Diario de León

AMBICIÓN Y SUPERACIÓN

Estrés, falta de reconocimiento y un largo camino de aprendizaje, principales dificultades de un músico profesional

Los intérpretes David Blanco y Elsa Sánchez cuentan su experiencia en primera persona para lograr un sueño: vivir de la música

David Blanco es un violista y musicólogo leonés, afincado en Bélgica desde hace 3 años, donde estudia viola y ha tocado con algunas de las orquestas más importantes de Europa. MEREL DE COORDE

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El estrés, el miedo escénico, la precariedad y el síndrome del impostor son solo algunos de los desafíos a los que diariamente se enfrentan los músicos ‘amateurs’, pero especialmente los músicos profesionales. Para lograr la perfección que requiere este arte, el nivel de exigencia es máximo e implica una larga carrera profesional que comienza en edades tempranas. En España, aquellos niños que deseen aprender a tocar un instrumento de forma reglada comienzan sus estudios a los 8 años y estos se prolongan hasta los 18 años, momento en el que deben decidir si quieren dedicarse profesionalmente a ello o desarrollarse en otro ámbito.

Aunque los últimos datos señalan que más de 300.000 personas estaban matriculadas en estudios de música en 2021 en centros españoles, pocos de ellos podrán optar a dedicarse exclusivamente a esta profesión. El camino del músico es largo y no está exento de dificultades, como bien saben los intérpretes Elsa Sánchez y David Blanco.

«Cuando te dedicas profesionalmente a la música tienes que hacer sacrificios porque te pierdes muchas cosas. La música requiere muchas horas de estudio y dedicación, incluso, no tener vacaciones. A nivel profesional hay muchas oportunidades en verano porque hay encuentros con orquestas jóvenes y festivales. El mayor desafío ha sido sacrificar mi tiempo libre para ensayar», cuenta Elsa Sánchez, violinista profesional madrileña de origen leonés.

Asimismo, la intérprete recuerda que «el hecho de subirte a un escenario, tenerlo todo bajo control y los nervios y presión por hacerlo bien» influyen también en el ejercicio de la profesión porque la «hace complicada y ha sido clave dentro de la carrera profesional».

Elsa Sánchez comenzó sus estudios con siete años en el Conservatorio Profesional de Música ‘Joaquín Turina’ de Madrid, donde cursó durante 10 años el grado elemental y el grado profesional. Al terminar el bachillerato, estudió el grado superior en interpretación de violín en el Real Conservatorio de Música de Madrid y, posteriormente, realizó el máster de interpretación solista en la Hochschule für Musik und Theater ‘Felix Mendelssohn Bartholdy’ de Leipzig en Alemania, con el profesor Friedemann Wezel. Ha sido concertino de la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid y miembro de la European Union Youth Orchestra y de la Joven Orquesta Gustav Mahler de Viena, las dos orquestas jóvenes más importantes del mundo. Además, ha sido fundadora de las orquestas españolas Opus 23 y Barbieri Symphony Orchestra, y ha colaborado con la Orquesta de la Comunidad de Madrid.

La artista comenzó sus estudios musicales impulsada por su madre, quien la impulsó a cultivar una educación musical desde la infancia. «Ella siempre había tenido la idea de que sus hijas tuvieran conocimientos musicales, aunque no nos dedicáramos a ello. Desde que tenía 3 o 4 años me pasaba el día cantando y yo decía que quería ser cantante de ópera, así que mi madre investigó donde podía estudiar canto. Fue a la escuela de canto y le dijeron que todavía era muy pequeña para estudiar eso. Cuando tenía 6 años hubo unas puertas abiertas en el conservatorio donde estudié y fui a verlo. Me gustaron mucho los instrumentos de cuerda y me dio a elegir, y, al final, escogí el violín», recuerda.

Desde 2016, la intérprete forma parte de la Orquesta Nacional de España como violín segundo, siendo la integrante más joven en conseguir entrar al conjunto sinfónico. Aunque se encontraba cursando el máster en Alemania, decidió prepararse las pruebas de acceso y consiguió su plaza. «Mi idea era probar para ver cómo se me daba porque eran muy difíciles, aunque las había preparado mucho. Sin embargo, conseguí aprobar las pruebas de la orquesta y alargué el máster para hacerlo en más meses. Estuve trabajando en la orquesta, mientras terminaba y ya hace 8 años que estoy en la orquesta. Estoy muy contenta», afirma Sánchez.

Elsa Sánchez es una violinista de origen leonés que forma parte de la Orquesta Nacional de España.juan val

Por su parte, David Blanco comenzó sus estudios musicales a los 8 años, aunque sus padres no se dedican a ello, la música siempre estuvo presente en su familia. «Yo comencé en una escuela de música pequeñita que ya cerró en León y de ahí pasé al Conservatorio. Tanto yo como mis hermanos probamos el tema de la música, pero yo fui el único que siguió con ello», cuenta Blanco.

«Mi abuelo tocaba la bandurria y cantaba en una tuna en Cacabelos en el Bierzo y a raíz de eso entró la música en mi familia. Desde pequeñito, iba a ver a mi abuelo a los conciertos y veía lo bien que se lo pasaban. Es un estilo de música diferente al que empecé que era música clásica y ha sido curioso porque mi abuelo hace poco se ha metido a la escuela de música después de años y ahora también está aprendiendo de forma reglada. Es interesante ver como se cierra el círculo», añade el leonés.

David Blanco es un violista profesional leonés y musicólogo. Sus inicios en la música se encuentran en el Conservatorio Profesional de León, donde estudió el grado elemental y profesional. Más adelante, se trasladó a Salamanca a cursar el grado superior en interpretación de viola con el profesor Néstor M. Pou en el Conservatorio Superior de Castilla y León y simultáneamente realizó el grado en Historia y Ciencias de la Música en la Universidad de Salamanca. Al terminar sus estudios, decidió cursar el máster en interpretación de viola en el Koninklijk Conservatorium Antwerpen en Bélgica junto al profesor Leo de Neve.

A lo largo de su trayectoria ha formado parte de orquestas jóvenes como Juventudes Musicales, la Joven Orquesta de León y otras orquestas como la Sinfónica Joven de Galicia, de Cantabria, de Castilla y León y Canarias. Además, ha colaborado con ensembles profesionales como la Orquesta Sinfónica Cristóbal Halffter, la Orquesta Ibérica, la Camerata Clásica de Ponferrada, la Maastricht Academic Chamber Orchestra, la Young Orchestra Flanders o la Neue Philharmonie München. Actualmente, combina sus estudios de postgrado en viola junto al profesor Tony Nys en el Koninklijk Conservatorium Brussel con trabajo ‘freelance’ en ensembles profesionales como la Opera Ballet Vlaanderen, el Canens Quartet, el Ataneres Ensemble, la Frascati Chamber Orchestra o la Brussels Philharmonic.

Su objetivo es claro: «dedicarse a hacer música» y preferiblemente ser intérprete en una orquesta. «Este año estoy estudiando el postgrado y, al mismo tiempo, empezando a trabajar con alguna orquesta. A medida que avanzas en los estudios, te vas especializando más y tienes menos asignaturas teóricas porque se da mayor importancia a la práctica. El postgrado es básicamente tocar y preparar pruebas de orquesta», afirma Blanco.

El leonés es consciente del reto que supone la profesión, ya que el hecho de planteárselo es «ya complicado». «Yo sacaba buenas notas en el instituto y tenía otras inquietudes como la física o la química. Entonces realmente si quieres intentarlo, debes ir a por todas y cerrar otras puertas porque de lo contrario no lo consigues. No eres capaz de dedicarle el tiempo que necesitas a cada cosa. Desde que empecé el conservatorio siempre ha habido la duda de si el esfuerzo merece la pena, pero a base de pequeñas victorias lo vas viendo. Mi filosofía es dar todo lo posible al máximo y luego ya llegarán las recompensas», cuenta el violista.

Salud mental en la música

Uno de los grandes desafíos es la presión y el estrés que sufren en el ejercicio de la profesión, especialmente en edades más tempranas. El estudio ‘Can Music Make You Sick?’ de la Universidad de Westminster señala que los músicos pueden estar tres veces más expuestos a sufrir depresión que las personas en general. Los investigadores encontraron que el 68,5% de los músicos cree que ha experimentado depresión, mientras que un 71,1% afirma que ha experimentado ansiedad o ataques de pánico.

El estudio de la música suele comenzar a edades tempranas, por lo que se deben compaginar con los estudios obligatorios y el bachillerato. Aunque cada persona lo experimenta de una forma diferente, la simultaneidad de estudios es un denominador común en la carrera de los músicos españoles.

«Cuando era más pequeña no vivía tanto la presión porque era menos consciente de ello. En mi familia, mi madre nos ha enseñado a ser muy organizadas con nuestro tiempo y no me sentía tan agobiada. Aunque dedicaba mi tiempo libre del colegio a estar en el conservatorio, me gustaba tanto que lo veía como una alegría. Yo me lo pasaba muy bien, me encantaba aprender y me gustaba el ambiente y estar con los compañeros. No era una obligación. Sin embargo, es verdad que cuando vas creciendo eres más consciente y te vuelves más exigente y quisquilloso, la presión va aumentando conforme pasan los años», cuenta la violinista.

Sánchez recuerda también que su «peor momento» fue cuando compaginó los últimos años del grado profesional con el bachillerato». «Esos años los recuerdo como los más duros y el nivel de exigencia era máximo por la selectividad. Los temarios eran larguísimos y era buena estudiante, así que me gustaba llevarlo todo bien preparado. Entonces ese nivel de tener buena preparación en el colegio y en el conservatorio es un nivel de exigencia muy alto, aunque te prepara para una carrera. El último año recuerdo estar agotada. No recuerdo que me superara la situación de no poder hacerlo, pero sí recuerdo estar muy cansada», detalla.

violista tocando

El violista David Blanco durante un ensayo.MARC LAMOTE

En el caso de David Blanco, cuenta que vivió una situación similar debido a la «carga de horas» que supone el conservatorio. «En España, se tiene el concepto de conservatorio profesional que significan 10 años de estudio de instrumento, pero también muchísimas otra cosas como análisis, composición, coro... Esto al final es muchísima carga semanal y es mucho tiempo que cuando tienes 16 años es un infierno, pero todos hemos pasado por ahí. Si quieres intentar hacerlo lo mejor posible en el instituto y en el conservatorio a la vez, es muchísima cantidad de horas», explica el musicólogo.

Aunque reconocen que ambas cosas se pueden compaginar, destacan que «el tiempo es limitado y no puedes dar el máximo en los dos sitios». «Para aquellos que soñamos con entrar en una orquesta, si no te esfuerzas al máximo, lo vas a tener complicado», apostilla Blanco.

El papel de la música en la sociedad

Otro de los retos a los que se enfrenta la música clásica es su reconocimiento dentro de la sociedad. Muchos músicos deciden formarse en el extranjero motivados por las oportunidades que existen en otros países europeos.

«En Europa, la cultura que hay en torno a la música es bastante mayor que en España. En Alemania, tienes una orquesta hasta en el pueblo más pequeño, aunque sea más pequeña, tienen actividad. Hay más educación sobre música clásica y la gente suele estudiarla, aunque no se dedique a ello. Allí conocí a muchísima gente que habían estudiado un instrumento, aunque luego no se dedicaran profesionalmente. Eso obliga a que haya más escuelas, más conservatorios, más profesores y más reconocimiento. Ahora en España parece que está cambiando un poco la tendencia, pero sí que creo que es más difícil dedicarte a la música aquí», detalla la intérprete.

En este contexto, la violinista cree que el problema es el planteamiento de la música dentro de las escuelas y colegios. «En la mayoría de los colegios, la asignatura de música es una asignatura ‘light’. Te lo pasas bien, no haces mucho y aprendes a tocar algún instrumento con suerte. Ahora creo que cada vez hay más profesores que se preocupan porque aprendan no solo la flauta o la guitarra, sino también que aprendan a apreciar la música en sí y a escuchar música clásica», detalla.

«Algunos profesores creo que lo intentan, pero nos queda mucho camino por recorrer en general en las artes. Plástica o dibujo siempre se consideran las asignaturas de descanso y relleno. La parte artística del ser humano hay que desarrollarla también y se podría incidir más en ello. Creo que para el ser humano la música es algo que está muy presente en sus momentos de ocio. La gente tiene que ser consciente de que es algo muy importante», añade.

Una de las mayores reivindicaciones y que mayor polémica suscita es la equiparación de los títulos musicales a un grado universitario. Aunque muchos músicos reivindican que los grados en el conservatorio superior deben tener la misma consideración que un grado universitario, las opiniones son dispares.

Elsa Sánchez cree que debe tener esa consideración porque «así la gente comprendería que esta es una carrera como otra cualquiera». «Cuando te dedicas a la música la gente te pregunta que más haces como si hacer esto no fuera suficiente tarea. Hay gente que desconoce lo que es un músico profesional. Por estas razones, creo que convertirlo un título universitario expondría que esto es una carrera universitaria», apunta.

La intérprete afirma que la música «es la carrera que más años lleva porque son 4 años el grado superior, pero los 10 años previos son necesarios para poder llegar a ello». «Creo que el título universitario ayudaría a dar visibilidad a ese esfuerzo que hacen los músicos por tocar un instrumento de manera profesional. Lo pondría en valor», remata.

músicos tocando

Elsa Sánchez en el concierto extraordinario por el 150 aniversario de la Real Academia de España en Roma realizado por la Orquesta Nacional de España.JOSE LUIS PINDADO

Por su parte, Blanco cree que se trata de un problema con un «trasfondo más social». Por ello, el violista no «reivindica tan fuerte el hecho de convertir los conservatorios en universidades». «Hay muchos profesores que son muy brillantes enseñando el instrumento, pero por estas nuevas regulaciones que intentan acercar el conservatorio a la universidad se les exige unos méritos de investigación que no tienen y les espanta. El conservatorio debería centrarse en tener los mejores profesores posibles en sus instrumentos y que no se les juzgue por otros méritos».

«Si comparas entre España y Bélgica, la consideración que se le da al músico aquí está menos respaldado. Es curioso porque se lucha mucho en España porque se considere la titulación del músico como una carrera, pero eso no es necesariamente lo que la música necesita para ser respetada. Aquí en Bélgica la carrera tampoco está englobada en la universidad, sino que es un grado superior, pero no por ello, se minusvalora la labor del músico. Hace más falta una transformación social», cuenta Blanco.

En este sentido, el leonés cree que «falta respaldo institucional». «En Bélgica, es más sencillo trabajar como ‘freelance’ porque tienes más facilidades para facturar y trabajar para empresas. Yo estoy empezando a trabajar bastante en la Orquesta Sinfónica de Bruselas, pero no de una forma tan regular como para poder ser autónomo. Sin embargo, tienen mecanismos que te ayudan a poder empezar en esto sin que te salga a deber dinero», matiza el músico.

Por otro lado, el violinista también atañe a la imagen que se tiene de la música debido al «elitismo que hay». «Es complicado mejorar la imagen que se tiene de la música clásica teniendo en cuenta el profesorado que hay. Hay muchos músicos frustrados y opiniones de la música demasiado bohemias y elitistas de la ópera y el canto gregoriano. Creo que la música es mucho más que eso», afirma.

El caso de Castilla y León

A pesar de que la Comunidad de Castilla y León es la quinta región con más orquestas sinfónicas y de cámara, la región también es la segunda comunidad con menor asistencia a conciertos de música clásica. Para David Blanco, este fenómeno responde a la falta de costumbre dentro de la sociedad.

«En Castilla y León, los conciertos de música clásica se consideran como un fenómeno excepcional. Una vez al mes hay uno. En cambio, asistir a conciertos es tradición en Bélgica. La gente lo hace cada viernes y cada domingo. Existe más el hábito y, por tanto, facilita que haya mayor financiación y la gente compra más entradas. Este tipo de cosas en Castilla y León solo se puede ver en Valladolid», afirma el leonés.

En este sentido, los músicos castellanos y leoneses tienen dificultades para encontrar referentes, ya que solo existe una orquesta sinfónica profesional con programa continuo en toda la comunidad, la Oscyl y, además, la mayoría de conciertos se concentran en Valladolid, mientras que otras comunidades cuentan con mayores opciones. «No sé si existen estadísticas sobre cuántos músicos hay por región, pero en todas las orquestas que estoy tocando, tanto fuera de España como nacionales, la cantidad de músicos de Castilla y León es muy reducida», cuenta Blanco.

A este respecto, el musicólogo recuerda que «si vives en una región con muchas capitales de provincia y con mayor financiación para orquestas, puede ser más posible, pero en León y Castilla y León, hay pocas opciones».

Ante esta situación, la violinista Elsa Sánchez apuesta por «acercar la música a la gente». «No se puede pretender que a la gente le guste algo que desconoce. Es importantísimo que tengan una educación musical desde los colegios mediante el fomento de la escucha. Creo que hace falta enseñar a la gente a amarla porque no te puede gustar algo que desconoces y también hacer más conciertos en pequeñas localidades. El tener educación musical te permite disfrutarla y valorarla. Habría que acercar la música hasta el pueblo más pequeño de la montaña leonesa», afirma la intérprete.

Aunque la Comunidad cuenta con su propia orquesta joven (la Oscyl joven), fundada en 2022, Blanco denuncia que «es una propuesta que llega muy tarde porque en otras comunidades lleva ya décadas». «Yo formé parte de la orquesta y fui de los fundadores de la misma. Creo que es un proyecto importante, especialmente para vincular la orquesta profesional con la gente joven. La Orquesta joven de Castilla y León sirve un poco como vínculo entre los conservatorios, los músicos más jóvenes y el mundo profesional. Lo veo muy interesante», detalla. 

Próximos retos

Para el futuro, ambos músicos quieren seguir disfrutando y haciendo lo que más les gusta: tocar música clásica. «Me encantaría poder trabajar en una orquesta en España. Aunque el ambiente cultural de Bélgica me encanta, como en España no se vive en ningún sitio. Me he relacionado con algunas orquestas profesionales de España como la Orquesta de Galicia y son sitios en los que me encantaría trabajar. Es un poco complicado, pero vivir de esto me hace muy feliz», cuenta orgulloso David Blanco.

Por su parte, Elsa Sánchez «se sigue viendo en la orquesta tocando y disfrutando de la música». «Yo estoy muy contenta con el trabajo en orquesta. Esto fue lo que siempre soñé y siempre me gustó. Me gusta mucho lo que hago y lo disfruto. Es mi trabajo, pero no es mi trabajo porque voy contenta a trabajar y no me supone ningún esfuerzo. Quiero seguir dando lo mejor de mí misma dentro de lo posible», concluye.

David Blanco, musicólogo y violista leonés

«Para aquellos que soñamos con entrar en una orquesta, si no te esfuerzas al máximo, lo vas a tener complicado»

Elsa Sánchez, violinista de la OCNE

«El tener educación musical te permite disfrutarla y valorarla. Habría que acercar la música hasta el pueblo más pequeño de la montaña leonesa»
gráfico

Gráfico sobre la música clásica en España.DL

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