Lo que crees, lo creas
Nunca fui capaz de tirarme de cabeza a la piscina. Cada vez que iba a hacerlo me veía a mí misma cayendo en plancha. ¿Tenía menos capacidad que el resto? No. Lo que pasaba es que justo antes de tirarme me decía a mí misma que no iba a poder, que me iba meter un planchazo y que no me saldría. Era mi propia profecía autocumplida.
Porque lo que nos pasa es consecuencia directa de lo que estamos pensando. Y si cuando hacemos algo lo hacemos pensando que el resultado va a ser malo, provocamos ese resultado. Ya sea en una entrevista de trabajo, cuando conoce a alguien o en un examen, si centra la atención en meter la pata, aumenta las probabilidades de que eso pase. Es decir, lo que piensa, lo atrae.
Por ejemplo, si va a esa entrevista pensando que no vale y que seguro que no le cogen, transmitirá unos nervios y una inseguridad que harán que, efectivamente, no le cojan. Porque poner el foco en sus miedos y en sus debilidades hace que actúe de una determinada manera. Y eso condiciona que sus resultados sean unos u otros.
Así que, si quiere dejar de ponerse límites, aquí tiene tres claves que pueden ayudarle:
Ponga su GPS en positivo. Por ejemplo, en vez de pensar “seguro que no digo más que tonterías”, repítase en voz alta que va a estar tranquilo. Recuerde que el pensamiento positivo es como un músculo. Cuanto más lo usa, más se fortalece.
Piense en lo que quiere que pase. Visualícelo con todo lujo de detalles: lo que dirá, lo que hará, lo que sentirá y cómo responderá si hay algún imprevisto. Dedique diez minutos al día a visualizar cualquier situación que le genere miedo o ansiedad.
Confíe en la vida. Es curioso pero cuando uno espera lo mejor de la vida y de las personas, eso es lo que obtiene. Por supuesto que no significa que todo vaya a ir bien sólo por confiar. También tendrá que hacer algo, pero si lo hace desde el miedo, la desconfianza o la negatividad, tendrá muchas menos probabilidades de acertar.
Recuerde que lo que cree, lo crea. Así que elija qué creer para crear la vida que desea.