SANTA MARÍA DE CARRACEDO
La obra superpuesta de varios siglos de vida
ANA F. BARREDO
El monasterio lo fundó el rey Bermudo II a finales del siglo X, para que le sirviera también de enterramiento. Las obras románicas debieron iniciarse en el año 1138, y continúan hasta el siglo XIV. El monasterio tuvo una gran importancia en el siglo XVI, y sufrió hasta el XVIII sucesivas remodelaciones y ampliaciones, entre ellas la construcción de una iglesia medieval, que fue sustituida en 1796 por otra neoclásica. También la desamortización provocó «el fin de la vida monástica en este centro espiritual berciano», según refleja Etelvina Fernández. A comienzos del siglo XIII pasó a depender de la orden del císter. El claustro actual del monasterio de Carracedo se levanta sobre el anterior románico, de cuyos vestigios la catedrática leonesa destaca la sala capitular, que define con detalle. En los muros laterales se ubican enterramientos; y conserva también dos recintos abovedados al lado que debieron ser el locutorio y el pasaje. En la panda sur, como era habitual, se conserva el refectorio, aunque no el púlpito del lector, cuyos restos salieron a la luz en una reforma posterior. La bóveda actual, del siglo XVI, sustituye a la medieval. El monasterio de Carracedo tiene una particularidad en la construcción, que le diferencia de los demás. Donde habitualmente se situaban las celdas de los monjes se rerigieron unas dependencias que hoy se consideran de gran interés, y que se supone que eran las habitaciones del abad. Se accede a ellas desde el claustro, por unas escaleras del siglo XVI. Esta edificación tiene varias estancias, a distintos niveles y comunicadas entre sí. Entre ellos destaca un cuerpo torreado con dos ámbitos, uno parece la capilla privada del abad, que después fue archivo; y sobre él se ubicaba una sala que servía de celda al abad. El otro cuerpo es una gran estancia con varias columnas, sobre la que descansa una cubierta de madera. En uno de sus extremos se colocó un hogar, una zona que popularmente se conoce como la «cocina de la reina», aunque no hay constancia de que fuera utilizada así. Parece ser que fue un rico salón de recepciones a finales del siglo XIII.