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El 2012 será el peor año para el trabajo

El cambio de Gobierno coincidirá con un ejercicio récord en las cifras del paro, mientras que no se atisban soluciones claras para esta sangría

Cola en el exterior de la oficina del INEM en la calle Evaristo San Miguel, en Madrid.

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León

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Todas las previsiones nacionales e internacionales confirman que España contará en el 2012 con el mayor número de parados de su historia, más de cinco millones —de hecho, con arreglo al cómputo que hace la Comisión Europea (Eurostat), ya lo hizo al cierre de septiembre, con 5.218.440 personas sin trabajo y una tasa del 22,6%—. Hasta el próximo verano, al menos, no se vislumbran cambios, ya que se seguirán destruyendo puestos de trabajo. Y, peor aún, hará falta que pasen entre dos y tres años para que la economía española vuelva a crear empleo.

Todo dependerá de si la población activa desciende, una opción que parece más que probable ya que en casi todas las proyecciones se considera que una gran cantidad de emigrantes retornarán a sus países de origen ante la falta de puestos de trabajo en nuestro país. Pero ni con ello las cifras dejarán de ser las peores de toda la zona euro, por lo que Bruselas ya nos ha advertido de que nos sancionará si no corregimos cuanto antes nuestra tasa de paro.

Esta es la peor herencia que recibirá el Gobierno que gane las próximas elecciones. Con todo, el coordinador de política económica del PP, Cristóbal Montoro, está convencido de que España debe ser y será «un país líder en crecimiento económico y creación de empleo» dentro de Europa, pero para ello «debe hacer los deberes». La forma de lograrlo, a su juicio, se encuentra en el diseño del programa electoral popular, donde autónomos y emprendedores están llamados a jugar un papel fundamental.

De ganar las elecciones —como apuntan las encuestas—, habría multitud de medidas para favorecer a los autónomos que creen empleo, innoven o reinviertan sus beneficios. Así, al menos, lo repite una y otra vez su líder y candidato, Mariano Rajoy. Unas medida que pasan también por reformar algunos impuestos, como el de sociedades, o hacer que aquellos no paguen el IVA hasta que no cobren sus facturas. Es por este motivo que Montoro se centra en una «verdadera» reforma fiscal, a fin de que llegue la financiación a las empresas, sobre todo a las pequeñas, un tejido productivo que crea prácticamente el 90% del empleo.

Más y mejor formación.

También el exministro de Trabajo, presidente de la Fundación Ideas y coordinador del programa electoral socialista, Jesús Caldera, afirma que hay que hacer todo lo posible para que la economía empiece a crecer para, a partir de ahí, incentivar a las empresas que creen nuevos empleos. Es un firme defensor de la educación y de la formación de los trabajadores. En su opinión, «cada euro que se quite al sistema educativo es dinero que se resta para el empleo del futuro».

Por su parte, UGT y CC.OO. han elaborado un documento conjunto, donde reclaman un pacto en el que se dé prioridad a la creación de empleo «por encima del objetivo de equilibrio presupuestario». Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo se muestran convencidos que el problema no se solucionará porque cambie el Gobierno, con la mente puesta en unas previsiones que en el 2012 empeorarán las cifras de este año.

En la Unión Europea, mientras, quieren medidas y las reclaman ya, e incluso nos han advertido de una posible multa del 0,1% del Producto Interior Bruto (PIB) —unos 1.000 millones de euros— si no rebajamos nuestra elevada tasa de paro. De hecho, como apuntábamos antes, Eurostat la sitúa ya en el 22,6% de la población activa, duplicando el 10,2% de la media comunitaria. El aumento del desempleo en octubre en 143.000 personas, según el Ministerio de Trabajo, viene a confirmar que en el último trimestre del año se superarán con creces los cinco millones, una cifra impensable cuando Elena Salgado llegó al Ministerio de Economía.

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El profesor de la Universidad de Oviedo e investigador de Fedea, Florentino Felgueroso, estima que la pieza clave del futuro mercado de trabajo será la controvertida creación de «un contrato único», una fórmula por la que las organizaciones empresariales llevan apostando hace años y que, a su juicio, acabaría con la dualidad entre los trabajadores temporales y los que son fijos.