo poco más de 70 centímetros».

Aunque no se descarta otra salida este sifón desecado constituye la única salida del sistema Valporquero-Covona. El fuerte tiro del aire alcanza, en algunas ocasiones, más de 40 kilómetros por hora.

«La comunicación que buscábamos tenía que estar al otro lado. Me metí en el agua que llegaba hasta los muslos. Pasé la linterna entre ellos y la cabeza, con el cuerpo tan inclinado que llegó a los hombros. Al otro lado se abría otro tubo vertical más amplio que los anteriores».

Destacamos que el equipo para el agua de los pioneros consistía en mono normal, linterna, carburero y botas de agua, llenas como era frecuente dificultaban los movimientos.

Agua más frío más viento, igual a doble frío-¦ La travesía, que ahora se efectúa en pocos minutos, ocupó más de dos horas sin contar con la elección, transporte y colocación del, hasta hace poco, «histórico tronco».

«Llegaron los compañeros. Comenzamos el ascenso. Dos o tres metros y zas, otras vez al agua-¦. Comenzamos nuevamente. Centímetro a centímetro, metro a metro, fuimos ganando altura. Casi en la cúspide descubrimos un conducto horizontal por el que surgía el viento. Al final, unos seis o siete metros por debajo, se abría una sala de proporciones espectaculares. Habíamos conseguido enlazar La Covona con el resto del complejo».

Esta sala, a la que dieron el nombre de Sala de las Perlas, (abundaban las pisolitas o perlas de cavernas) es una de las mayores de la cueva de Valporquero. Espectacular en dimensiones y belleza. Luces de carbureros y linternas no son suficiente para definirlas. Por ella discurre el río subterráneo, en su tramo final, desde la cascada de la Dificultad hasta el sifón que emerge al otro lado de la pared en La Covona.

El descubrimiento permitió la primera travesía. De no haber sido así ésta se hubiese demorado muchos años. Descender desde la entrada y efectuar el «curso de aguas» no hubiese supuesto encontrar la salida. ¿Qué es «una aguja en un pajar»...?

En más de una ocasión los guías de la Diputación han tenido que organizar rescates de espeleólogos que quedaron bloqueados al no encontrar la chimenea.

La espeleología es un deporte de equipo. Pablo Calvo no hubiese realizado el descubrimiento sin Eduardo, Teófilo, Germán, Luis, Manuel, Frik, Isidoro, Mella, Vicente, Genoroso, Salvador, Jesús, Miguel, Amancio, Miguel A.,... Ellos y algún otro perdido en la memoria formaron uno de los mejores equipos de la espeleología española. Desde aquí, a los presentes y a los desgraciadamente ausentes, nuestro homenaje. Vuestros trabajos y los realizados por los sucesores de distintos grupos espeleológicos provinciales, nacionales e internacionales han dado lugar a ensalzar esa maravilla natural abierta para deleite de todos: la cueva de Valporquero.

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