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celia travieso
León

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El mayor don que Dios me ha dado es el de permitirme no querer a quien no me quiere. Y el de haberme dejado ignorar la forma más común del amor, la envidia».

Después de cinco entregas nombrándola casi de manera continua, me parecía que había llegado el momento de presentar mis respetos por escrito a la mujer que, durante un cuarto de siglo, marcó la moda: Gabrielle Chanel.

La relevancia de Coco en el mundo del diseño es incuestionable, por primera vez, un creador que diseña para la mujer piensa exclusivamente en la mujer al hacerlo. Me explico: su objetivo era confeccionar vestidos de tal perfección que las mujeres pudieran olvidarse de ellos y concentrarse en el mundo. No sólo se trataba de ver el cuerpo femenino como un maniquí o instrumento para lucir sus prendas y promocionar su trabajo (que también, obviamente era una mujer de negocios) sino que, en su moda había un soterrado mensaje de modernidad. No se limitaba a vender a sus clientas una nueva figura sino toda una manera de entender la vida. Ella fue precursora de este concepto que hoy se conoce como lifestyle.

Dicho esto y pensándolo mejor, creo que la relevancia de Chanel en el contexto de la época va un poco más allá del mundo del diseño.

Me imagino sin problema a Coco entrando en el café de Flore ( Boulevard St. Germain,172, París) para compartir una velada de tertulia y nicotina con Pablo Picasso e Igor Stravinsky o, quizá con Sastre y Simone de Beauvoir cuando se escondieron allí durante la ocupación. Su experincia vital y su capacidad para reinventarse unido a su instinto y determinación la han consagrado como una de las mejores diseñadoras de todos los tiempos.

«Sólo se consiguen las cosas trabajando. Durante cincuenta años he trabajado mucho más que cualquiera. Nada sustituye al trabajo, ni los títulos, ni el aplomo, ni la suerte».

Del universo Chanel nos han llegado prendas y complementos que, además de ser considerados clásicos de la moda, siguen reeditándose con el mismo éxito que entonces.

La chaqueta ribeteada con botones dorados (conocida por el nombre de su creadora), los slings (zapatos) bicolores, el bolso acolchado con cadena dorada o los broches de cristal multicolor: Chanel introdujo la bisutería en la moda con piezas realizadas con tal maestría que parecían auténticas, este hecho permitió a muchas mujeres poder acceder al mundo de la joyería, vetado hasta entonces para ellas, principalmente, por los altos precios y, completar sus looks con un extra de glamour y originalidad.

También a ella le debemos uno de los básicos imprescindibles de nuestro armario; el furró negro. En su momento la revista Vogue lo bautizó como «el ford de la moda» y, aún hoy, es el uniforme de noche de cualquier mujer, el sencillo y elegantísimo vestido negro.

Actualmente, las editoriales de moda se refieren a él como little black dress o petite robe noir , mil veces reinterpretado y con multitud de posibilidades para combinarlo y adaptarlo a las circunstancias esta prenda, independientemente de su nombre, es eterna y atemporal.

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La verdad es que su capacidad para crear tendencia es una constante en el devenir de su trayectoria profesional, no es fácil ser brillante, aunque ahora el listón, y no sólo en este sector, esté por los suelos, imaginar a Chanel defendiendo que el trabajo es la única salida y ver en la televisión a ciertos individuos asegurando lo mismo con dinero ajeno asomándole por los bolsillos hace que una se pregunte si el pasado no sería siempre mejor. Por suerte, espero, el pasado pasado está, habrá que mirar hacia delante y ,como decía mademoseille, «no pasarnos la vida golpeándonos la cabeza contra la pared con la esperanza de que se convierta en una puerta».