Diario de León

Las venas abiertas de La Cabrera

«El incendio puede ser el espaldarazo definitivo para la despoblación de La Cabrera». El ingeniero Roberto Matías, artífice del descubrimiento de la mayoría de los canales romanos y propulsor del Geoparque Médulas-Teleno —ahora arrinconado por la Diputación— avisa del peligro que corre la obra hidráulica del imperio y de hasta qué punto el vaciamiento de una de las zonas más deshabitadas, vírgenes y ricas en patrimonio cultural y natural de Europa podría tener efectos irreversibles si no se ponen en marcha las acciones necesarias para revertir la situación

Imagen de uno de los canales calcinados de La Cabrera

Imagen de uno de los canales calcinados de La CabreraVirginia Moran

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Cristina Fanjul
León

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Llevo desde los 20 años luchando y merece la pena porque te gusta. Ganas un sueldín como cualquiera cosa. Nacimos en esto y yo no quería que se perdiera... La pena mía era que quedara todo perdido. Ya los de casa lucharon mucho para tener algo. Nosotros estábamos en el mirador de Sotillos viendo como se acercaba el fuego. El del lado de Yeres iba por dos flancos: uno por abajo y otro por arriba y el de Santalavilla venía por el zufreiro. Yo a las tres llegué a casa y el fuego lo tenía ya encima del ganado, así que pensé que había que ir a rozar la nave porque había un camino que ya lo había iniciado para el manejo de los animales pero lo demás estaba perdido. A las tres de la mañana cogimos la hoz con las manos, las fauces que decimos, y hasta las siete. Una vecina de mi madre, a apañar las estepas y mi padre con la máquina de sulfatar e hicimos un paso. La carruna limpiámosla toda. A eso de las cinco de la mañana, antes de amanecer, que normalmente el fuego siempre se apacigua... pues hacía un ruido grandísimo y el del otro lado ya lo teníamos encima y ya llegaba al sierro, que lo llamamos nosotros. Así que pues llamé a Ponferrada y les dije que miraran a ver, que nos sentíamos perdidos. Pero, a esas horas ¿Quién va a coger el teléfono? A las siete llegó y seguimos rozando con la hoz. Bajemos a echar gasoil al coche y el forestal no nos dejaba pasar. Le dije que yo no lo podía dejar, que tenía un capital perdido en el monte. Que me arden los bichos y tengo la nave sin pagar. Me dijo que tenía la orden de si venía el fuego, prenderme hacia allá. Y le dije que si le parecía, las ato bien altas por la mañana y las guardo al mediodía y les llevo para la nave. Y así hicimos. Ese fue el primer día.

Ediberto Rodríguez es pastor en Pombriego

Ediberto Rodríguez es pastor en PombriegoVirginia Moran

Más que la ceniza, que la tierra quemada y que los esqueletos de nogales, castaños, encinas o robles, estremece el silencio. No se oye el rumor de las hojas (abrasadas) ni, por supuesto hay pájaros. Tampoco, insectos; apenas un tábano en todo el camino a través de pistas imposibles para llegar desde la puerta trasera de Las Médulas hasta el primer canal romano de La Cabrera. El viento se ha tragado su aullido, el mismo que solo 24 horas antes había inflamado toda la zona, desde Yeres hasta Llamas de la Cabrera y Pombriego, con dos fuegos —uno intencionado y otro a consecuencia de un rayo— que volvieron a incinerar una de las zonas más remotas no ya para los españoles sino para los propios leoneses. Caminamos, pero solo el crujido de la tierra carbonizada prueba que estamos allí.

Los tornados de fuego mediático que todas las televisiones han escupido se apagarán antes de que lo haga la marea de llamas que inunda de fuego toda la provincia. Van ya 80.000 hectáreas en apenas dos semanas. El mismo martes, con el fuego aún presente, las máquinas y brigadas no eran sino un rumor en este refugio detenido en el tiempo. Avanzamos a través de pistas calcinadas para llegar a los canales, testigos ennegrecidos de los tornados rojos que han pulverizado la comarca.

Imagen de uno de los montes arrasados por el fuego

Imagen de uno de los montes arrasados por el fuegoVirginia Moran

Invencibles durante dos mil años, el agua con el que se arrumbaron las crestas áureas de la montaña ha sido sustituida por la desidia. Como antes, como siempre, la obra de ingeniería imprescindible para la existencia de las propias Médulas, ha vuelto a pasar desapercibida y las pocas menciones que ha recibido en los últimos días han sido fruto del interés, de la codicia, cuando no de la rivalidad intelectual. Como antes, cuando se llegó a decir que era «poco menos que imposible reconstruir el trazado completo de los canales que abastecían las minas de oro»... como ahora, que se utilizan los incendios para volver a criticar los trabajos para una ruta de senderismo y de bicicletas de montaña financiada por la Junta que ha servido, entre otras cosas, para actualizar toda la cartografía de la obra de ingeniería romana. «Están en desacuerdo con que los canales se utilicen como rutas de senderismo y han aprovechado las rutas BTT para decir que las bicicletas destruyen. El proyecto de Peñalba-Médulas incluye un proyecto de BTT de La Aquiana hasta San Clemente que corta de manera perpendicular los canales. Nosotros habilitamos rutas de senderismo que en muchos casos son antiguos caminos utilizados durante siglos», afirma Roberto Matías, que deja claro que lo único que se pretende con este proyecto es facilitar su uso, bien a pie o en bicicleta. «Hay muchos lugares que no se podrán atravesar en bicicleta, pero ni siquiera han venido a verlo ni se han prestado a mantener un diálogo constructivo».

Amalia es una de las pocas vecinas de Yeres

Amalia es una de las pocas vecinas de YeresVirginia Moran

Evidencia que los trabajos realizados por investigadores del CSIC mantienen la existencia de los tres canales de la red septentrional en trazados prácticamente equivalentes, pero bajo distintas denominaciones. Sin embargo, los descubrimientos realizados en la habilitación del canal CN-2 como ruta de senderismo demuestran que no se hizo una verificación formal sobre el terreno. «En lo poco publicado hasta ahora por el CSIC se habla de la descripción más completa de la red hidráulica del yacimiento de Las Médulas con una mención específica a la existencia de 850 kilómetros de canales. En total 32 canales repartidos por igual entre ambas vertientes, con dos más que cambian entre ellas. El número de canales tan elevado parece proceder de que no se ha distinguido entre los canales de abastecimiento y los de distribución, que se encuentran dentro de la propia explotación minera». Roberto Matías descalifica la «ligereza» con la que el Centro Superior de Investigaciones Científicas ha tratado la cartografía de los canales de Las Médulas, órgano al que acusa de atribuirse hallazgos inexistentes y copiar de las fuentes de trabajos cartográficos anteriores.

El segundo día, lo mismo. La brigada vino pero no puede hacer tanto. Yo lo que limpié ellos no podrían haberlo limpiado porque ¿cómo se iban a meter a rozar eso si venía el fuego encima de las casas? Entonces aquel día vinieron dos bombas, que nos las mandó el Consejo Comarcal, que estoy muy agradecido y aquello fue un descanso. Por la tarde vinieron más vecinos y seguimos el camino porque no éramos capaces a estar parados. Me ayudaron a darle a los bichos y rozamos hasta donde pudimos. Parecía que había parado. Yo no sé los días porque como no dormíamos allí y comer no comimos nada, no sé qué día era. Al otro día parecía que la cosa estaba bien ¿sabes? Debió ser el día de Nuestra Señora porque iban a Silván los de casa. Resulta que empezamos a ver el fuego otra vez y como la brigada no había podido ir a rematar porque son pocos. Estábamos allí en Peña de Bofo y ya empezó contra este lado y saltó aquí el de Llamas. Yo llevaba dos años que no había ido a la sierra por historias del pueblo, que no quiere que pastemos. La sierra estaba perdida, ardió todo. Non quedó ni un mal hierro clavao. Los cargadeiros, las tablas de las puertas no quedaba una.

Roberto Matías, ingeniero de Minas y descubridor de muchos de los canales romanos

Roberto Matías, ingeniero de Minas y descubridor de muchos de los canales romanosVirginia Moran

Matías nos conduce por las venas hidráulicas del imperio afectadas por la pérdida de vegetación a causa del incendio entre Médulas y Corporales. «Podría ser un mal menor que los canales estén al descubierto en algunos puntos porque puede haber desprendimientos». Resalta que muchos de ellos se convirtieron en rutas, en vías de comunicación entre diferentes poblaciones. Se refiere a lo que hoy en día se denominan carriles, recuperados a lo largo de los últimos años.

En 2024 se rescataron y abrieron 142 kilómetros de rutas: sesenta por la vertiente norte con un proyecto de la Fundación Patrimonio Natural y otros 85 en la sur que ha financiado el ‘programa R’ del ILC. «Estas rutas, que están en fase de desarrollo para su promoción, han tenido una afección importante debido al fuego pero aún no se puede cuantificar porque los accesos a la zona están restringidos».

— ¿Una aproximación?

— «Podríamos aventurar que el 80% han sido dañadas», lamenta.

El ingeniero de Minas insiste en la idea de que la única manera de proteger los canales es darlos a conocer, que se abran todas las rutas posibles porque durante siglos han sido utilizados por las poblaciones del entorno hasta que la emigración vació los pueblos, los carros dejaron de atravesarlas y cayeron en el olvido.

Matías incide en la importancia de que los canales sean declarados Bien de Interés Cultural y se asocien definitivamente a Las Médulas para establecer una protección integral del conjunto. «Puede dar vértigo proteger 700 kilómetros de canales, pero es que de lo contrario llegará un día en el que dejen hacer cualquier cosa sobre ellos», advierte. Avisa además de que si bien hay una información contrastada y fehaciente del trazado de los canales, todavía asistimos al trazado de pistas, repoblaciones y otras «barbaridades» realizadas contra ellos. Sin embargo, no se muestra demasiado optimista y alude a que el incendio puede ser el espaldarazo definitivo para la despoblación de La Cabrera.

Recuerda el ingeniero que ya en el año 2013, durante una junta rectora de Las Médulas, solicitó información sobre las medidas de prevención de incendios. Alertaba entonces de que la introducción de máquinas convencionales para la extinción podía ser un problema para la conservación del paraje y defendió que a través de la limpieza de masas forestales y la ejecución de franjas perimetrales de seguridad se podría evitar. El presidente —por entonces el delegado de la Junta Guillermo García, aseguró que Las Medulas estaba suficientemente protegida, que aquel año habría más brigadas y que era el jefe de extinción quien marcaba las pautas. «Si solicitan maquinaria pesada es porque han valorado que puede entrar», zanjó. Además, constató que la previsión dependía de los presupuestos, «limitados», si bien reveló que a partir de ese año comenzaba la instalación de cámaras y la vigilancia con drones. Por último, aseguraba que los medios de la Junta no habían dejado de aumentar y que el paraje de Médulas contaba con la colaboración del Ayuntamiento de Ponferrada y el Consejo Comarcal.

Todo es desolación y olvido en La Cabrera

Todo es desolación y olvido en La CabreraVirginia Moran

Sin embargo, los últimos días han demostrado que la limpieza es la mejor manera de limitar y detener los incendios. Roberto Matías destaca que el «milagro» que permitió salvar el corazón verde de la explotación romana de Las Médulas no es tal. «Es más simple. Los castaños centrales se salvaron porque los propietarios los habían limpiado y evitaron la entrada del fuego», asegura el ingeniero.

Ese día ya había pasado la cosa. Fuimos a Santalavilla a ver qué tal estaban. Allí estaban las brigadas pero estaba todo parado. Pero entonces empezó a bufar. Le dije a mi padre: vamos a comer que igual hoy tampoco cenamos. Ya no fuimos a comer tampoco porque llegamos a la vega, acababa de llegó la Brif de Segovia, nos montamos en el coche y namás les dije no me dejéis perder la nave que no la tengo pagada y se la debo al banco. A ver si voy a tener que seguir pagando sin tener un hueco donde meterme. Y cuando llegamos a Teiruelo, que es allí donde aquellos encinos y hay castaños y una faceira ya venía el fuego, que se había comido los castañeiros de Teiruelo.. que estaba apagado, que lo había visto yo arriba en la portelina que estaba apagado, venía como un demonio. Y ya nos dijeron los chavales que no se metían ¿Cómo se iban a meter si acababan de morir los dos en Nogarejas? Después vino una brigada de Castrocontrigo y quedé con ellos. Fuimos prendiendo por encima el camino , unos por abajo y otros por arriba y de puta madre. Pero luego no sé que pasó, que saltó una pavesa dicen. Nos pasó para este otro lado. Ya era de noche y estábamos en la puerta de la nave y ya vi yo una torre de humo. Yo ya había bajado porque ellos se iban a Segovia y bajaron por el monte todo andando. Y yo tenía las batederas de ellos y un tajamatas, las tenía yo en el coche, y se las bajé. El forestal, Miguel, que ha sido muy bueno para nosotros, me dio un bocado porque yo seguía sin comer. El fuego ya entró para el otro lado de la nave. La UME estaba guardando el pueblo porque el barrio del Barrial estaba perdido. Estaban metidos en Odollo. Pero ¿qué van a hacer? La brigada, vigilando y ellos, igual. Nos venía el fuego encima.

El incendio fue binario. Uno empezó en Médulas, provocado, y otro, anterior, en La Aquiana, a causa de un rayo. Contaban con una cantidad ingente de combustible, gasolina que les proporcionó una fuerza inusitada. El de Médulas bajó hacia el pueblo de Yeres y el de La Aquiana lo hizo en dirección a Llamas. «Corrieron peligro Yeres, Médulas, Carucedo, Orellán y era tan grande que perimetró por completo Médulas y avanzó hacia Carucedo», describe el experto. El fuego de Laciana progresó a Llamas de la Cabrera hacia el este y el oeste, con lo que llegó un momento en el que ambos frentes se juntaron. El de Llamas avanzó en dirección al Teleno a través de Corporales y pasó la cordillera hacia Peñalba, afectando a Bouzas, Espinoso, Palacios, Cerredo y Pobladura... «La forma de salvar los pueblos ha sido con contrafuegos, una medida drástica pero efectiva. El problema es que necesitas personal que conozca el terreno y una zona que esté limpia, sin combustible, un cortafuegos. Se prende por la noche, se estrella un fuego contra otro y se apaga».

— Pero no se apagaron.

— Antes —habla de principios de los años 80— había brigadas formadas por gente de la zona. Los mandaba un responsable desde León, pero en cada lugar había un jefe de zona que conocía perfectamente el territorio. Y, de repente, de un año para otro empezó a haber contratas con gente que venía de fuera y no sabía nada del terreno.

En Llamas, el incendio llegó a estar a 300 metros del pueblo. Hubo tres brigadas de 21 personas y gente del pueblo que pudo hacer el cortafuegos. Lo retuvieron y el martes por la noche llegó la UME. «Había carteixas y escobas de tres metros, cuenta uno de los habitantes de Médulas, que explica que en invierno no hay trabajos selvícolas. «En verano hay una brigada para hacer pequeñas limpiezas, pero no se crea que les vemos —lamenta— Pregúntele usted a las personas que gestionan este patrimonio de la Unesco, que se llevarán buen dinero y aquí la gente se ha quedado sin nada».

El abandono del territorio es un hecho. En La Cabrera apenas queda gente, la mayoría llega en verano —hijos o nietos de los que pobladores originales— pero durante el invierno se convierte en una tundra poblacional, un exponente del éxodo que parece gestado en el universo de Ainelle.

Yeres sigue en pie de milagro. Sus diez vecinos hablaron con el fuego de tú a tú.

«Yo no quiero que me quemen. Con lo que he tenido que ver quiero que me lleven al nicho». Amalia nació en Yeres en 1951. Casi 80 años en estos montes y nunca vio nada parecido. «Marchamos el sábado (16 de agosto) a la tarde, sobre las ocho y media o así. Volvimos el domingo con mi hijo y mi nieto para dar algo a las gallinas. El fuego avanzaba y había un humo negro que no podíamos respirar. Tuvimos que irnos otra vez. A Dehesas. No me podía comunicar con nadie. No sabía si la casa se iba a salvar. No regresamos hasta el martes. No es mi primer incendio, pero como este, ninguno. Solo cogí las medicinas de mi marido. Con el agua al cuello, oiga, que estaba el fuego aquí».

En el pueblo apenas viven diez personas. «Aquí ya no hay nada, ni ganado, ni colmenas, nada... La gente joven se fue y los que quedamos... ya no podemos trabajar. Cuando yo era pequeña, todas las casas estaban habitadas y la gente tenía seis hijos, no como ahora»... Amalia habla con el hijo de un vecino que acaba de llegar de Ponferrada. «Y dicen que van a restaurar todo. ¿Y los castaños centenarios? ¿Qué? ¿Van a ponerlos de chocolate? Es una pena. Hay que tener limpio el terreno. Las fincas que tengo las he limpiado yo porque si hay fuego, ahí frena. Toda la vida trabajando y te ves en la calle. Y si nos hubieran ardido los castaños? Porque es lo único que tiene este pueblo, que en otoño hacemos un dinerín para el invierno. Y este año los tomates y los pimientos no se han dado bien. En cuanto deje de echar humo el monte... se olvidarán de nosotros». Los frutales se secarán porque ahora no podemos regar. Necesitamos agua para la casa. Nos vaciaron el depósito... Al menos se salvó el pueblo».

Santalavilla era el martes un pueblo fantasma. Y eso a pesar de que consta como ejemplo de repoblación gracias al trabajo del Instituto de Estudios Cabreireses y a la implicación de sus nuevos residentes, Fede Bayo, Isabel Bailey y su hijo. El fuego les obligó a huir. Ella está a punto de dar a luz una niña que alumbrará en Santiago de Compostela. A veces, la belleza está a demasiada altura, demasiado lejos para que el curso de la vida se produzca sin contratiempos.

El tercer día, Cuanto más encima nos venía, llegó una forestal. Se llama Esther, de la parte del Páramo. ¡Cuánto nos ha valido la chavala! Cuánto se hartó de llorar para que viniera el helicóptero. Llamaba a todo el mundo y nada. Se hartó de llorar. No me jodas. Si lloras tú, ya los demás estamos perdidos. Vi arder el pueblo, lo vi en ella. Por la noche ya, a las nueve de la noche, apareció la brigada y las bombas, pero nosotros ya habíamos rozado el cachín que nos quedaba por debajo de la nave. Pero llegó aquella brigada que le dio el cambio. ¿Tú los viste? Nosotros, tampoco. Se tumbaron en la puerta de la iglesia y allí estuvieron. A las siete de la mañana, había un fumín en los castañeiros y dijo mi madre: Yo digo que si vamos, lo apagamos. Y habíame traído unos batefuegos y yo tenía la batelleira y con un caldero que llevamos... marchamos hacia allí cuatro: mi padre, Natalia y yo. Marchamos para allá y espanzamos la presa para abajo y lo que quedaba lo apagamos. A las nueve de la mañana, cogí el teléfono, que hemos estado sin línea, sin agua y sin nada, y llamé al 112. Les dije, mire somos unos vecinos de Pombriego y estamos viendo al forestal y a la brigada tumbados en la puerta de la iglesia y acabamos de apagar el fuego. Hagan lo que quieran, pero estamos aquí. Pasó un rato y sentí rumbar. Dije, mira, vámonos a casa, que llevamos tres noches rumbando por ahí. Cuando llegamos a la Carrascal, no era la brigada. Eran los vecinos, venían los mocinos. Eran Jose, Peñín, mi primo Javi, Nuria, Marcos... que el concejo no hizo nada, que tenía que haber tocado la campana. Fueron ellos rematando la presa y dándole con la fouce y fueron rematando. Les dije, pues entonces, nosotros vamos a ir hacia arriba matando todo aquello. Ya era muy tarde y acabamos todo hasta la murgaceira. Al llegar, ardían las urces otra vez y tuvimos que apagarlas. Lo cavamos todo. Eran las tres de la tarde y por fin, comí.

Imagen del horizonte ennegrecido de la comarca

Imagen del horizonte ennegrecido de la comarcaVirginia Moran

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