Solidaridad
Imágenes de esperanza
La fotografía y ayudar a los demás son las pasiones de Susana, Una bañezana que ha conseguido aunar sus dos aficiones para impulsar un proyecto social en kenia

Las típicas narices de payaso fueron un elemento común.
Susana González nunca se imaginó el poder de convocatoria de las redes sociales. Nunca sospechó que lo que iba a ser un simple evento de connotaciones solidarias que envió a sus conocidos obtuviera tanta fama y éxito como ha logrado. Tampoco imaginó que el pequeño grano de arena que iba a aportar se convirtiera en un gran saco de solidaridad vecinal para llevar personalmente a Kenia.
La historia de esta joven fotógrafa bañezana se resume en altruismo y generosidad. Hace un par de años hizo un voluntariado en Marruecos, pero ella siempre está dispuesta a ayudar a los demás. Como Susana cuenta, su aventura africana comienza visitando la página web de lavueltalmundo.net. «Llevaba mucho tiempo siguiendo a estos chicos, que todos los años realizan proyectos solidarios en alguna parte del mundo. En esta ocasión, recalaron en un orfanato de Karbanet, en Kenia, donde querían montar un aula formativa para los críos».
Susana reunió dinero con una colecta «por casa» y entró por curiosidad en la página web de la asociación que se encargaba del proyecto, Bamba Project, una organización no gubernamental de dos años de vida y muchas esperanzas, formada por cuatro mujeres, con sede en Palma de Mallorca. Allí vio algo que la animó a seguir participando. «La asociación buscaba cámaras digitales para llevar a los niños del orfanato y claro, siendo fotógrafa...».
La idea le empezó a interesar y atrapar cada vez más; además, la entidad apadrinaba niños, por lo que ella se animó y apadrinó al pequeño Titus, que no pertenece al orfanato, sino a la comunidad de Kabarnet. «Todos los niños del orfanato están ya apadrinados y Bamba Project ha comenzado a amparar a los niños de la zona que más lo necesitan». Como cuenta la organización en su página web, se garantiza apoyar la educación a los niños de las familias con más riesgo de exclusión, además de asegurar su manutención diaria.
La idea le había marcado y Susana empezó a marcarse un objetivo: visitar Kenia para ver a su ahijado y colaborar en lo que pudiera a la asociación. Para ello, habló con las integrantes de la organización balear «para saber cómo podía ayudarlas desde La Bañeza, sobre todo, qué tipo de objetos podía transportar hasta Kabarnet, aunque inicialmente iba a llevar las cámaras de fotos». Bamba Project fue muy clara y estipuló que necesitaban dinero para poder acometer los proyectos que atesoraban en el cajón de las esperanzas. Entonces, por la mente de Susana empezaron a generarse muchas ideas.
Fotografía solidaria
Una de ellas cuajó: hacer fotografías solidarias por un valor simbólico de dos euros. «Al contar con un estudio propio, consideré que era una buena opción». Para dar a conocer la idea, creó un evento en Facebook donde invitó a todos sus contactos, pensando que solo participarían en su iniciativa amigos y conocidos.
No calculó las previsiones. «Realicé el evento para comenzar con el tema de la fotografía solidaria el 7 julio, todos los sábados hasta el anterior a mi marcha a Kenia, y al día siguiente de que comenzara a circular, ya tenía a gente en mi estudio dispuesta a colaborar». Por ese motivo, el proyecto solidario se inició la última semana de junio. «Para el 7 de julio ya había logrado recaudar 600 euros».
La temática de la imagen era muy simple. «Una foto en el estudio, en la que cada uno posase como quisiese y mediante la cual se aportaban dos euros o más, pues muchísima gente contribuyó con más dinero por una foto, o hacían una gran cantidad de ellas, como 30». A veces retocadas, a Susana se le ocurrió llevar ropa de Carnaval «y como ese ambiente es muy propio de La Bañeza, la idea triunfó». En las más de 2.000 fotografías realizadas por esta joven, algunas de ellas colgadas en la página del propio estudio, Sü!! Fotografías, muchas personas aparecen caracterizadas «e incluso figuran mascotas como conejos o pájaros».
Gente de todas las partes del municipio participaron en su iniciativa, así como de León, Santa María del Páramo, Astorga e incluso turistas que se encontraban de paso por La Bañeza que no quisieron marcharse sin dejar su impronta en una imagen. Sin embargo, Susana reconoce que no todo el mundo que acudía a su estudio lo hacía con la intención de colaborar en su proyecto. «Se nota mucho cuando alguien viene para ayudar o sólo con el objetivo de conseguir una foto de estudio por poco dinero, pero todo lo que llega es bienvenido, aunque no se ponga el corazón en ello».
No obstante, Susana llevó a cabo otras iniciativas para recaudar fondos. Además de las fotografías, esta joven organizó una paellada en Requejo de la Vega con 126 personas. Con ese proyecto, organizado el pasado domingo día 7 de octubre, Susana logró recaudar 1.400 euros. Asimismo, gracias a la venta de un CD de una ruta motera, cuyos participantes también quisieron incorporarse a la iniciativa, se logró la cantidad de 200 euros.
¿Y con las imágenes?. La joven fotógrafa cuenta que recaudó nada más y nada menos que 4.800 euros. «Sin embargo, a todo esto hay que añadir las aportaciones de gente que no se hizo fotos y quiso contribuir a la causa con 10, 20 euros... lo que más me han dado de golpe fueron 70 euros». En total, ha conseguido 6.400 euros. Junto a todo el dinero, la localidad se volcó con ella para facilitarla todo tipo de material susceptible de ser trasladado a Kenia. «Además de las 25 cámaras de fotos que tengo previsto llevar, también transportaré material escolar, cepillos de dientes, pinturas, cien pares de calcetines, ropa, juguetes, caramelos, bolsas de piruletas... No tengo palabras para agradecer a la gente todo lo que han hecho y han aportado, desde hacer fotos hasta productos y objetos».
Viaje a Kenia
Su objetivo de visitar el país africano estaba cada vez más cerca gracias a su iniciativa, e incluso cada vez más gente se sumó al proyecto. «Yo siempre tuve muy claro que quería ir a Kabarnet, aunque fuese en solitario, no me importaba la distancia ni los autobuses que tuviera que coger para sortearla». Susana no se vio sola, su madre decidió acompañarla «y mi padre también, ya que decía que no quería quedarse solo en casa».
Además, una amiga de la familia también se apuntó. En total, cuatro personas, ocho maletas y mucha ilusión. «Se puede decir que un trocito de León está en Kenia». Junto a ellos colaborará una chica procedente de Huesca, «a la que todavía no conocemos y que veremos allí».
Su periplo, que comienza hoy con una duración de once días, hasta el 26 de octubre, es el comienzo de una carrera de la que poco a poco se ve la meta, aunque ahora es muy lejana. «Dedicarme en cuerpo y alma a esta actividad durante tres meses me ha dejado agotada. Tengo mi trabajo normal y dedico mi tiempo libre a preparar esta iniciativa. Por la noche, después de cenar, venía al estudio a continuar encargándome de las fotografías solidarias y muchas veces me quedaba hasta las tres de la mañana. Eso sí, lo hago encantada».
Para preparar su viaje a Kabarnet, Susana se ha tenido que vacunar de la fiebre amarilla y el recordatorio de la hepatitis A. Mientras, sus padres se inocularon la vacuna del tétanos «ya que tenían de antes la de la fiebre amarilla». En cuanto a la climatología que les espera, la temperatura media rozará los 28-30º, «caluroso y seco, no me lo esperaba, pues creía que se trataba de la época de lluvias».
El recorrido que Susana y su familia realizan hoy rumbo a Kabarnet es el más propio de una odisea. Tras su salida de madrugada del aeropuerto de Barajas, se dirigen a París, donde harán una escala de hora y media para, posteriormente, encaminarse a Nairobi, la capital de Kenia. Desde allí, Bamba Project envía un autobús para que la familia pueda mover con mayor libertad su pesado equipaje.
Se trata de la última y definitiva parada: el viaje a la aldea de Kabarnet, que dura en torno a unas cinco horas. Susana agradece a la asociación la posibilidad de enviarles un medio de transporte, ya que, en caso contrario «tendríamos que coger un autobús para trasladarnos a una ciudad de la región, un autobús que sólo arranca cuando está lleno, para lo cual pueden pasar pocos minutos o muchas horas y de esa ciudad coger otro hacia Kabarnet, donde ocurriría lo mismo». En el orfanato del pequeño pueblo keniano Susana impartirá unas nociones básicas de fotografía con las cámaras que porta en su viaje. No solo eso, sino que también dará clases de «bisutería para hacer pulseras, más que nada para entretenerles». Además, el orfanato cuenta con un gallinero «en el que pensamos trabajar porque está muy desordenado y también vamos a enseñarles a lavarse los dientes aprovechando que llevamos cepillos de dientes y dentífricos».
El rincón de la esperanza
Dentro del orfanato de Kabarnet viven aproximadamente 33 niños, «de edades comprendidas entre un año y los 16». Este pequeño centro infantil surge mediante el apoyo del dueño de la residencia, Mr Sang, un hombre adinerado de la región que quiso ayudar a los más desfavorecidos y donó esa casa, donde puso al cargo de los críos a un matrimonio del lugar, Christine y Rutto. Sin embargo, según cuenta Susana, «ese hombre se trasladó a otra ciudad y se desentendió por completo del centro. El matrimonio no podía hacerse cargo de todo y buscó ayuda; en ese momento aparece en escena Bamba Project».
La asociación habló con Mr Sang y llegaron al acuerdo de que cada parte pagara el 50 por ciento de los gastos, «pero incumplió el trato». Sin embargo, el dueño de la casa falleció el pasado mes de agosto. «Por ese motivo, la intención de Bamba Project es comprar un terreno propio donde para construir un comedor social, aulas formativas para las mujeres del lugar y salas de estudios», cuenta Susana. La compra de ese terreno se produce «para no tener problemas con los posibles herederos del hombre. Además, la asociación siempre que quiere construir algo, compra las parcelas necesarias».
Uno de los objetivos del viaje de Susana, familia y amigos es comprar un terreno con el dinero obtenido. «La parcela la miramos nosotros, pero la asociación tiene la última palabra».
Dentro de la zona ya se ha construido un casita para los viajeros, que acogerá a los leoneses durante su estancia en Kabarnet; además, hay un aula de estudio de nuevas tecnologías. Asimismo, se pretende establecer un programa de inclusión social a través de la costura con mujeres que padecen sida; todo con máquinas de coser «que se comprarán por allí».
Aunque Susana y compañía se dedicarán principalmente al cuidado y manutención del orfanato, piensan destinar parte del dinero a proles del poblado. «Nuestra idea es comprar un saco de arroz de veinte kilos y un colchón para aquellas familias de la localidad que más lo necesiten».
Miedos y generosidad
Una de las mayores preocupaciones de Susana en su traslado a Kenia es la posibilidad de robo de todas las pertenencias y materiales que va a llevar. «Me daría mucha rabia perder en un momento todo lo que ha costado hacer en tres meses de duro trabajo».
Asimismo, esta joven no le tiene miedo a nada, salvo «a querer quedarme allí», bromea con una sonrisa. «Tengo un problema y es que soy muy confiada, así que, exceptuando que me puedan robar en el aeropuerto, por lo demás nada me da miedo».
Sin embargo, veces le inquieta pensar en la probabilidad de una reacción diferente en los niños, opuesta y dispar a lo que ella se ha imaginado. No obstante, como apunta Susana, «no creo que pase, pues les han hablado de nosotros y tienen muchas ganas de vernos». Otra razón que incluye en su lista de desventajas es que pueda afligirse por la forma de vida de los niños y por la escasez en productos básicos. Pese a todo, esta bañezana está curada de espantos, «ya que cuando fui a Marruecos ya me dijeron que no podía ir con el pensamiento de que me dieran pena porque ellos son felices con lo que tienen pues no han conocido más. Además, seguro que yo le daría pena a una persona con un nivel económico más alto que el mío».
Asimismo, esta iniciativa solidaria también se efectuó en Barcelona, pero solo en el espacio «de una semana. Lo recaudado se destina a otro orfanato de Kenia».
El aplomo y coraje que Susana muestra ante su nueva aventura ha provocado que muchas personas de su entorno quieran contribuir incluso desplazándose hasta Kenia para colaborar con la causa. «Todo el mundo quiere ayudar. Ahora lo ven real, antes solo se lo habían planteado; quizás no todos tengan el mismo arranque que yo de querer coger la mochila y marchar, aunque fuera sola. La gente quiere ser solidaria pero no sabe cómo, aunque sea con dos euros o unas zapatillas, no se fía de nadie».
Con el proyecto de esta joven, la situación cambia, «porque esto es transparente, soy yo, lo he invertido y te lo puedo explicar. Va a llegar todo menos lo que me quiten de comisiones, que espero que no sea mucho». Incluso profesionales de otras ramas se han ofrecido a viajar a Kenia para mejorar el modo de vida de los niños. «Una chica me dijo que comprobara los problemas de audición de los críos para ir ella más adelante con audífonos».
Su espíritu solidario es incansable y Susana piensa volver a realizar esta iniciativa. «Posiblemente, después de Navidad. Ahora quiero descansar. No descarto empezar de nuevo». Todo un ejemplo de solidaridad incansable que vuela en estos momentos rumbo a Kenia.