Diario de León

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Liber...tad

Libertad se convirtió en María por obra y gracia de la iglesia tras la guerra civil; 75 años después la libertad de las mujeres rechina aún en los templos

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León

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Nació un año antes de la Guerra Civil y su padre, que era republicano, la llamó Libertad. Cuando hizo la primera comunión en la Iglesia le quitaron su nombre y se lo cambiaron por Amelia. Habían mudado los tiempos, los valores y hasta los gustos... La libertad estaba secuestrada; no estaba bien recordarla y menos aún en el rostro de una niña.

Nunca la llamaron Amelia. Con la guerra le acortaron el nombre, por si acaso, y se convirtió en Liber para siempre. La abreviatura sirvió de camuflaje para conservar su identidad. Con 19 años, Liber, así la conoció su novio, quiso casarse. Pero su nombre no existía y tampoco el nombre postizo con que taparon sus orígenes y las ideas de su padre de forma sacramental.

«O me arreglan los papeles, o me arrejunto», amenazó la joven en aquellos años cincuenta en los que España empezaba a despertar de la pesadilla. Y aparecieron los papeles. Encontraron con Liber y después Amelia era María (y aún es así en los papeles). Fue cuando se enteró de que a «las libertades nos pusieron María y a los hombres que llevaban nombres comunistas, les pusieron José», recuerda.

La participación y complicidad de la Iglesia en la represión franquista es un hecho constatado por la Historia. Pero la Iglesia no ha pedido perdón. Ni tampoco su santo padre que ahora pisa España con zapatos rojos para caminar sin estridencias, como flotando, sobre las alfombras rojas que le extienden en templos y palacios.

La represión fue más allá de las crueles muertes y torturas. Hubo una represión moral y social cuya onda expansiva todavía se siente en la escala de valores de este país que, según dicen los expertos, aún no ha digerido el largo silencio que todo lo tapó excepto el triunfo de los vencededores.

Las mujeres, desde las más rojas hasta las más afectas al régimen, fueron víctimas del nuevo orden de ideas e ideales que se instauró por la fuerza de las armas. Ahora la Iglesia dice que perdonará a las mujeres que han abortado de la pena de ex comunión siempre que muestren verdadero pesar. Hay que estar arrepentidas y demostrarlo. Faltaría más. Y agradecidas, ¿no?

La libertad de las mujeres es algo que no casa bien en la religión católica y en las demás tampoco (por más que los islamistas moderados insistan en que el Islam, y será verdad, no coloca a las mujeres en situación de inferioridad respecto a los hombres).

Cuando las mujeres osan tomar las riendas de su vida y de su cuerpo se anuncia el cataclismo, la víspera del apocalipsis. Sin embargo, son las mujeres las que sustentan la fe en la religiosidad popular, en la familia... y, cada vez más, en pueblos y comunidades que se ven privados de las misas por falta de curas. Las mujeres ofician la liturgia de la Palabra. Pero no pueden tomar la palabra. Las palabras mágicas de la consagración que la jerarquía eclesiástica reserva a los hombres. Pero los curas también son una especie en peligro de extinción.

Los tiempos han cambiado pero la iglesia católica sigue en sus trece plácidamente. La Jornada Mundial de la Juventud, perfectamente organizada durante dos años de trabajo, no ha dejado un resquicio a la pregunta del millón. ¿Cuándo les toca el turno a seglares y mujeres? Desde luego es algo que compete resolver a la propia iglesia, entendida no sólo como jerarquía sino como el conjunto de personas que profesan y propagan de una forma u otra su fe.

Pero debería interesar a una sociedad que financia sus centros educativos, sanitarios y sociales, que son muchos y muy importantes, y que además le perdona impuestos, sostiene y revaloriza su patrimonio. Y todo ello sin condiciones y con gran alarde social.

P. D. Liber nació en Santullano de Mieres y vive con su esposo en el valle de Sabero.

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