Diario de León

Cartularios y fueros

En el último tercio del siglo X, un monje perteneciente al monasterio leonés de Rozuela, anotó en el dorso de un documento de donación, en pergamino (año 956), una relación de los quesos de que disponía su monasterio: su lenguaje integraba vocablos en latín y otros en romance

Imagen de la Nodicia de Kesos, uno de los documentos medievales recuperados por el IlCyL

Imagen de la Nodicia de Kesos, uno de los documentos medievales recuperados por el IlCyL

Publicado por
Gregoria Cavero
LEÓN

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La última edición de la conocida como Nodicia de Kesos, llevada a cabo en el Instituto de la Lengua de Castilla y León, que buscaba mejorar los estudios sobre el nacimiento y evolución del romance, fue prologada por el consejero de Cultura de la Junta de Castilla y León, Gonzalo Santonja, con un título muy acorde con lo que se editaba: Grandeza de lo pequeño; he ahí el acierto: una simple contabilidad de quesos, pequeña e insignificante, pero de una grandeza incomparable dada la transcendencia evolutiva del lenguaje. Un acierto en la nueva edición y especialmente en esa fascinante tarea, que Santonja siempre desarrolló como una de las grandes vías en defensa del patrimonio, priorizando campos otrora muy olvidados. La búsqueda de un eje vertebrador, la lengua romance, se convierte en un tenaz y ambicioso proyecto, donde la cultura adquiere una dimensión más allá de la política. Una labor lenta, que requiere constante atención como una semilla que debe regarse para crecer, minuciosa, y en la que ha de ponerse mucho empeño. Monjes y monasterios están pues en los inicios del romance, una de las líneas más destacadas de las publicaciones y actividades del citado Instituto de la Lengua, bajo la presidencia de Mar Sancho y dirección de Andrés Abajo. Se trata de Cartularios, conocidos también como becerros o tumbos, que a través de la copia de documentos logran crear un códice seguro para no perder la documentación y poder utilizarla adecuadamente en la gestión de los centros e instituciones. La edición de cartularios monásticos medievales de Castilla y León, ha dado lugar a una prolífica producción que, desde Valpuesta al Becerro Gótico de Cardeña o el Tumbo Viejo de San Pedro de Montes ha llegado recientemente al cartulario de Froncea (San Miguel de Froncea y Santa María de Oca). Ediciones cuidadas, con el aval de la Real Academia Española, que completan sus ediciones con estudios: cartularios que contienen miles de documentos, procedentes de las instituciones que los elaboraron con escribas, casi siempre anónimos, muchos monjes de especial sensibilidad. Y una línea abierta cuya próxima publicación será el Becerro Gótico de Sahagún. La gestión de esos cartularios llevó al consejero de Cultura de Castilla y León, más allá del patrimonio en sí, a crear un ambicioso centro de investigación y estudios de Orígenes del Español en Valpuesta (Burgos). Y publicaciones tan significativas como el análisis de las glosas silenses: De Valpuesta a Silos. 1 Becerro Gótico de Cardeña Cartularios formalizó así una línea de investigación que se enfocó adecuadamente, de largo alcance, de gran riqueza que ponía en evidencia a un Gonzalo Santonja, conocedor como nadie de su riqueza y del valor que ha de darse a la lengua escrita: de todos es conocida su férrea apuesta por la investigación, su apoyo incondicional, su satisfacción del deber cumplido, con cada edición de un nuevo cartulario. Ha logrado aglutinar un sólido equipo de investigadores de las universidades de Castilla y León y de otras universidades externas. Reuniones, intensos seminarios de trabajo y, cada dos años, un congreso internacional sobre cartularios hacen posible el crecimiento de investigaciones e investigadores, bajo el patrocinio del Ilcyl. Cuanto pueda enriquecer nuestros Orígenes del Español tiene cabida en este ámbito, incluso cuando se trata de fragmentos reutilizados que han sido cortados y dispuestos para posteriores usos, y que son estudiados y editados.

Todo ello fue fraguando unas estrategias, propias de quien gobierna la cultura y con cultura, del saber, porque desde años su liderazgo ha sido capaz de crear los grupos de 2 trabajo de historiadores, paleógrafos, filólogos, juristas e institucionalistas, para apoyar y dar solidez a la edición de cartularios. Ello ha sido posible porque ha ejercido su labor con responsabilidad y primado la protección del patrimonio documental y librario más allá de lo puramente formal. Ha de reivindicarse su proyección simbólica y real, la memoria de nuestros territorios y sus hombres: respetar el pasado como base del presente, con impronta en nuestras instituciones; y crear y explicar identidades. Es más, se dio el siguiente paso por la propia Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León: no sólo estudiar, también cuidar y proteger, con la restauración de códices, desde el siglo X, que se conservan en nuestras catedrales y monasterios; las primeras vivas, los segundos desaparecidos salvo excepciones. Un patrimonio de archivo, disperso y/o concentrado (a merced de los resultados desamortizadores) fundamentalmente en archivos nacionales y locales, que ha sido considerado relevante dado que ha sido posible aprovechar y utilizar el Centro de Restauración de Simancas: Santonja se propuso involucrarse en la restauración de códices, con convenios sólidos como el realizado con el archivo catedralicio legionense, con la restauración de diez códices y algunos de los documentos más antiguos del fondo. Y ello aplicando tecnologías avanzadas y novedosas. Deben mantenerse los códices, los diplomas, en las mejores condiciones, evitando y corrigiendo su habitual deterioro, para una custodia adecuada y poder facilitar su consulta a los estudiosos. Sin duda, gana el conocimiento. Por todo ello, Cartularios ha sido una pequeña pieza del saber, que crece adecuadamente de la mano que lo impulsó, y que realmente ha aportado y generado conocimiento para un idioma que hoy hablan más de 500 millones de personas, siendo un vehículo imprescindible en las relaciones sociales de países, gobernantes y ciudadanos. Desde el siglo X en que aparecen las primeras notas romances hasta el momento actual han pasado más de diez centurias. Le debemos mucho al pasado como para no saber discurrir por él. Por ello Santonja ha sabido superar lo que podía, en apariencia, entenderse como «pequeño» e irrelevante y darle una magnitud y dinamismo que ha trascendido también a las aulas escolares a través de exposiciones, talleres y pequeñas publicaciones.

La orientación, en este caso, debe formar no sólo en el ámbito urbano, también en el rural. Y recordemos siempre que solo se valora lo que se conoce, por eso es tan importante difundir. Cartularios, pero no exclusivamente. Los orígenes del Español amplían sus fuentes a diversas temáticas del mayor interés. Investigadores, fundamentalmente que no exclusivamente, de las universidades de Castilla y León, con el apoyo del ILCyL, han impulsado el estudio y publicación de fueros medievales: el fuero de Béjar, en el año 2019 puede ser un ejemplo. Editado con la colaboración de la universidad salmantina, ordena sus contenidos con estudios, la edición correspondiente e incluye el facsímil foral. Y el ejemplar del fuero se restauró. Ciertamente que Béjar era para el ILCyL un caso único, y no menos para quien ejerce como bejarano. Al año siguiente se publicó el fuero de Brañosera también una edición crítica y los estudios pertinentes; posteriormente el de Peñafiel. Y así han seguido otros muchos, el último el fuero soriano de Andaluz. Ha sido también una sección prolífica, bajo la atenta mirada del consejero de Cultura. Un corpus foral, muy cuidado por el ILCyL, que sigue abierto y que producirá nuevas ediciones. En este caso la segunda línea investigadora apunta al análisis del orden jurídico romano y su continuidad en los siglos medievales.

Pero también al examen de la compleja sociedad que creó los fueros, con frecuencia sociedades de frontera, con gentes de 3 repoblación y conflictos: poblaciones y territorios de reciente ocupación, con usos y costumbres. Fueros y sus fuentes, con la trasmisión no siempre original, pero especialmente con la renovación que eran capaces de generar. Fueros originales y familias de fueros. Paleógrafos y codicólogos, Medievalistas, historiadores del Derecho y filólogos se integran también en grupos de investigación que han sido generados en el ámbito del citado ILCyL. Todo ello, Cartularios y Fueros, se realizaba dentro de las publicaciones de la conocida como Colección Beltenebros. Un paso hacia adelante se dio recientemente para dar a las Colecciones la marca Orígenes del español, que ha superado ya la décima publicación. Todo ello constituye el proyecto que discretamente inició y ha sabido impulsar Gonzalo Santonja. Gregoria Cavero Domínguez Catedrática de Historia Medieval 4

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