Un siglo de Casa Benito

Cien años de una barra legendaria

Las paredes de este emblemático establecimiento de la Plaza Mayor rezuman historia. Nada menos que cien años llevan abiertas las puertas de este mítico bar

Alfredo Méndez, de 88 años, rellena con esmero, como cada semana, el tablón con los resultados de la última quiniela.

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León

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La historia de este sitio con solera como pocos en León comenzó hace ahora cien años. Podría ser un mes de junio cuando Benito abrió las puertas de lo que en aquel entonces era una tienda de ultramarinos situada en plena Plaza Mayor de León, justo al lado de las escalerillas que bajan hacia el barrio de El Ejido. Decidió que en lugar de una tienda tradicional abriría un bar y le dio su nombre: Casa Benito.

Corría el año 1915 y lo que es hoy este bar entrañable daba cobijo a los transeúntes como una pensión antes de la Guerra Civil. Desde entonces todo sigue prácticamente intacto, las baldosas han sustituido al antiguo suelo de madera por exigencias de Sanidad y ahora una terraza ha pasado a ampliar el espacio de las viejas mesas corridas que tantas tertulias han albergado.

Aquí parece que el reloj se detuvo hace tiempo. Precisamente un reloj era hasta no hace tanto mejor testigo de la historia de Casa Benito. Un reloj ojo de buey de madera y mármol que la familia guardaba con cariño y que fue robado hace más de diez años. En la parte de atrás tenía inscrita la fecha del ‘nacimiento’ de Casa Benito. Ahora ya no está, pero otros tantos objetos dan buena cuenta de que este es un establecimiento de los de toda la vida.

Alfredo Méndez, hijo de Benito, se acuerda bien de la gramola que ponían a funcionar en Nochevieja para animar el baile de final de año. «Y de los callos, el pulpo, los bocartes o la ternera guisada que dábamos a los clientes en el 30 y tantos». Tiene 88 años y una memoria envidiable. «Natural de León», es todo un emblema del Barrio Húmedo. «En este barrio fuimos toda una institución», asegura. Cuando se asoma a la puerta de este establecimiento familiar, todo el mundo que pasa le saluda. Son muchos años aquí. De hecho, Alfredo es uno de los protagonistas de una foto que adorna una de las paredes de Casa Benito. «Es de 1935, ahí tenía yo ocho años» explica. Desde entonces lleva pegado, como quien dice, a la barra de este bar, testigo de lo que ha cambiado la Plaza Mayor en todos estos años. «Aquí se ponía la feria, el rastro y después la hicieron peatonal, se celebraban todos los actos importantes de la ciudad», recuerda. Y es que toda su vida está vinculada a este lugar.

En un rincón. Alfredo se afana en escribir cuidadosamente, tiza en mano, los últimos resultados de la quiniela. Un trabajo que hace con esmero cada semana desde hace ochenta años. «No me lleva más de diez minutos», aclara. «Empecé a trabajar aquí con 21 años, con la peña de la quiniela», explica. Desde entonces, no hay semana que no rellene el tablón.

Dos jóvenes hacen sus apuestas para la quiniela en un rincón de Casa Benito. Junto a ellos, una imagen histórica del local.

JESÚS F. SALVADORES

Jesús sostiene un cartel histórico de la Cultural.

JESÚS F. SALVADORES

Historias y personajes .

Guarda en su memoria cientos de historias y personajes, «como el de Vicentín, ‘El enano’ que se sentaba aquí para rifar tabaco y le tomaban el pelo porque sólo se le veía la cabeza». O la visita del escritor Paco Umbral a Casa Benito. «Paso por aquí y le invitamos a unas sardinas; era muy majo». También el escritor Antonio Gala estuvo entre estas paredes cargadas de historia —como demuestran las decenas de fotografías que las adornan y los recortes de Diario de León que han contado parte de ella—.

Umbral fue uno de los muchísimos clientes de este bar por el que han pasado personas de todo tipo y condición. «La clientela ha cambiado muchísimo, ahora es otro estilo», asevera Alfredo. Para él, también el oficio ha sufrido una enorme transformación con el paso de los años. «Antes era mucho más difícil ser tabernero, había que ir a buscar el vino a los pueblos, ahora le das a un botón y está casi todo hecho». Eso si, no se decanta por lo de antes ni por lo de ahora. «Es tan diferente que no podría elegir».

Su sobrino, Jesús, también lleva aquí toda la vida. «Ésta es mi casa, nací aquí arriba. Yo comía con los clientes y hasta aprendí a montar en bici en esta terraza», apunta. Después de muchos años detrás de la barra, asegura que «cada generación tiene sus pros y sus contras. La de ahora ha pillado la edad de oro del ocio español porque tiene la posibilidad de salir de fiesta todos los días. ¿El contra? que no tienen trabajo»,

«Aquí la única norma de inexcusable cumplimiento es el respeto, luego que cada uno sea como quiera», sentencia Jesús. Aunque él no se ha desvinculado de aquí, ahora son sus hijos los que llevan un negocio que ya va por su cuarta generación. No muchos pueden contarlo.

En las fiestas de San Juan y San Pedro eran unos cuantos los que se acercaban para comer, ahora sólo atienden desde la barra, aunque el día de la Purísima ofrecen un aperitivo. Es justamente ese día, el 8 de diciembre, el que han elegido como fecha de ‘cumpleaños’ porque «forma parte de la casa», ya que la exacta no la saben desde que desapareció el reloj.

Alfredo y Jesús, en uno de los rincones de su establecimiento.

SALVADORES

Tres clientes charlan en la barra junto a fotos antiguas. J.F. SALVADORES

Antes, se organizaban también partidas de cartas. «Aquí aprendió a jugar al mus todo León», afirma Alfredo. Se jugaba todos los días. Por aquel entonces un vaso de vino valía 15 céntimos. «Teníamos una bodega aquí abajo y también vendíamos al público», recuerda.

Tanto él como su sobrino coinciden en afirmar que, como todos, han notado el efecto de la crisis económica. «Ahora ya pasó, lo que queda es una nueva forma de vida», asevera Jesús. Y Alfredo asiente y añade: «crisis ha habido varias».

El mayor inconveniente ahora es «buscar el equilibro entre la tapa y el precio de la bebida, aunque aquí no vienen por la tapa. Antes no existía, eso se inventó hace relativamente poco», explica el hijo del fundador.

Han pasado cien años desde que Casa Benito abriese sus puertas y para conmemorarlo, esta familia hostelera ha organizado una serie de eventos bajo el nombre Encuentros alrededor de un porrón de años. Reivindican el porrón como punto de partida para comenzar una tertulia. Charlas frente a un vaso en alguna de sus legendarias mesas corridas de madera. «Estas mesas son para compartir porque no hay barreras que separen a quienes se sientan en ella, al igual que el porrón. Esa es la esencia de Casa Benito y por eso elegimos esa frase para celebrar el aniversario».

A falta de cerrar los detalles y con las fechas aún por determinar, Casa Benito acogerá pequeños actos relacionados con la historia de León. Una de las jornadas se dedicará a la lucha leonesa y congregará a todas las personalidades de la provincia relacionadas con este deporte tradicional leonés. Además, la literatura y otros sectores típicos de la provincia también tendrán un hueco en el programa.

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Nada menos que cien años de historia.