Lo que siento
Cuándo fue la última vez que estuvo triste? ¿Que sintió rabia? ¿Y miedo? Seguramente haga menos de una hora, pero lo más probable es que no se haya dado cuenta. Todos pasamos por multitud de estados emocionales diferentes a lo largo del día, pero la mayoría nos pasan desapercibidos. ¿Por qué? En primer lugar porque nadie nos ha enseñado a reconocer nuestras emociones. Y, en segundo lugar, porque hay quien cree que las emociones son malas y que es mejor no sentir nada.
Tan absurdo como imposible, porque la emoción que no se escucha aparece por otro lado, muchas veces en forma de enfermedad. Además de que gracias a esas emociones podemos hacer el duelo de una pérdida, identificar cuando alguien ha traspasado nuestros límites o huir cuando estamos en peligro. Así que fíjese si son importantes.
Entonces, ¿qué hacer con ellas? Así, en resumen, lo primero es que se permita sentir esa emoción, sin juzgarla ni juzgarse. Después que piense para qué está ahí, qué es eso bueno que esa emoción quiere hacer por usted. A continuación reflexione sobre qué la ha producido, un pensamiento, algo que ha visto, que le han dicho… Y, por último, decida qué quiere hacer con esa emoción para canalizarla de una forma más eficaz. Si siente enfado tal vez la solución sea expresarlo, si siente envidia tal vez la solución sea aceptar que hay algo que quiere y no tiene, si siente culpa tal vez necesite perdonarse o pedir perdón.
Por supuesto, aprender a gestionar las emociones es algo que requiere de observación y práctica. Y para ello nuestro día a día es la mejor escuela. ¿Se apunta? Puede ponerse tres alarmas a lo largo del día para parar e identificar cómo se siente en ese momento y qué le ha hecho sentirse así. O, cuando se despierte por la mañana, lo mismo que elige la ropa que va a ponerse, elegir qué emoción quiere que le acompañe ese día, pensar qué le ayuda a sentirse así y hacerlo. Y rodéese siempre de personas que le hagan sentir como quiere sentirse, esa también es una forma de gestionar sus emociones.