cine en el viejo reino

Una tierra de película

¿necesita bajar al centro de la tierra? ¿precisa paisajes extremos, montañas, catedrales, castillos o páramos? león ha servido de gran plató para el séptimo arte y ahora una empresa quiere lanzar desde aquí su proyecto ‘rutas de cine’

Publicado por
emilio gancedo / sonia vidal
León

Creado:

Actualizado:

Tengo que tener un cuidado contigo... ¡que una vez marchaste casi hasta Cistierna con ella!». Eso le recriminaba Andrés Mejuto, actor que interpretaba a un viejo guardia de estación roblano, a su hija en la ficción, una Gracita Morales a los mandos de la locomotora, en la inolvidable Sor Citroen (1967), una de las muchas películas de éxito que se han venido rodando a lo largo de las últimas décadas en tierras leonesas. Desde el cine de posguerra más duro y sobrio (por ejemplo, Cuerda de presos ) al más actual (el filme de terror La herencia Valdemar ), nuestras comarcas han prestado su sobrecogedora variedad paisajística y la riqueza de su patrimonio histórico e industrial a rodajes de todo tipo. Un gran potencial que, sin duda, puede aprovecharse con mucha más intensidad y que ahora una asociación cultural quiere poner en valor para un ambicioso proyecto de alcance nacional que giraría en torno a las ‘rutas de cine’ —itinerarios que transitan por los lugares que sirvieron de escenario a señaladas películas— y que arrancaría en la ciudad de León con unas jornadas profesionales. El promotor de las mismas, Rafael García Loza, explicaba hace dos semanas que el proyecto, bajo el nombre de Turisfilm , «recorrerá diversos puntos de España para promover el modelo de negocio que está emergiendo en torno a las rutas de cine», y que su objetivo es llamar la atención sobre los beneficios que estos recorridos podrían generar a regiones enteras. Las jornadas, de tres días de duración, congregarían a doscientos profesionales del sector entre finales de abril y principios de mayo y uno de sus fines inmediatos sería, según este gestor cultural y director de varios festivales, la creación de una Filmcomission propia leonesa, esto es, una oficina que facilitase a las productoras todo tipo de gestiones para poder rodar proyectos audiovisuales en la ciudad y provincia.

Pero, ¿adónde podrían llevarnos estas rutas en lo que respecta a las tierras de León? ¿Cuáles han sido las principales producciones que, al menos en parte, han encontrado en estos rincones del Noroeste los decorados naturales idóneos para ambientar en ellos las más diversas aventuras y desventuras a 24 fotogramas por segundo?

Aunque los inicios del cinematógrafo en León son aún oscuros, al menos hay autores que han espigado en las hemerotecas algunas de las primerísimas proyecciones en la capital. Según el estudioso Fernando González, a setenta y cinco céntimos (niños y militares sin graduación, sólo cincuenta) costaba la entrada en el Café de la Iberia (calle La Paloma, 11) para ver el espectáculo del anunciado como Kinetógrafo: el 24 de marzo de 1897 aparece la primera reseña de una exhibición en El Porvenir de León . A unas cuantas vistas de paisajes, ciudades y tipos humanos debía reducirse tal primitivísima ‘cartelera’. Y en el mismo periódico se anunciaba, ya en 1901, que «el joven e ilustrado fotógrafo de esta ciudad, don Winocio T. Pérez, ha instalado en el Salón Iberia un acabado cinematógrafo Lumière (…), celebrando sesiones de tan cultos espectáculos todos los domingos desde las seis de la tarde». Parece ser que poco después se instalaría otro en el Casino y hasta para las fiestas de San Juan y San Pedro de ese año aparece en la Plaza Mayor una barraca portátil donde ver aquellas «fotografías móviles».

Pero, si hemos de referirnos a los pioneros, a los exponentes más antiguos de filmes con un cierto argumento fabricados aquí, resulta necesario remontarse a 1928, cuando Más vale llegar a tiempo se estrenó, el 25 de mayo de aquel año, en el Teatro Alfageme. El filme narraba, en tan solo 2 minutos y 22 segundos, la historia de Sarampión , un torero metido a empresario. Los actores eran cantantes y personajes muy populares del León de aquel tiempo (Aicha la Hebrea, que trabajaba en el Café Iris de la calle Ancha) y Nicolás, un hombre de pequeño tamaño, enormemente conocido en la ciudad), mientras que el guionista era Carmelo Hernández Moros, Lamparilla , el genial periodista de Diario de León. Su productora fue una conocida óptica capitalina, Casa Vidal. Una plaza de Santo Domingo casi irreconocible, con tranvía incluido, una avenida de Padre Isla sin apenas edificios y el tren de Matallana que veremos aparecer en muchos otros filmes ‘made in León’ desfilan por este corto cómico.

Otro nombre propio de la ‘prehistoria’ de nuestro cine es el de León Artola: nacido en Noceda del Bierzo en 1893, fue director, guionista y actor, y como tal se inició en el cine mudo tras emigrar con sus padres a Argentina. Allí fundó, en 1923, una empresa expresamente pensada para rodar documentales destinados a la emergente colonia española, entre ellos uno sobre emigrantes leoneses. De vuelta a España rodó varios reportajes y cortometrajes hasta debutar con proyectos más ambiciosos. Y así, su película más importante fue Rosario la Cortijera , en la que debutó nada menos que Estrellita Castro en 1935.

La Montaña de Riaño, Picos de Europa, Omaña, el Bierzo o monumentos tan señeros como la Catedral de León han sido algunos de los escenarios más empleados si entramos a abordar, aunque sea a grandes rasgos, la lista de largometrajes rodados en la provincia. Una nómina de hitos del cine español que podría comenzar con Cuerda de presos , en el que aparecen parajes hoy desaparecidos como el pueblo de La Puerta, inundado por el embalse de Riaño. El filme está ambientado en 1890, cuando una pareja de la Guardia Civil ha de trasladar a un peligroso criminal desde el pueblo leonés en que ha sido capturado hasta Vitoria. Incluso la música —a cargo de los coros de Radio Nacional— estaba dirigida por el maestro Odón Alonso.

Otro profesional imprescindible para estos apuntes del cine hecho en el viejo reino es sin duda el vigués Manuel Mur, que ambientó aquí su Orgullo de tintes míticos y algún otro de sus sobresalientes ‘dramas rurales’, como Un hombre va por el camino (1949). Del fértil Pedro Lazaga sería también uno de los más populares títulos del cine español del franquismo, Sor Citroen (1967), con un elenco que incluía a lo más granado de la industria de la época, empezando por Gracita Morales y continuando por José Luis López Vázquez, Rafaela Aparicio, José Sacristán… La estación de La Robla (algunos paisanos de la zona sirvieron de extras en la escena del tren) y un comienzo en el que se ve la vía del Hullero a su paso por un Villaquilambre completamente desconocido fueron las principales aportaciones de la ‘tierrina’.

Ya con la democracia, la lista se anima con las películas ‘puramente’ leonesas del berciano Chema Sarmiento, esto es, Filandón (1984), así como Los Montes (1981), ambas muy premiadas en certámenes nacionales e internacionales. La Catedral, la Vega del Esla, Omaña, el bajo Bierzo y la Cabrera eran casi tan protagonistas en la primera de ellas como los propios escritores participantes y las historias que urdían. De 1987 es El Lute, camina o revienta (1987), uno de cuyos pasajes, el de la primera huída, se rodó en León. El filme, protagonizado por el riañés Imanol Arias y dirigido por Vicente Aranda, ganó importantes premios en la segunda edición de los Goya y en el Festival de San Sebastián.

Película también, aunque pensada para emitir por Televisión, fue la primera parte de El Quijote (1991), monumental proyecto de TVE con Fernando Rey y Alfredo Landa. El extraordinario paisaje de las Cuevas de Valporquero sirvió, como a tantas otras, para ambientar escenas en un rodaje muy seguido por los medios de la época en el que se pudo ver hasta ‘dos quijotes’ iguales (Rey, que ya contaba con 74 años, y su doble para escenas arriesgadas). Rincones del valle de Valdeón y el Nuevo Riaño, por su parte, pusieron no sólo las cámaras sino también el espíritu de la excelente Las huellas borradas (1999), de Enrique Gabriel, con Federico Luppi, Elena Anaya, Héctor Alterio… el drama del embalse riañés visto desde una óptica introspectiva y muy personal.

No puede olvidarse tampoco otra de las ‘100% leonesas’, A galope tendido (2000) —tren hullero y capital para un curioso ‘western cazurro’—, del director local Julio Suárez (autor también de los celebrados cortos y medios Estirpe de tritones , I y II, y Guzmán-Goodman ), cuyo hijo Alejandro continúa la saga con Hidden soldier y El último rey de León . Mientras tanto, Juana la loca (2001), de Vicente Aranda y con Pilar López de Ayala, encontró en la Catedral y su coro inmejorable asiento para un cónclave de nobles y clérigos formado por extras entre los que pudieron apreciarse algunas caras conocidas de León.

Las últimas producciones destacables ambientadas en la provincia han sido la poética La soledad (2007), de Jaime Rosales, rodada en parte en Sabero y Cistierna, que con un elenco desconocido logró tres Goya aquel año; y la segunda parte de La herencia Valdemar (2010), cinta de terror basada en la obra de H.P. Lovecraft que encuentra en Valporquero el lugar idóneo para su escalofriante desenlace.

Cargando contenidos...

Montes, bosques, cuevas, trenes, catedrales y caminos que, vistos a través del celuloide, les hacen ser aún más ‘estrellas’.