Siria pasa por rusia
Silenciosamente la trágica guerra civil en Siria ha ido evolucionando y el conflicto adquiere una condición que conviene al régimen: su conversión en un asunto de gran peso geopolítico y estratégico en el escenario crucial por excelencia, el de Oriente Medio. A día de hoy, y tal es la primera conclusión de tal evolución, parece asumido que no será viable una salida sin que Rusia obtenga las debidas satisfacciones.
Eso puede explicar la presencia ayer en Moscú, procedente de Damasco, donde ha visto a quien ha querido, del mediador de la ONU-Liga Árabe, Lajdar Brahimi, a quien el martes el presidente Assad hizo el honor de recibirle (la expresión es del propio Brahimi). Anote el lector que le había precedido una delegación del ministerio sirio de Exteriores encabezada por el viceministro, Faisal al-Mikdad, que el jueves y ayer se reunieron durante horas con el ministro ruso, Serguei Lavrov. Los actores mencionados proponen una salida política negociada que pasaría por un alto el fuego internacionalmente vigilado, un gobierno mestizo con fuerte presencia de la oposición (rebelión armada como disidencia interior) y el mantenimiento de Assad, con poderes limitados, al frente de la presidencia hasta la elección de mayo de 2014. a la que no concurriría
Este esbozo se ha acompañado de un gesto —del propio Vladimir Putin— según el cual a Rusia le preocupa poco o nada el destino personal de Assad, porque lo preocupante es Siria, el país. Mientras enviaba este notable mensaje, trascendía que mantiene el flujo de equipo militar, incluidos misiles tierra-mar y antiaéreos (aunque no los añorados S-300, la joya del arsenal ruso) que podrían terminar en buena parte en manos de terceros: el Hizbolá libanés. Así podría emerger el escenario que conviene a Siria: la regionalización militar del conflicto con la entrada en acción de las fuerzas pro-sirias en Líbano, antiguas y fuertes, la previsible reacción israelí si Hizbolá, de lejos la fuerza más sólida y disciplinada, decide actuar (con respaldo iraní, además) y cambiar del todo la condición del conflicto.
Moscú y Washington comparten una preocupación: la presencia creciente en las filas rebeldes de militantes de Al-Qaida y sus antenas regionales.