PATRIMONIO
El día que casi tiran el Mercado, la iglesia que sigue en pie de milagro
La historia contemporánea de León está marcada por la pérdida irreparable de un patrimonio arquitectónico y artístico de primer nivel. La iglesia de Nuestra Señora del Mercado estuvo a un paso de desaparecer en el siglo XIX. Así lo cuenta el historiador leonés Guillermo Carrizo

La plaza del Grano con la iglesia del Mercado al fondo, en una imagen antigua.
Guillermo Carrizo es un historiador leonés que lleva más de seis años rastreando los archivos históricos. Su objetivo es «intentar comprender mejor cómo ha llegado la ciudad de León a ser lo que es ahora» porque asegura que «aunque pueda parecer que todo está descubierto, no paran de aparecer cosas interesantes y desconocidas sobre nuestra historia». Un minucioso recorrido por las entrañas de la ciudad y su historia que le ha llevado a conocer muchos y muy variados detalles que dicen mucho de León. Y de lo que fue.
Así fue como se dio cuenta de que hubo un día en el que el Ayuntamiento de León quiso derribar la Iglesia del Mercado. «Corría el año 1936 cuando el Ayuntamiento de León desarrollaba un plan para la reorganización de la vida civil y religiosa de la ciudad. Entre otras cosas, se planeaba el derribo de la parroquia de Nuestra Señora del Mercado, trasladando su culto al convento de san Francisco y ensanchando al popular Plaza del Grano», explica. El objetivo no era otro de «hacer desaparecer a las callejas tristes, insalubres y perjudiciales de los alrededores», en una clara alusión a las actuales Capilla y Mercado. Así consta en los archivos en los que ha ‘buceado’ Carrizo en los últimos años. Era una cuestión más estética que lógica y que hubiera transformado el panorama actual de la ciudad y sesgado parte de su patrimonio.

Escrito del archivo histórico sobre la reunión del Ayuntamiento en 1836. El objetivo era "hacer desaparecer las callejas tristes, insalubres y perjudiciales de los alrededores.
Pero corrían malos tiempos y el Ayuntamiento no podía materializar sus planes de destrucción. «En aquel entonces, sufría una gran escasez de fondos que le impedía realizar obras de envergadura», explica este historiador.
Tras la breve invasión carlista, en agosto de 1836, el reforzamiento de las defensas de la ciudad se convirtió en algo prioritario. «Podría decirse que, por una vez, una guerra sirvió para algo positivo, pues evitó la destrucción de la Iglesia del Mercado», señala Carrizo. Sin embargo, llevar a cabo estos planes habría enfrentado al ayuntamiento con muchos de sus devotos. El país estaba sumido en la Guerra Civil y los fondos municipales se destinaban a gastos militares, como la fortificación del convento de San Isidoro y el reforzamiento de las murallas. «Las necesidades de la guerra aparcaron los planes de destrucción de la parroquia de Nuestra Señora del Mercado, salvándola milagrosamente de la desaparición».
Los cambios del 36
Y es que aquel año, el 36, trajo muchos cambios a León. «Mientras se dotaba a la ciudad de un alumbrado público bastante deficiente, las tensiones políticas estaban a flor de piel», argumenta Carrizo. Según su testimonio, tras la desamortización de 1835, se suprimieron los conventos de San Claudio, Santo Domingo y San Marcos y se buscó dar un nuevo uso a esos complejos. «Los dos primeros se irían desmantelando paulatinamente, empleando sus piedras en obras de todo tipo como alcantarillado o reforzamiento de la muralla, mientras que en San Marcos se quería impulsar la creación de una universidad. Se consideraba que el hospital de San Antonio Abad tenía que situarse fuera del casco urbano por cuestiones de higiene, así como trasladar el culto de Nuestra Señora del Mercado al convento de San Franscisco, destruyendo su iglesia y ensanchando la plaza del Grano».
Para Carrizo, la lista del patrimonio desaparecido «es interminable» y destacaría edificios como el convento de San Claudio, el antiguo hospicio y las monumentales puertas de acceso al recinto amurallado. «Por el camino también se han quedado casas solariegas, iglesias como la de San Juan de Renueva, San Lorenzo y San Salvador y teatros como el Alfageme y el Principal».
La llegada del ferrocarril, en 1863, es para él el hecho histórico más importante de León, pues «consiguió engancharse al tren del progreso y la ciudad experimentó un desarrollo notable por el que surgieron nuevos barrios, creció la población y mejoraron las comunicaciones». Antes de este acontecimiento, una noticia tardaba cinco días en llegar desde Madrid.
Cierto que el panorama ha cambiado mucho entre aquel León y éste y la historia que se recoge en los archivos son fieles testigos de esta transformación que arroja datos de lo más curioso como éstos que ha recogido Guillermo Carrizo y que ayudan a entender mejor el paso del tiempo.