Diario de León

miguel ángel garcía

«Cantad, que aún es gratis»

«En estos pueblos se quemaron rabeles, gaitas... no se daban cuenta de que estaban tirando diez siglos de historia a la basura», dice. Y él los quiere recuperar

RAMIRO

RAMIRO

Publicado por
Emilio Gancedo
León

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La madre de una novia que tuvo ponía el grito en el cielo: «Ay, hija, minero y gaitero, ¡ese chico lo tiene todo!». Minero, sí, en la Hullera Vasco-Leonesa la mayor parte del tiempo, pero también aficionado a la música desde muy rapaz, cuando atrapaba al vuelo el más mínimo canto o tonada escuchada en Robles de la Valcueva, su pueblo, el muy guapo romance de La dama de Arintero entre ellos. Trabajando de firme en la mina se arrancó a comprar una gaita, que se la hizo un sanabrés que vivía en La Robla al más puro estilo rústico del norte zamorano (el fole estaba hecho con una llanta de camión) y con ella hizo «muchas horas hasta que me enteré de cómo iba aquello», dice. Con 25 años había entrado en la galería y con 39 una hernia discal le apartó de la bocamina. La solución al mucho tiempo libre, a una jubilación llegada antes de tiempo, fueron la gaita (luego compraría otras tres, incluso una escocesa, y su sonido se escucha no pocas veces en el Barrio Húmedo), el rabel y la zanfoña, esa caja medieval de vientre giratorio, tan sensible a cualquier cambio atmosférico, pero de tan cautivador e inquietante sonido.

«Maestros no tuve, todo fue a base de ‘hacer oído’ y de escuchar todas las grabaciones llegasen a mis manos». A fuerza de equivocarse, de imitar y de aprender, consiguió ser lo que es hoy: presencia ineludible en cuantos festivales de folk, rabeladas y citas con la música popular tienen lugar en León.

La gaita para el aire libre, el rabel para pequeños recintos —incluso iglesias, aunque los cantos para este instrumento abundan en temas pícaros y críticos con los curas y ‘fuerzas vivas’— y la zanfoña como instrumento que más le seduce son ahora sus compañeros de fatigas. «Yo no juego a la lotería, ¡si ya me tocó! Me dedico a lo que me gusta».

Son las canciones lentas, profundas, esas tan propias del norte leonés, las que con más gusto entona Miguel Ángel (tipo Esta noche ha llovido ), aunque dentro de su repertorio relumbra como ninguna el divertidísimo romance El elefante de Orzonaga . Pero, ¿qué diablos hacía un elefante en plena montaña leonesa? «Unos dicen que había un circo en León, bajaron algunos de Orzonaga a verlo y vinieron con la historia de que se había escapado un elefante, otros que si un niño había visto una fayona en el Faedo que parecía un elefante... el caso es que luego el Tío Faldas hilvanó la historia». «Eso ocurrió en 1928, y en 1929 fue lo de Genarín, así que vete a saber lo que pasó en León en aquellos años, habrían envenenado el agua o sabe Dios». De todas formas, Miguel Ángel defiende la existencia del elefante: «Si en Escocia tienen al monstruo del lago Ness, que nadie ha visto pero del que llevan viviendo desde hace 300 años, o el Yeti en el Himalaya, o el Bigfoot en las Rocosas, ¿por qué no un elefante en Orzonaga?».

El gaitero pide que la gente siga cantando, «¡que todavía es gratis!, los niños cuando voy a los colegios se asombran de la propia voz humana». «Canten a sus hijos o nietos, coño, que a lo mejor es lo que recuerdan de ustedes cuando sean mayores».

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