santa lucía
El corazón que sigue latiendo
A la izquierda, exterior del Casino. Abajo, la Junta Directiva y las instalaciones del bar.
El Casino de Santa Lucía de León es casi el último latido que le queda a la capital minera de la cuenca norte de León. Por sus calles ya no pasan las ‘fuscas’, los autobuses que llevaban a los mineros hasta los tajos, y las oficinas de la Hullera Vasco Leonesa apenas tienen actividad.
Todo parece pasado en este pueblo que aportó trabajo y generosidad a todo el que llegó y que resume parte de su esplendor en la decoración de este establecimiento hostelero, que mantiene su aspecto sobrio gracias a los 220 socios que pagan todos los años 44 euros.
El Casino sigue perteneciendo a la Vasco, aunque es gestionado por una junta directiva, con sus diferentes cargos, que preside Manuel Pascual.
Inaugurado el 4 de diciembre de 1950, festividad de Santa Bárbara, con el nombre de Círculo Recreativo y Cultural, en 1958 tenía 225 socios que pagaban una cuota mensual de 10 pesetas y en el año 2000, 307, a razón de 6.000 pesetas por socio.
En la cuenca gordonesa convivieron durante muchos años dos sociedades recreativas. La Hornaguera, en Ciñera, más de clases populares, y que ha vuelto a abrir como restaurante, y el Casino, en Santa Lucía, más elitista. Hoy, aquellos viejos conceptos han dado paso a una mentalidad mucho más abierta donde el Casino es el centro de reunión para todos y para todo. Santa Bárbara, por supuesto, pero también en Navidad, Semana Santa, el verano... De hecho, cuenta con una amplia y notable programación para el escaso presupuesto que maneja y la ausencia de ayudas de la Empresa, como se sigue conociendo a la Hullera Vasco Leonesa en la zona.
Manuel Pascual reconoce que es «el latido» que sigue dando vida a Santa Lucía de Gordón, un pueblo con múltiples atractivos, como sus montes, su propia estructura urbana, su situación en una carretera nacional, a las puertas del Pajares, pero que languidece por el declive de un sector todopoderoso en otro tiempo. Pero ahí sigue el Casino, abierto a todo el que quiera.
M.C. CACHAFEIRO