josé jiménez, ‘aleluya’
Un rumbero en el camino
Lleva «veinte, treinta, cuarenta años, ya no sé» tocando en astorga. con él se han hecho fotos desde fraga a eugenio el humorista. probó varias religiones. y Espera que nunca le retiren de su ‘escenario’: el palacio episcopal
norberto
Resulta muy difícil encontrar a alguien que haya hecho el Camino de Santiago y no se haya tomado una foto junto a Aleluya o no pasara un rato escuchando su melodiosa guitarra al pie del Palacio Episcopal de Astorga, su lugar predilecto, el escenario en el que cada verano recibe a peregrinos de todas las nacionalidades y a maragatos de múltiples condiciones. Resulta muy difícil, una vez que conoces a Aleluya , concebir la maldad en el mundo a la vista de tanto candor y de tanta bondad como destila este hombre, todo un clásico de la bimilenaria ciudad, que sólo vive para hacer más llevadera la vida de sus conciudadanos (¿y quién puede decir otro tanto?).
¿Dónde naciste, Aleluya ? Y Aleluya saca su carné de identidad para que quede constancia de que vio las primeras luces en un Bilbao del año 1958, de padre vasco y madre de Jiménez de Jamuz. Después, a los 14 años, la familia se vino para Astorga porque «esto es más tranquilo», nos explica con esa voz sosegada, esa voz sonriente que nace de un espíritu sencillo en el que únicamente caben la discreción y la inocencia.
Siempre se recuerda a sí mismo Aleluya —que en realidad se llama José Jiménez Romero, aunque sólo responda en toda la mitad de la provincia por tal jubiloso sobrenombre— escuchando música. «De todo, todas las canciones: de Peret, toques de Paco de Lucía, temas de Manolo Sanlúcar... en la televisión, en la radio, discos...», dice contento. A los ocho años le regalaron su primera guitarra, y a ella siguieron luego muchas más («¡hasta veinte!», contabiliza el artista).
A los pies del sueño medieval gaudiniano interpreta Aleluya «canciones del Camino», que son las que más agradan a la jacobea concurrencia. Toca La Peregrina , ese himno para chifla y tamborín, imitando con las cuerdas el golpeteo de la percusión, cosa que resulta siempre muy aplaudida, o La leonesa , aunque siempre a ritmo de rumba.
Eso, los veranos. Los inviernos es tiempo de ir a Castrillo de los Polvazares y amenizar las sobremesas de orujo y natillas a los comensales de Casa Maruja. La cosa se suele animar tanto que al final muchas veces sale la propia Maruja con las castañuelas, en plan dúo. «A este gitanín lo tengo que echar de aquí, ¡que siempre me hace salir a tocar con él!», ríe pícaro Aleluya al recordar las palabras de la célebre cocinera como si hubiera cometido una fechoría inofensiva.
Nuestro paisano conoce a muchos famosos que quisieron sacarse foto con él, y exhibe la retahíla con soltura y orgullo: «Fraga cuando dio un mitin aquí, Solbes, una hermana del Rey, Luis del Olmo, Felipe Campuzano, Eugenio el humorista, los jugadores del Elosúa, los juveniles de la selección española de fútbol y unos curas de Polonia que me dijeron que me iban a mandar las fotos y al final no me las mandaron». Pero ojo, que tocó en directo en el programa de Encarna, en el espacio de Tico Medina y apareció en una teleserie sobre el Camino en la que, entre otros, trabajaba Juanjo Artero («¡Javi el de Verano azul !», matiza). Le escucharon y de inmediato le metieron en la producción, por 3.000 pesetas y la comida.
Aleluya —se autoimpuso el mote por la canción con la que Israel conquistó el Eurovisión de 1979— también sacó un disco artesanal, Un rumbero en el Camino de Santiago , y reside, muy propiamente, en la calle La Música —en honor, dice, a que en ella vive él y el que fuera el músico más anciano de la Banda Municipal, señor Santiago—.
Aleluya ‘tuneó’ una bicicleta (con volante, intermitentes, radio a pilas) que fascinó hasta al mítico Essie Hollis. El obispo de Astorga le dijo «pero qué bien lo haces». Y llegó a grabar un spot televisivo en el que cantaba «Tresillos Mobeltur/ en Trobajo del Camino/ También en Ponferrada».
«Estuve en los testigos de Jehová, tres años con los curas, en la Legión de María, en los Gitanos Evangelistas, probé todo eso y al final me quedé en lo católico, que es mi religión». Hoy sólo pide salud, «que lo es todo». Y que no le bajen del escenario.