Diario de León
Pacho Rodríguez
León

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Como en aquella pregunta mítica de «Amanece que no es poco», la de «¿y hay mucho Opus?», en León, por una reputación anterior, siempre se puede escuchar a alguien que reivindica por presente un pasado que tuvo a esta ciudad por lugar en el que la música se vivía como algo importante. Además de Madrid y Barcelona, y Vigo, y Granada y otras, León era un milagro. Pero ahora en León El Milagro es un bar, eso sí, altamente recomendable. ¿Y hay muchos grupos? Esa pregunta se repetía porque el sí era la repuesta.

En una ciudad negada para la autocrítica, porque la culpa siempre es de Valladolid, en estos tiempos nadie se plantea ideas comunes al respecto y pasa que hay muchos buenos músicos y otros, sólo con pinta de músicos.

León reproduce las mismas taras que el resto de lugares y negocio en cuanto al asunto musical. Se confunde la actitud con la apariencia y, casi como siguiendo leyes multinacionales, la tendencia es di que te va muy bien, que, milagrosamente, te irá mejor. Di que tienes amigos en Radio 3, y que casi tocas en Sonorama si no llega a ser por el efecto Raphael.

Esto no es nostalgia sino futuro. Porque por las carreteras secundarias que dan a paisajes asombrosos circula gente como Cooper, Arsel Randez & The Cahoots, Fabián, Gente Joven, The Bright o algunos otros nombres que deberían ser emergencia cultural leonesa.

Pero sí, falta gente más joven que ellos que antes de salir a tocar se ponga nerviosa, como si la primera fuera la última. Falta transgresión. Pero falta también en otras disciplinas culturales. Aunque al menos se puede decir que amanece que no es poco. Como siempre.

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