Diario de León

LA NOCHE QUE NO CANTÓ EN LEÓN

Aquel diluvio con Pantoja

La tonadillera pasó por León en San Juan de 1983. Embarazada de ‘paquirrín’, la lluvia impidió que cantara ante miles de leoneses que la esperaban en la plaza de Santo Domingo, con la fuente reconvertida en un gran escenario. Quién diría entonces que acabaría entre rejas

Pantoja y Paquirri, anunciando su embarazo aquel mismo año de 1983, en unas vacaciones en Mallorca

Pantoja y Paquirri, anunciando su embarazo aquel mismo año de 1983, en unas vacaciones en Mallorca

Ponferrada

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El recordado Vicente Pueyo, quien fuera redactor jefe de este periódico hasta su triste desaparición, tituló aquella noche de Isabel Pantoja en León como la de una sirena varada en medio de la lluvia. Fue el día de San Juan de 1983 y la tonadillera, embarazada de ‘Paquirrín’, no pudo cantar. Alguna vez más vino a tierras leonesas, como al teatro Emperador antes de que lo cerraran, pero ninguna como aquella aparición fallida, «crónica de una noche lluviosa en furgoneta con cantante, su madre y el torero», escribió Vicente en el antetítulo de su antológica crónica.

«Aquí en León no le valió la beatifica amistad a doña Ana (se refiere a la madre de Isabel Pantoja) porque justo un poco antes de las cero horas, con la plaza de Santo Domingo hecha una hoguera sanjuanera de corazones incinerados, un tremendo chaparrón apagó todo», escribió.

Minutos antes, Isabel confesó a Pueyo que nunca antes había cantado sobre una fuente, reconvertida en escenario. «Me gusta muchísimo, qué pena que esté lleno de agua», se lamentaba, resguardada en el interior de una furgoneta que hacía de improvisado camerino, con Paquirri y su madre haciéndole compañía. Paquirri, en lo más alto también entonces, confesaba a este periódico: «Estoy satisfecho de estar donde estoy, igual que mi mujer esta satisfechísima de estar donde está porque creo que es para estarlo. Y el día que nos vayamos -¡que paradora visto con el paso del tiempo! (Vicente lo remató diciendo que el diestro lo decía con la quietud de una verónica)- nos quedará esa nostalgia y esa pena de tenernos que ir».

La lluvia hizo que la furgoneta de la Pantoja, rodeada de admiradores en busca de autógrafos, pareciera «el barco de Cousteau» en una noche en la que tenía que haber cobrado por cantar en León un millón de pesetas, si bien su representante aclaró que sólo le quedaba el 30 por ciento. «Lo demás, para pagar a los músicos, el hotel y Hacienda». Si lo ingresó en la cuenta o no, ya no viene en la crónica.

Entonces, Pantoja pensaba en retirarse para dedicarse en cuerpo y alma al hijo que venía y a su torero. «El cante, la profesión, es muy cortita. Si me retiro en el mejor momento de mi carrera, me retiro por amor», confesó abiertamente.

Y en eso, cuando más llovía y en medio de la entrevista, se fue la luz en Santo Domingo. «¡Que no se mueva nadie, que lo mato!», soltó Paquirri «con sorna», aclara Pueyo, que por chicuelinas se despidió de la cantante con una pregunta final: ¿Cantarás mañana? «Si no para», respondió la tonadillera.

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