DÍAS DE VERANO

La otra cara del río

Las riberas de los ríos, lagos y pantanos de la provincia son una perfecta alternativa a la playa y las piscinas para mantenerse alejado del calor este verano

Dos mujeres toman el sol mientras un niño se da un chapuzón en la playa fluvial de Quintanilla de Sollamas.

Publicado por
Bárbara Sánchez
León

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Cuando el verano llega a León y las temperaturas comienzan a subir, combatir el calor se convierte casi en una necesidad. Las opciones de ocio en la época estival suelen reducirse a la playa y, para aquellos que no tienen la suerte de poder escaparse a la costa, las piscinas. Pero ríos, lagos y pantanos pueden ser una gran alternativa a la arena abarrotada de sombrillas y a las largas colas de las piscinas municipales.

El paisaje de León ofrece multitud de oportunidades para refrescarse y disfrutar de una jornada de baño en sus ríos, pero también en sus lagos y pantanos. En contra de lo que pudiera parecer, las playas fluviales no son simplemente zonas en las que la ribera del río ha sido acondicionada para que el baño resulte más cómodo. Dependiendo del lugar, es posible encontrarse con verdaderas ‘piscinas’ de agua dulce, con la profundidad suficiente para disfrutar de un buen baño. Pero no sólo eso. El entorno de las playas fluviales ofrece también alternativas para completar la diversión: amplias zonas de césped para disfrutar del sol, merenderos, bares y restaurantes e, incluso, instalaciones deportivas de todo tipo.

Cinco son las zonas de baño en la provincia que figuran este verano en el censo oficial de la Junta de Castilla y León: el Lago de Carucedo y el río Boeza a su paso por la localidad de Igüeña, ambas en El Bierzo, y las playas fluviales de Cimanes del Tejar, Llamas de la Ribera y Quintanilla de Sollamas, todas ellas en la ribera del río Órbigo. La Junta ha reducido esta temporada el catálogo de las zonas calificadas como «autorizadas para el baño»; de la lista del año pasado, se caen el embalse de Riaño, la zona de baño de Las Viescas, también en Riaño, y la playa fluvial de Alcoba de la Ribera, en el municipio de Cimanes del Tejar.

Estas zonas de baño gozan de gran popularidad entre los vecinos, incluso en días de diario. Pero son los fines de semana cuando las orillas de ríos y lagos se llenan de bañistas. «Entre semana, la gente que viene a la playa es del pueblo», aseguran en el Ayuntamiento de Igüeña, «pero los fines de semana también vienen de pueblos vecinos a bañarse». A bañarse, a disfrutar del sol, pero también a hacer deporte. Por ejemplo, además de los habituales merenderos a la orilla del río, en Llamas de la Ribera tienen hasta un campo de minigolf.

Sin embargo, algunos ayuntamientos señalan un descenso de bañistas con respecto al verano anterior. «El año pasado podíamos tener hasta 3.000 personas un domingo», afirman en Cimanes del Tejar, cuyo ayuntamiento apunta a la «crisis» como la posible culpable. En Llamas de la Ribera también han notado este verano «menos gente» en las dos playas fluviales ubicadas en su municipio, pero lo achacan al «mal tiempo» de un mes de julio que ha resultado ser el más fresco de los últimos diez años.

Zonas autorizadas para el baño

La calificación que otorga la Junta como «zona autorizada para el baño» tiene vigencia durante toda la temporada de baño, que comienza el 15 de junio y finaliza el 15 de septiembre. Esta autorización implica que la playa fluvial, lago o embalse se catalogará en el censo oficial de zonas de baño que elabora la Junta y que estos emplazamientos deberán someterse a un doble control administrativo durante la temporada de baño: inspecciones oculares —para valorar la transparencia del agua y la existencia de contaminación, así como localizar materias flotantes, restos orgánicos o cualquier otro tipo de residuos— y la toma de muestras periódicas de agua, que normalmente se realizan cada semana o cada quince días. Además, es preciso tomar una primera muestra, dos semanas antes del inicio de la temporada de baño.

El objetivo de estos controles periódicos —la norma autonómica exige que se tomen al menos ocho muestras durante el verano— es asegurar que la calidad y las condiciones higiénicas del agua sean en todo momento adecuadas para el baño. En función del resultado de las inspecciones, los ayuntamientos tienen el deber de informar en todo momento a los bañistas, mediante carteles indicadores, sobre si sus aguas son aptas para el baño.

Polémica por el control

«Legalizar» sus playas o lagos es el principal motivo por el que estos cuatro municipios que cuentan con el visto bueno administrativo optaron por solicitar la autorización de la Junta. Y aunque la razón parezca evidente, la pregunta es obligada cuando se comparan dos realidades: la administrativa, que solo cataloga y controla cinco zonas de baño, y la de la multitud de ríos, lagos y embalses de León que cuentan con una gran afluencia de público todos los veranos, pero que escapan a cualquier tipo de inspección.

Desde que en el año 2008 entrara en vigor la actual norma autonómica que regula la gestión de la calidad de las aguas de baño en la comunidad, la Junta cataloga las zonas que autoriza cada verano, dando así cumplimiento también a la normativa estatal. Además, al final de cada temporada de baño, publica un resumen con el resultado de las inspecciones realizadas. La provincia de León figura en el censo oficial desde el 2009 con siete zonas autorizadas que, el verano pasado, sumaron ocho. Este año, el catálogo no solo no se ha ampliado, sino que además se ha visto reducido a cinco zonas.

Desde Ecologistas en Acción, denuncian esta situación de descontrol y estiman que «tres de cada cuatro playas fluviales de la provincia funcionan sin control sanitario alguno». Este colectivo asegura que las zonas de baño más utilizadas en la provincia —mencionan las playas de Villafranca, Folgoso de la Ribera, La Vecilla y Villamanín, entre otras— escapan a todo tipo de inspección y que el problema latente que «nadie quiere abordar» es la «mala calidad de las aguas» de la provincia. Para ellos, la solución es fácil: solicitar la autorización a la Junta o, de lo contrario, si los municipios no están dispuestos a controlar sus aguas, prohibir el baño. El verano pasado escribieron varias cartas a diversos ayuntamientos de la provincia, pidiendo la inscripción de sus playas fluviales en el censo oficial; a pesar de su esfuerzo, ni siquiera obtuvieron respuesta. Señalan a los municipios como los principales responsables, pero también a la administración autonómica, por no «promover» la catalogación de las zonas de baño más utilizadas.

La Junta, sin embargo, insiste en que la responsabilidad de mantener las playas y lagos bajo control recae exclusivamente sobre los ayuntamientos y remite a la normativa autonómica, que indica que la competencia para solicitar las altas y las bajas en el censo oficial corresponde a los municipios.

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En cualquier caso, las cinco zonas autorizadas este verano ofrecen todas las garantías higiénicas para disfrutar del baño sin preocupaciones. Y con el encanto de disfrutar de un baño en las aguas del río, sin el desagradable olor del cloro y, desde luego, sin que nadie sacuda su toalla llena de arena a tu lado.