El leonés que charló con Mújica

Viajó desde el Bierzo para estar con él en su chacra, en el Rincón del Cerro, donde José Mújica, Pepe Mújica, el carismático presidente de Uruguay que ha inspirado a varias generaciones en el mundo con su mensaje, como un segundo Gandhi, un guía espiritual y político, vivía y cultivaba flores con su esposa. Andando 400 metros por un camino de tierra pero él no estaba. No se rindió, quizá como el propio Mújica, hasta que pudo charlar con él y empaparse de sus enseñanzas. Manuel Félix, periodista del Diario de León, recibió ayer en la redacción del Bierzo la noticia de la muerte de un hombre único. Este es el relato en primera persona de su experiencia con él

Manuel Félix con Pepe Mújica en Uruguay, un encuentro que se transformó en entrevistaDL

Ponferrada

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Se ha muerto Pepe Mújica, una persona que se hizo grande con su sencillez y una forma de entender la vida. Fue el guerrillero que más paz infundió con su palabra a las generaciones que hoy le lloran. Sabía sacar lo positivo de lo negativo. Lo encarcelaron, le privaron de sus libros para fastidiarle y del orinal que le dieron para mantener una mínima dignidad humana, cuando salió a la libertad lo había convertido en un macetero con flores. Eso ya dice mucho. Sabía transmitir y sus mensajes calaban hondo, porque fue capaz de sintonizar con el alma de la gente, los de arriba, los de en medio y los de abajo.

Era un animal político, pero se le entendía muy bien cuando hablaba. No necesitaba legiones de asesores a sueldo para explicarse y mejorar su imagen. Sus palabras, cargadas de filosofía vital y humanista, llegaban a todos, a la élite intelectual y al analfabeto, al millonario y al miserable que no tenía ni dónde caerse muerto.

'Maestro de la vida'. Retrato de Pepe Mújica por Franz FrichardFranz Frichard

Un personaje así merecía pelear una entrevista. Hice más de 11.000 kilómetros para verlo. Me ayudó el socialista leonés Ibán García del Blanco y también el periodista Manuel C. Cachafeiro para contactar con Mújica. Intercambié algunos mensajes de mail con su secretaria, pero al final el asunto no cuajaba. Así que, eché mano de lo que suele fallar menos: presentarme en su casa. Y así fue. Hice más de 11.000 kilómetros para verlo, antes de pasar por Argentina y Chile. Estuve a punto de fracasar, porque cuando estaba en su casa, él había viajado 400 kilómetros al norte. Y allí fui.

Contacté con la presidenta de la Cámara de Representantes de Uruguay, Cecilia Bottino, y también con Martín Pitteta, y ellos junto con el chófer de Mújica, me abrieron las puertas para una entrevista que fue un poema social. Tenía la batería del teléfono móvil y la grabadora al 26% y estaba delante de Mújica, en la parte trasera de un pabellón de deportes, con un ruido atronador. Y allí, con un Mújica que empezó la entrevista con ojos pequeñines y cansados, la terminé con él animoso y sonriente, recordándome sus pasos por España, por Santander con Revilla e incluso hablando de la crisis de la minería del Bierzo y resto de cuencas leonesas.

Cada frase que soltaba sobre la vida era un regalo para los sentidos y ahí está la clave de su éxito, de que tanta gente le quisiera, incluso sus enemigos. El paso del tiempo pone a cada uno en su sitio y Mújica ya tiene el suyo en la historia. Una persona sencilla, que toco los cielos del poder y los infiernos de la injusticia social. La gente le quería porque era uno de ellos, uno más. Hablaba de sencillez, de exprimir el tiempo de vida que se va y de no complicarse esa existencia consumiendo el tiempo en acumular y acumular. Creo que su pensamiento era puro pragmatismo vital, con lo más importante de todo: cultivar los afectos de la gente con coherencia, viviendo lo que su voz de político predicaba.

Manuel Félix con Pepe Mújica.DL

* ENTREVISTA REALIZADA POR MANUEL FÉLIX A PEPE MÚJICA PUBLICADA EL 16 DE JUNIO DE 2019 EN EL DIARIO DE LEÓN QUE NO HA PERDIDO ACTUALIDAD POR LA TRASCENDENCIA DE SUS REFLEXIONES

«El que no encuentra la felicidad con poco, no la encuentra con nada"

Manuel Félix / Paysandú (Uruguay)

José «Pepe» Mújica es una de esas personas que, al hablar con él, dan paz porque su vida ha sido una guerra. Sólo un dato esclarecedor: Estuvo 12 años de la dictadura cívico militar viviendo torturado en un pozo. Fue rehén del régimen y si la guerrilla golpeaba, su destino era la muerte, junto con otros presos. Pidió un orinal para sus necesidades y cuando fue liberado, salió con el orinal en la mano convertido en un macetero lleno de flores. Al que fuera guerrillero tupamaro, con heridas de seis balas en su cuerpo y que llegó a ser el 40 presidente de la República Oriental del Uruguay, ministro de Agricultura y actual senador, lo localizo a sus 84 años en el norte del país, en Paysandú.

Viajé el día anterior desde la capital Montevideo para verle en su chacra (finca agraria con casa), en el Rincón del Cerro, donde vive y cultiva flores con su esposa Lucía. Pateé los 400 metros de camino de tierra que dan acceso a su casa, pero María Inés Pérez, la directora del centro agrario donado por Mújica para formación de menores, y la discreta guardia que custodia el lugar lleno de charcos, me dicen que Mújica está de gira electoral por el norte, por Salto y Paysandú. Y hasta allí viajé en autobús. Mújica está serio, lleva una boina estilo vasco en la cabeza, tiene cara de cansado, ojos pequeñines que se vuelven vivarachos cuando explica algo que le gusta. Su sonrisa encandila y cuando mueve las manos, señala con el dedo y utiliza la cadencia de la palabra, el tiempo parece detenerse por momentos. Sabe perfectamente cómo atraer la atención.

—Con 84 años peleando, ¿aún tiene ganas del jaleos con esta nueva campaña electoral?

—Bueno, este, es una forma de vida y, a la altura de la vida en la que estoy, mi lucha actual se sintetiza en tratar de ayudar a las nuevas generaciones, nuevos compañeros que vayan tomando las riendas, para seguir en la lucha.

—En Europa toca la fibra de la gente, porque habla muy clarito y se le entiende ¿Hay que seguir en la lucha, es necesario?

—Verá, el sentido de la lucha es inherente al ser humano y tiene que ver con la construcción paulatina de escalones en la civilización. Nunca vamos a tocar un Manuel Félix con José Mújica, el viernes, en la localidad de Paysandú, en Uruguay. dl mundo perfecto, sin problemas, con todo resuelto. Eso no es quimérico, es ucrónico. Lo que nos cabe es tratar de mejorar un poco las circunstancias e intentar dejarle un haber a favor de los que van a venir. Así fue desde los que descubrieron el fuego hasta los que están trabajando en la biología molecular. La civilización, aunque no nos demos cuenta, es la solidaridad intergeneracional. Es la mayor herencia que recibimos cuando nacemos, con todos los problemas y las limitaciones que puede tener.

—En Europa, usted tiene un gran predicamento e infinidad de seguidores. Pero una vez me dijeron que usted era algo así como una especie de marketing político y quería verle sobre el terreno para desmentirlo o confirmarlo...

—No, no. No conocen mi vida. Es una opción deliberada de forma de vivir, que no significa ningún sacrificio. El verdadero sacrificio que hace la pobre gente, nunca conforme con el entorno material que tiene, imagina toda su libertad de vida pagando cuota, con la idea de que eso es felicidad o más progreso. Son los pobres desgraciados adelantados de nuestra época, funcionales a la acumulación. El que no encuentra la felicidad con poco, no la encuentra con nada.

Pepe Mújica fotografiado por Manuel FélixMANUEL FÉLIX

—Pepe, yo vengo de una zona minera, de carbón, del Bierzo, de las cuencas de León. Los burócratas de Bruselas cerraron las minas y también ayudó un puñado de políticos pusilánimes, que no supieron defender el tema. Como político influyente, ¿Usted permitiría el cierre?

—Bueno, probablemente no haya más remedio que cerrarlas. El problema es que yo no puedo dejar a la gente sin trabajo, que eso es una cosa distinta. El tema es que la gente tenga solvencia para ganarse la vida. Esa es la cuestión.

—¡Esos burócratas, esos políticos, no le han dado alternativa! 

—Claro, cerrar pronto por contaminación es fácil decirlo, pero hay que dar alternativa a la gente. Y esas cosas hay que pensarlas, Si no es del dicho de que, pues bueno, el que venga detrás que arree.

—Siempre están hablando de la cuota de emisiones, que deben ser controladas, pero Marruecos está abriendo centrales térmicas. ¿Usted cree en ese ecologismo, en el cambio climático que algunos aún ponen en duda?

—Yo creo que el fondo del problema ecológico que existe es consecuencia de la importancia política. El no tener capacidad mundial de enfrentar los intereses que hay que afrontar, para tomar medidas de carácter global. Eso no lo arregla ningún país. No es la ecología lo que está fallando, lo que está fallando es la política. El ser humano ha desatado una civilización que ahora no la puede gobernar. La civilización, en cada mando de intereses, dominan al ser humano.

—¿Qué le parece el nuevo panorama político que se dibuja en España con Pedro Sánchez, las divisiones o el voto fraccionado en la izquierda y en la derecha?

—Como no estoy allá, es complicado. La único que puedo reflexionar es alguna cosa de la historia. Las derechas se juntas por intereses y las izquierdas se dividen por ideas ¡Vaya contradicción! Porque las izquierdas quieren tener definiciones y acordar hasta el juicio final, y eso es imposible. La derecha, son más pragmáticos, razona con el bolsillo.

—¿De dónde le viene esa fuerza espiritual que derrocha?, ¿De aquellos 12 años que tuvo que pasar en un pozo, donde poco más te podían quitar?

—Pero me enseñaron, justamente. El hombre aprende más del dolor que de la bonanza. La bonanza nos suele pavonear. Nos hace engreídos. El dolor, si no nos destruye, nos enseña mucho. Ese es el peligro que nos puede destruir. Pero siempre nos deja. Gran parte de mi forma de ver el mundo se lo debo a esos años que pasé tirado en un calabozo. ¿Por qué? Pues porque me ennoviaron con la sencillez, con la sobriedad. Tuve que vivir casi sin nada. Estuve 7 años sin libros. Y entonces, me di cuenta que los seres humanos nos construimos un mundo de tragedia y de demanda. ¡Qué pueril! Me fui haciendo en el tiempo una especie de neoestoico en el sentido de vivir liviano de equipaje y con el máximo de tiempo para gastarlo en las cosas que a mi me importan. Esa es mi libertad. La sobriedad es el camino para cultivar mi libertad. Si tengo que esclavizar mi vida con un montón de demanda, de exigencias económicas, tengo que gastar mucho tiempo en mi vida en mantener esas cosas. Y así, lo que es aparente sacrificio, en el fondo es el cultivo de ser libre. Ahí entendí aquella afirmación bíblica de que el hombre feliz no tenía camisa. Si la agarramos al pie de la letra diríamos que el hombre feliz vive en un país tropical. No. Yo no hago apología de la pobreza, hago apología de sujetarse a lo imprescindible y necesario. Sacarse de encima una cantidad de cosas que son funcionales de la sociedad consumista, que es una forma cultural coherente con la acumulación de la riqueza contemporánea.

Pepe Mújica fotografiado por Manuel Félix.MANUEL FÉLIX

—La BBC se cuestionaba una vez si era ateo o no, porque le dedicó una misa a Hugo Chávez; pero escuchándole parece usted un papa hablando. Imparte doctrina espiritual.

—Es que no se puede apartar la filosofía de la política, ni de la economía. Si medimos el progreso de una sociedad solo por supervivir, y al lado no nos preguntamos si la gente vive más feliz, porque, todo lo que hacemos es para tratar de que la vida humana no sea una cuenta de sacrificio.

—¿Qué le falta por ver?

—El más allá.

—¿Y eso, lo va a ver? ¿Cree que hay un más allá o se acaba en esta vida?

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—No lo creo. No creo en el más allá. Pero lo respeto. El hombre es un bicho utópico. Tiene que inventar cosas en las que creer para poder vivir.