Al borde del abismo
La crispación continúa lacerando día tras día a los mercados financieros. No hay tregua. Sufren enormemente las bolsas, persiste la inestabilidad y la volatilidad en los mercados de divisas y de petróleo, mientras el oro, el mejor termómetro del miedo, no deja de marcar nuevos récords históricos. Por algo será. No hay muchas buenas referencias que cotizar. Pero alguna queda. Por ejemplo, que la prima de riesgo de los países periféricos europeos se ha reducido con cierta rapidez (aunque sigue en niveles preocupantemente elevados). Algo es algo. Además, tanto Portugal como España han conseguido salvar con cierta soltura sus últimas subastas de letras a corto plazo. Incluso con rentabilidades inferiores a las colocaciones anteriores. La prima de riesgo de España, el diferencial existente entre las obligaciones españolas a diez años y los bonos alemanes equivalentes, ha pasado en pocas semanas de niveles superiores a los 400 puntos básicos, hasta situarse por debajo de los 300. Es un buen síntoma.
Pero no es suficiente. Demasiado frágil. En las últimas horas varios reputados expertos han salido a la palestra para advertir sobre el riesgo que corre tanto el euro como la propia Unión Europea. El peligro existe, es real y cercano. Sigue ahí, agazapado, amenazando el futuro del Viejo Continente y poniendo en jaque la recuperación económica mundial.
Los analistas contemplan con gran desazón cómo se agota la munición sin que se consigan resultados duraderos. Con cada disparo errado se reduce el número de balas en la recámara... y los problemas de fondo siguen vivitos y coleando. Los mercados no se han tranquilizado ni con las intervenciones de Grecia, Irlanda y Portugal, ni con las nuevas medidas de recorte del gasto que han anunciado Gran Bretaña, España, Italia y Portugal, ni con la «cumbre» europea que se celebró a mediados de julio, ni con las reuniones entre Alemania y Francia, ni con la prohibición de las operaciones cortas en Bolsa para los valores del sector financiero, ni, dentro de casa, con el adelanto de las elecciones. Tampoco han tenido efectos balsámicos duraderos las compras de deuda europea que han realizado el BCE, junto con China y algunos emiratos árabes.
Europa va a la deriva. El miedo y el nerviosismo lo inundan todo. Una de las voces que se han alzado con fuerza es la de Jacques Delors. El peso de sus advertencias no puede caer en saco roto, porque Delors fue el primer presidente que tuvo la Comisión Europea y fue, de hecho, uno de los máximos impulsores de la moneda común. Casi, casi, el padre de la criatura.
Delors considera que las medidas que se están tomando son demasiado tibias en relación con la enorme gravedad del problema. De hecho, asegura que los políticos no son conscientes de lo cerca del abismo que se encuentra Europa.