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enrique vázquez
León

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El título de este artículo quiere resumir en una pregunta el conjunto de posibilidades realistas de que un eventual triunfo de Nicolás Maduro en la elección presidencial de mañana en Venezuela, equivalga a la continuidad del régimen fundado por Hugo Chávez, cuya muerte obligó a activar la previsión constitucional de una elección anticipada. La respuesta anotada por la mayoría de observadores es que no es posible el chavismo sin Chávez y se remiten casi todos los interpelados a un eventual castrismo sin Castro en Cuba.

La pregunta es de hecho una exposición formal, bien redactada y municionada jurídicamente pero tan vinculada a la obra personal de un líder y dependiente de su estilo de gobierno y su personalidad que la desaparición del mismo implicará con toda probabilidad su cambio o su simple derogación. Pero, tácitamente, la respuesta define al régimen y su Carta Magna como antidemocráticos… porque, y es un ejemplo de libro, la vigente Constitución francesa, obra casi personal del general De Gaulle para cancelar la IV República y «hacer otra Francia» ha sobrevivido sin problema alguno a la muerte de su inspirador y cumplió su medio siglo de vida útil.

Lo ante escrito significa que lo que pase en Venezuela es mucho más que una elección presidencial: si gana el candidato opositor Henrique Capriles no hay duda alguna de que emprenderá el cambio constitucional, de régimen. Y eso es lo que está en juego: el chavismo sin Chávez, aunque bajo un sucesor ungido personalmente por él en el palacio de Miraflores debería intentar su redefinición. La conclusión del razonamiento tiende a probar que el proceso de institucionalización del régimen creado por el difunto presidente fue divisivo y, por tanto, más precario y mudable de lo que habría sido deseable.

Todo esto, en fin, permite intuir que los herederos del teniente coronel, si ganan las elecciones harán bien en introducir cambios, empezando por la gestualización de la política cotidiana, desdramatizarla un poco y promover una lenta normalización social que haga eventualmente posible, por el bien de todos, la vuelta de la armonía y el fin de la ominosa división.

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