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enrique vázquez
León

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En esa especie de concurso sobre cómo y cuando caerá el régimen sirio, el terrible atentado del miércoles con la muerte de ministros, jefes de los servicios secretos y militares de alto rango ha inclinado los pronósticos hacia un relativamente rápido fin de la pesadilla pero desde una aproximación inédita hasta hoy: la posibilidad de que desde dentro del sistema alguien recupere el juicio y haga algo deprisa.

La decisión del hombre-bomba de morir causando un daño político irreparable indica que algunos espíritus están turbados y se hacen preguntas. Esto es muy relevante si se considera que solo los fieles al régimen y sus expresiones clánicas y/o confesionales integran los servicios de seguridad, con la protección física de los dirigentes en un país donde los mujabarat (policía secreta) tienen ojos y oídos «hasta en los retretes», como me dijo hace muchos años alguien en mi primera visita. Hay que añadir que, en general, se acepta la versión de que la Brigada del Islam ejecutó el golpe, pero medios sirios competentes insisten en que, además de que nadie había oído nunca hablar de ella, no es un grupo orgánicamente organizado y probablemente es la expresión final, desesperada, de alguien que aprovechó su cercanía física al corazón del temido aparato de seguridad del régimen para hacer lo que hizo sin excluir siquiera una motivación personal.

Si esto es así emerge un factor político, pero también diplomático, entre los adversarios del régimen, atados en la ONU por la decisión rusa y china de rechazar toda resolución adoptada bajo el Capítulo que reconoce el deber de proteger a las poblaciones. Tal factor, que estaría siendo vendido a Moscú en las Naciones Unidas, entiende evitar in extremis una guerra civil abierta que el Gobierno podría perder.

Con todo, es aún prematuro adelantar fecha alguna de fin del sistema. La posibilidad de que el régimen podría crear en el litoral de las montañas de Lattakía una autoproclamada entidad alauí con vocación de independencia es inaplicable: la mayoría no lo permitiría. Tal vez a los alauíes lo que más les conviene a día de hoy es la protección internacional del mundo, no la precaria de la familia Assad.

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