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La moda española viste al ‘gran dragón’

las marcas españolas invaden el competente mundo asiático, que sigue siendo el gigante de la fabricación a bajos precios

El grupo Inditex desembarcó con Zara en China hace sólo seis años y su expansión resulta ya espectacular: está presente con casi todas sus marcas.

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zigor aldama
León

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Podría ser el centro comercial de cualquier ciudad española: Inditex copa la planta baja, un gran establecimiento de la catalana Desigual, e incluso hay rumores sobre la instalación de una churrería en la zona recreativa. Pero se trata de Hongkou Plaza, uno de los últimos templos del shopping de Shanghái, que, con su composición, demuestra la pujanza del textil español en el Gran Dragón.

Sin embargo, hace solo una década eran pocos los que apostaban por vestir a la población más nutrida del planeta. Mango fue pionera y este año, después de haber superado grandes desencuentros con sus franquiciados, cumple su décimo aniversario en el país con el reto de que en el 2015 sea el territorio en el que más tiendas tenga y el tercero que más ventas le reporte. Para ello tendrá que inaugurar hasta 500 establecimientos en los próximos tres años. «Ya estamos presentes en 79 ciudades, y la idea es llegar a cubrir más de 100», anunció recientemente el director ejecutivo de la marca en China, David Sancho «En las 15 ciudades más importantes de China hacemos inversión nuestra, y en las 69 restantes funcionamos con franquicias», añadió.

Su principal competidor, Inditex, desembarcó con Zara hace sólo seis años y su expansión resulta ya espectacular: está presente en el país con casi todas sus marcas. El año pasado abrió 132 nuevos puntos de venta en China, y el próximo invierno lanzará su tienda local ‘online’.

Shana es la penúltima en haber llegado, y lo ha hecho a lo grande: más de 1.000 metros cuadrados de superficie en otro de los centros comerciales más modernos. «En nuestro caso, hemos pensado en China desde el momento en que se crea la marca, en 2010. Sin embargo, hemos esperado a tener un rodaje internacional en países con menos dificultades para implantarnos», apostilla este directivo de Shana.

Sorprende que, Shana haya conseguido establecerse en Shanghái, un mercado especialmente competitivo, en un tiempo récord. De hecho, el proceso de implantación no ha durado más de cinco meses. Esta celeridad contrasta con la parsimonia con la que Desigual ha llevado a cabo el mismo proceso. El pasado día 15 inauguró la tienda de 120 metros cuadrados en el Hongkou Plaza, pero han pasado dos años desde que anunció su desembarco en las entrañas del ‘Gran Dragón’. Seguramente pesan en sus palabras las experiencias agridulces de otros gigantes del textil español. Porque China es un caramelo tan atractivo como envenenado. Mango lo sabe bien. Su llegada a China fue pionera como complicada. A los graves problemas con los franquiciados, se sumaron contratiempos con los establecimientos alquilados. Y en varias ocasiones la marca ha estado involucrada, junto a Zara y otros muchos productores internacionales, en escándalos de calidad. Curiosamente, en el país que se asocia a la chapuza, estos gigantes han sido amonestados por no superar los estándares chinos y por mentir en la composición de sus prendas.

Zara, por su parte, fue acusada de utilizar excesivas cantidades de formal de hido en una falda. Y esos son sólo dos ejemplos.

Pero ya no solo atrae a grandes marcas. También comienzan a llegar jóvenes diseñadores que ven la posibilidad de producir a un precio asequible, además de vender a un público cada vez más abierto y sofisticado. Celia Bernardo es una de ellos. Hizo la mili en Zara pero se cansó de trabajar al otro lado del escenario y ahora ha decidido acaparar los destellos de los focos con su primera colección: es Celia B. «Está enteramente diseñada y fabricada en China», cuenta. Y pronto comenzará a venderla en Source, un selecto establecimiento ‘multimarca’ de Shanghái.

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Celia Bernardo, describe sus diseños como una explosión de color con elementos españoles. Su colección será artesanal y exclusiva. De hecho, ha usado a amas de casa chinas para elaborar sus accesorios de crochet. «China es aún la fábrica del mundo, y es fácil lograr buenos precios para cantidades inmensas de producto de calidad media, pero muy pocos están interesados en fabricar una colección pequeña», apunta. Sin embargo, esta joven ovetense ha conseguido sacar adelante su proyecto, y ahora espera llamar la atención del público chino que ya no se interesa por la moda industrial de las grandes marcas. «Mis clientes potenciales son un pequeño porcentaje de la población, pero como ésta es tan elevada, creo que hay un mercado muy interesante», apunta con optimismo.