Biden debuta en Pekín
Es posible que en buena parte de sus conversaciones en Pekín (una visita de cuatro días) el vicepresidente de los Estados Unidos no necesite intérprete, porque le acompaña el flamante nuevo embajador norteamericano allí, el ex-diputado y ex-gobernador Gary Locke, un norteamericano de ascendencia china que en sus primeros años de vida habló solo chino mandarín. Cuando ya era Secretario de Comercio con Obama, éste le nombró embajador en Pekín en un gesto que unía a la dimensión política la cortesía de enviar a una especie de pariente lejano. La coincidencia ha sido apurada al máximo porque Locke presentó sus cartas credenciales solo 48 horas de la llegada del vicepresidente, una señal de la importancia que Washington da a su misión. El dúo ha hablado in extenso con la dirección china acerca del conjunto de la relación bilateral sobre la que Biden, sin peligro de ser desmentido, dijo que «no ve otro asunto de más importancia ni más relieve para el mundo entero que el de mejorar sin tregua la cooperación de los dos países». Es por completo verdad si se asume que la rivalidad chino-norteamericana se dibuja como el gran tema del siglo XXI.
Aunque, naturalmente, habló con el número uno chino, Hu Jintao, su interlocutor ha sido el número dos, Xi Jinpi, un hombre de 58 años quien hoy es el segundo en el partido, en el Estado y en la poderosa Comisión Militar y a fecha fija y bien atada entre las facciones, será el número uno en el PC a finales del 2012 y presidente de la República a finales del 2013. Para entonces Biden será o no será vicepresidente, dependiendo de cómo le vayan las cosas a un tal Barack Obama, pero el gobierno norteamericano, el que sea, deberá tratar con el gran país asiático cuyo concurso financiero le es ahora indispensable: China es la tenedora de un billón ciento setenta mil millones de dólares (sí, han leído bien) en bonos del Tesoro USA y la tormenta financiera, con sus reticencias incluidas, no le impide seguir comprando: en junio, 5.700 millones más. Eso es creer en el porvenir de la potencia capitalista… La crisis financiera ha oscurecido el resto de la compleja relación bilateral.
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