Isabel Sartorius vuelve a sonreír
En medio del caos político-financiero en el que estamos metidos, salta una agradable noticia, la relación sentimental entre Cesar Alierta, presidente de la Fundación Profuturo, e Isabel Sartorius. Dos personajes que por su posición social y económica atraen el interés de los medios de comunicación. Él porque se quedó viudo recientemente y durante años fue uno de los hombres más poderosos del país desde la compañía Telefónica, ella porque la fama le persigue desde que se supo que era la novia del Príncipe Felipe cuando este empezaba a despertar a la vida. Todo ello le ha impedido vivir con naturalidad sus avatares sentimentales, debido a que siempre estaba pendiente de dónde estarían escondidos los fotógrafos y del qué dirán. Una situación que le ha marcado el carácter y le ha impedido amar sin que la sombra del heredero se interpusiera entre ella y algunos de los hombres que han formado parte de su vida sentimental.
Alierta y Sartorius son hoy dos personas libres de ataduras sentimentales, que se están conociendo y que solo el tiempo dirá si están hechos el uno para el otro o no.
Reconozco que Isabel es una de mis debilidades, incumpliendo mi propio código de no encariñarme con los famosos. Y lo es porque he vivido de cerca lo mucho que sufrió durante el romance con Felipe al saberse vigilada las 24 horas del día y, después, porque han sido pocos los hombres que han aceptado de buen grado que aquella relación de adolescentes se la recuerden constantemente, sin tener en cuenta los años que han pasado de aquel romance juvenil, del que solo queda una buena amistad, como no podía ser de otra manera.
A Alierta le conozco por lo que la prensa publica de él. Un hombre serio, trabajador, hecho así mismo, y que ahora dedica su tiempo y dinero a llevar a cabo proyectos sociales en Nigeria a través de la Fundación Profuturo. Un trabajo que le permite devolver a la sociedad parte de lo que la sociedad le ha dado. Los dos lleváis la mochila llena de experiencias, experiencias de todo tipo, unas podrán gustaros menos que las otras, pero lo importante es aceptaros como sois. Si lo logran, la relación será un éxito porque los dos se lo merecen.