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andrés aberasturi
León

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Osea que ahora todo se para hasta ver qué pasa en las elecciones gallegas y vascas. Bueno, pues vale, total para lo que hay... Porque lo que hay es exactamente lo mismo que había tras las primeras últimas elecciones: la imposibilidad numérica e ideológica de formar un gobierno. Nadie se ha movido un milímetro y siguen enrocados contra viento y partido en unas posiciones que bloquean cualquier acuerdo. Sólo Ciudadanos se ha sentado en las dos mesas de los dos grandes y en las dos con insuficiente éxito.

En realidad casi todos están igual porque la situación de Sánchez en el PSOE empieza ya a ser insostenible y los capitostes del partido puede que tengan un ojo en la elecciones gallegas y vascas, pero el otro lo tienen directamente en el cuestionado secretario general.

Pero es que en el PP por fin suenan voces discrepantes gracias al enorme error del amago de Soria para el Banco Mundial. Intentar una vez más echar balones fueras para dejar a Rajoy en el limbo de la inocencia y cargar toda la culpa a de Guindos, ya no cuela. En realidad nunca ha colado la ignorancia de Rajoy en la sucesión de escándalos que han llevado al partido de Génova a donde le han llevado, pero el aparato callaba salvo algún verso suelto que se atrevía a llevar la contraria o a discrepar. Hoy ya no es un verso suelto, hoy ya es un soneto con estrambote quien empieza a decir las cosas con una cierta claridad pero Rajoy, como Sánchez, sólo escucha a los suyos.

Si hay terceras elecciones tampoco va a cambiar nada salvo el previsible aumento de la abstención, pero eso no les preocupa a los políticos. Que la gente esté harta y diga que hasta aquí hemos llegado, les da exactamente igual. Porque tenemos una clase política a la que le importa mucho más su situación que la hartura de los ciudadanos. La gente está harta de su incompetencia y salvo los devotos y paniaguados, el personal jura en arameo. Da igual. Habrá terceras elecciones y el bucle seguirá hasta que alguien vea el peligro del dislocamiento de un país que si siempre ha podido estar invertebrado, ahora está a punto de romperse. Y un país cabreado y en crisis, siempre es un peligro. Allá ellos si no se dan cuenta.

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