Publicado por
Antonio Papell
León

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La potencia con que Podemos irrumpió en el panorama político español, como transcripción política de la indignación ciudadana del 15M, no ha terminado de adquirir consistencia. Tras las europeas, las elecciones andaluzas y las autonómicas y municipales han situado a Podemos en un discreto tercer lugar, que sigue encabezado por los dos grandes partidos tradicionales. El panorama que se asoma a las elecciones generales es ahora cuatripartito, con dos formaciones mayores y dos menores —Podemos y Ciudadanos—. De este dibujo se desprende que surgirá la necesidad de formar un gobierno de coalición.

La no hegemonía de Podemos desactiva un discurso «pensado para ganar», como reconocían los principales responsables de la organización, ya convertida en partido político convencional. Las declaraciones utópicas que hablaban de un nuevo proceso constituyente, basado tácitamente en la expectativa de una gran mayoría, suficiente para acometer tal designio, pierden sentido en un marco en que Podemos es simplemente un actor de segunda fila. Y el hecho de que la fuerza política deje de ser vista como un colosal ‘movimiento’ para reducirse a un partido político más limita extraordinariamente la discrecionalidad del discurso, que se ha mantenido en una intencionada ambigüedad.

El proceso de primarias, que debía ser la seña de identidad principal de Podemos, no ha sido precisamente un éxito. La necesidad de mantener cierta homogeneidad y un mínimo control desde la cúpula ha frustrado a las bases, que han ahorrado su contestación. En cualquier caso, la participación, del 15%, no ha sido precisamente indescriptible. Algo preocupante en una formación que cree en la democracia directa y que ha criticado con dureza la oligarquización de los partidos tradicionales. Pero el principal problema de Iglesias es ahora ideológico. Ha rechazado ubicarse en la izquierda y ha apostado por la transversalidad, único medio de conseguir una mayoría. Pero ni el electorado acepta esta añagaza, ni sus conmilitones y allegados doctrinales transigen con esta indefinición. «Ahora en común» sigue reclamando a Iglesias la unidad de la izquierda, mediante una fórmula que ha dado resultado en los grandes ayuntamientos.

El 15-M y su desarrollo generó, entre otros movimientos sociales, el partido Podemos, creado para incidir activamente en nuestro régimen democrático. Nace con voluntad de romper los esquemas tradicionales del sistema de partidos procedente de la Transición». Pero a pesar de ello, entiende «más que justificada la coalición electoral de ambos partidos -IU y Podemos-, por una evidente coincidencia, con todos sus matices, de jna parte importante de sus programas y, finalmente, porque así lo exige la vigencia del actual sistema electoral». Claro está -pensará Iglesias- que por esta vía, es improbable que la coalición consiga rebasar las modestísimas cotas que alcanzó IU en toda la etapa democrática. Por eso Podemos tiene un problema

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