josé antonio alonso garcía
El reto diario de amasar
toda una vida rodeado de masas y el calor de los hornos. sin saber lo que eran unas vacaciones hasta que se jubiló ha disfrutado del trabajo con gran pasión

jesús f. salvadores
La vida de José Antonio Alonso García siempre ha estado vinculada al pan. Recuerda que con nueve años ya hacía la masa del pan del racionamiento, para lo que se tenía que subir en un taburete. Fue el primer día de enero del 2005 cuando dejó el negocio en manos de su hijo, Antonio Alonso Alegre.
José Antonio nació en el año 1939 en Hospital de Órbigo. Su padre era Antonio, astorgano conocido por el alias de Pirolo, por el que todo el mundo identifica también al ‘paisano’ de hoy, y su madre Rosario, natural de Hospital de Órbigo. La pareja contrajo matrimonio en 1923 y tuvo seis hijos, de los que en la actualidad viven tres.
Los padres de Rosario eran propietarios de una panadería en la localidad riberana en la que ella trabajaba. Antonio se ganaba la vida en un taller de carros en Astorga y al casarse se inició en el negocio de la familia de su mujer.
El 27 de diciembre de 1927, cuando Antonio y Rosario ya regentaban la empresa, un gran incendio se llevó por delante la panadería y su casa. El matrimonio comenzó de cero y el nuevo establecimiento pasó a llamarse panadería La Rosario. Sus hijos José Antonio y Luciano trabajaban con ellos.
En 1955 Luciano se independizó y puso en marcha su negocio en Veguellina de Órbigo. José Antonio se quedó en Hospital y en 1965 la panadería se empezó a denominar Alonso.
En 1958 José Antonio se casó con Carmen Alegre Cuevas, de Villarejo de Órbigo, quien a los pocos días se incorporó a la labor de panadera desde cero, puesto que descendía de una familia labradora compueta por cinco hermanos. Fruto del matrimonio tuvieron tres hijos, María del Carmen, Antonio y María del Pilar.
José Antonio recuerda los años dorados del negocio aquellos comprendidos entre 1978 y 1982. Las cifras hablan por sí solas. En un año de estos fuertes llegó a elaborar 91.000 kilos de harina. En 1975 fue necesaria la incorporación de tres empleados y durante los veranos los hijos ayudaban. Fue en 1985 cuando su hijo Antonio, conocido por todos como Toño, se incorporó de lleno en el negocio.
Durante este lustro de esplendor los meses de vacaciones de verano eran fuera de serie. Entre junio y septiembre se elaboraba tanto pan como el resto del año. Había que dar servicio a muchos veraneantes, sobre todo asturianos. José Antonio recuerda con orgullo que «los forasteros estaban muy contentos con el pan y con el servicio que se les daba».
Entre los años 1968 y 1972 la panadería Alonso elaboraba además 300 exquisitas hogazas de tres kilos la unidad que todos los domingos se ponían a la venta en Madrid.
La vida de José Antonio y sus compañeros de trabajo ha sido muy sacrificada. Los dos únicos días que no se hacía pan eran Navidad y Año Nuevo. A finales de la década de los 70 y principios de los 80 del siglo pasado no se trabajaba los domingos, pero debido a la competencia esta costumbre tuvo que abandonarse.
En la década de los 60 el trabajo obligaba a iniciar la jornada a las cuatro de la mañana. A continuación se hacía el reparto por los pueblos limítrofes para acabar hacia las tres de la tarde. Como la gente estaba en el campo cogían las llaves, que se encontraban en las gateras, y abrían las puertas para dejar el pan. Después de comer y echar la siesta había que picar leña para ‘alimentar’ los hornos al día siguiente.
En el negocio la evolución ha sido visible en todos los aspectos. El reparto se empezó haciendo con un macho y un carro para pasar por todo tipo de vehículos hasta la actualidad. El silbato y el claxon, elementos distintivos. La modernización en los hornos también ha sido muy evidente. En cuanto a los productos elaborados la variedad de panes es muy amplia, a lo que hay que añadir roscones, magdalenas, pastas, bollos preñaos y un largo etcétera.