El juego que deja cicatriz
Los salones de juego proliferan frenéticamente en las zonas azotadas por la crisis económica, hasta diez en un radio de 250 metros.
Un hombre revisa una página de apuestas deportivas en internet.
Gana, gana, gana! ¡Apuesta, apuesta, apuesta!». Una voz en off repite frenéticamente las dos frases durante la pausa publicitaria de la emisión de un Barça-Real Madrid. En el siguiente ‘spot’ un conocido actor invita a unirse a «la casa de apuestas más grande del mundo». Cuando está a punto de echar a rodar el balón en la segunda parte del partido, el mismo locutor que narra el encuentro también informa a su audiencia de las cuotas —premios que se reciben por cada resultado acertado— bajo el rótulo de ‘publicidad’. En España, los fumadores nunca verán un anuncio que les incite a fumar, al igual que las botellas de ron o de whisky, que ya no lucen en el mobiliario urbano. Pero el ludópata no tiene protección legal contra el bombardeo
Aunque estos son anuncios dirigidos al juego ‘online’, las apuestas deportivas, que abandonaron los salones a principios del siglo XXI para triunfar en internet, han regresado con fuerza a las calles, una moda que recorre sobre todo con los barrios más azotados por la crisis. Actualmente existen 2.896 salones de juego operativos en España, 425 más que el año anterior. Andalucía es la comunindad donde más hay (746), mientras que Valencia fue la que experimentó un crecimiento más grande, de cero a 382 recintos nuevos en los dos últimos años, según recoge el informe anual de la Dirección General de Ordenación del Juego, organismo dependiente del Ministerio de Hacienda.
En estos locales, sin ventanas al exterior, hay ‘tragaperras’ de toda la vida, pantallas que simulan mesas de póker virtual e incluso maquinas con gancho para atrapar relojes y peluches. En algunas se sirven hamburguesas y cerveza —a veces de forma gratuita, para retener más tiempo a los clientes— pero la joya de la corona son las apuestas deportivas, todo a través de televisores que retransmiten en directo desde partidos de fútbol hasta carreras de caballos o galgos.
«Existen calles en las que llegan a coexistir una delante de otra en cada acera. Vas andando de casa de apuestas en casa de apuestas. Es una tentación muy grande para los jugadores rehabilitados, les ponen las cosas más fáciles. Un ludópata se rehabilita, pero nunca se cura. Cada vez se abren más y son mucho más peligrosas», explica Victoriano Dolada, presidente de la Asociación Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL), que reconoce que cada mes reciben más llamadas de jugadores y familiares de estos pidiendo ayuda, «estamos recibiendo alrededor de unas cincuenta cada mes, sobre todo de familiares, y eso es muchísimo, más que nunca. Todas hablando de situaciones muy duras». «Cada vez se hacen menos controles para jugar. Debería ser obligatorio que te pidieran el DNI, pero no siempre te lo piden. En la zona de Ciudad Lineal (Madrid) es habitual ver a menores entrar tranquilamente. A ellos no les piden el carnet», añade Sin embargo, desde Cejuego, la asociación que agrupa a las principales empresas del sector niegan dichas acusaciones.
Los españoles jugaron 1.681 millones de euros en apuestas presenciales en 2017, un 14% más que el año anterior.