España, en el punto de mira

La guerra de Afganistán, la de Irak, la colaboración con la política de Bush o las detenciones de miembros de Al Qaida son algunas de las claves para entender el odio de la organización terrorista islámica a todo lo que huela a español.

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León

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XURXO FERNÁNDEZ | texto Al Qaida certificó el 11 de marzo su odio a España con un ataque simultáneo a cuatro trenes de cercanías en Madrid. El saldo: 201 muertos y centenares de heridos. La red terrorista de Bin Laden lanzó así un aviso a Europa, donde no había actuado hasta la fecha. El motivo que llevó a los activistas radicales a fijar su objetivo hay que buscarlo en las fechas posteriores al más conocido golpe de la organización: los atentados contra las Torres Gemelas, el 11 de septiembre del 2001. La vinculación de Al Qaida a España se inició precisamente en la preparación del 11-S. El cerebro de la operación terrorista, Ramzi Binalshibh, explicó, tras ser detenido en Pakistán en el 2002, que entre el 9 y el 17 de julio del 2001 se reunió en Tarragona con Mohamed Atta, el jefe del comando suicida. En este encuentro se habrían ultimado los detalles del ataque que mató a 3.016 personas. El 7 de septiembre del 2001 Binalshibh volvió a España, donde recogió un pasaporte falso y voló hacia Kabul, con el apoyo de varios miembros de la red de Bin Laden que residían en la península. Después del brutal golpe al centro financiero estadounidense, se desata en Occidente un deseo de venganza liderado por Washington en el que el Gobierno de Madrid colabora de forma especial, bajo las directrices del presidente, José María Aznar. Éste, junto a su homólogo británico, Tony Blair, busca encabezar la lucha contra el terrorismo en Europa. El frente afgano El primer campo de batalla elegido por el presidente de EE.UU., George Bush, en su lucha contra Al Qaida, fue el de Afganistán. El 7 de octubre del 2001, menos de un mes después de los atentados de Nueva York, comienza el ataque contra los talibanes. Aznar dice que España colaborará «con medios materiales y personales». Diez días después, el presidente español explica en el Congreso la participación de nuestro país en la guerra, que pasa por el apoyo político y diplomático, dentro de la OTAN, la ONU y la UE y la colaboración policial y militar. España pone al servicio de la coalición trece aviones de transporte para distribuir ayuda humanitaria y se fija una amplia participación operacional, que incluye seis embarcaciones y siete aviones. El 28 de noviembre Aznar se reúne con Bush y descarta enviar tropas independientes a las de la coalición a Afganistán. El 14 de diciembre el Consejo de Ministros aprueba la participación de unidades aéreas en la operación Libertad Duradera. Terminada la guerra contra Afganistán, España envía un contingente sanitario y un equipo militar integrado en las fuerzas de seguridad internacionales para el país asiático (ISAF). El gasto total español en la guerra afgana fue cifrado por el ministro de Defensa, Federico Trillo, en casi diez millones de euros. Guerra en Irak El segundo gran conflicto bélico en la que España colaboró con Estados Unidos fue la de Irak. Aznar fue uno de los puntales en los que se apoyó Bush para convencer a Europa de que una intervención armada contra el regimen de Sadam Huseín era totalmente necesaria. El 18 de noviembre del 2002 se celebra un encuentro en la Casa Blanca entre los mandatarios de ambos países y, tras la reunión, el jefe del Gobierno de Madrid critica las «graves carencias» del informe entregado por Irak a la ONU sobre las armas de destrucción masiva. Ya en el 2003, el 30 de enero, el español es uno de los presidentes que firman una carta publicada en varios diarios europeos y norteamericanos para respaldar la política de Washington frente a Bagdad. El mismo día, Aznar y Blair lanzan desde Madrid una advertencia a Irak y dan a Sadam Huseín una «última oportunidad» para desarmarse. Apoyo «incondicional» En febrero, la Casa Blanca destaca el «incondicional» apoyo del presidente español a las tesis estadounidenses y unos días más tarde Bush se encuentra de nuevo con Aznar en su rancho de Texas. Este último inicia una ronda de reuniones con líderes del Viejo Continente para un posible despliegue militar en territorio iraquí. El 16 de marzo los máximos mandatarios de EE.UU., Gran Bretaña y España celebran la cumbre de las Azores. Cuatro días después estalla la guerra de Irak. Desde Rota zarpan el buque de asalto anfibio Galicia , la fragata Reina Sofía y el petrolero Marqués de la Ensenada , con 900 militares en misión humanitaria. La base de Rota se convierte además en centro sanitario para heridos en la guerra. Durante los combates fallecen dos periodistas españoles, uno por fuego estadounidense. El 25 de abril el Consejo de Ministros aprueba un Real Decreto sobre la participación en la reconstrucción de Irak. El contingente español en el país llega a 1.500 personas y se desplaza una unidad de Infantería del Ejército de Tierra. La guerra acaba oficialmente el 1 de mayo. Aznar y Bush vuelven a encontrarse para que el segundo agradezca al primero el apoyo prestado y le comunique que Batasuna queda incluida en la lista de grupos terroristas. Un mes después, Madrid y Varsovia llegan a un acuerdo para liderar la fuerza multinacional en el sur de Irak, con 1.300 soldados españoles. La lucha en casa La guerra particular de España contra el terrorismo islámico no se libró exclusivamente fuera de nuestras fronteras. Sin salir de la península, la lucha contra Al Qaida se tradujo en más de sesenta detenciones de presuntos miembros de la red dirigida por Bin Laden. Ya antes del ataque contra las Torres Gemelas, el 22 de junio del 2001, la policía española detuvo al argelino Mohamed Bensakhria, uno de los terroristas islámicos más buscados en Europa y Estados Unidos, acusado de ordenar los atentados contra las embajadas estadounidenses de Kenia y Tanzania en verano de 1998, con más de 200 muertos. Tras la tragedia de Nueva York, son arrestados en territorio nacional seis argelinos que supuestamente constituyen una célula de Al Qaida. Dos semanas más tarde, la operación Dátil concluye con la captura de once importantes activistas. En Madrid caen, entre otros, Abu Dahdah, Yusuf Galán y Abu Mohamad; en Granada, Mohamed Zaher. Dahdah y Mohamad son los liberados más importantes de la organización terrorista en España. Los agentes requisan documentos falsos y armas de fuego. Cinco días después, el juez Baltasar Garzón ordena el ingreso en prisión de ocho de los detenidos y les imputa tantos delitos como víctimas hubo en el 11-S. La colaboración policial con Washington lleva al FBI a reclamar a la Audiencia Nacional información sobre la presencia en España del líder de los pilotos suicidas, Mohamed Atta. El entramado financiero Pero si en algo se distingue la lucha librada contra Al Qaida en la península es en los golpes al entramado financiero de la red. El de abril del 2002 es un mes clave, ya que los supuestos responsables económico y empresarial de la organización en España, Ahmed Brahim y Abu Mahmud, son arrestados en Barcelona y Madrid. El último regentaba una promotora de viviendas en la capital y desvió más de 700.000 euros procedentes de la venta de cuatro promociones a entidades vinculadas a Bin Laden. En el 2003 se produce la operación de mayor envergadura, en cuanto al número de apresados. En Gerona y Barcelona caen, el 24 de enero, 16 miembros del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate. Todos son puestos en libertad, aunque el caso se reabre en septiembre. En marzo, la policía arresta a cinco personas (cuatro españoles y un paquistaní) por su supuesta vinculación con un atentado perpetrado en Túnez. Sólo dos ingresan en prisión. La fiscalía de la Audiencia Nacional pide en junio el procesamiento de 13 miembros de la célula desarticulada en la operación Dátil. Abu Dahdah es acusado de tantos asesinatos como muertos hubo en el 11-S. El periodista de Al Yazira Una de las víctimas de la lucha contra Al Qaida en España es un reportero de la televisión qatarí Al Yazira, Taysir Alony, que es detenido en Granada, el 5 de septiembre del 2003, acusado de proporcionar infraestructura a la célula española de la organización terrorista. Garzón ordena su ingreso en prisión, pero en octubre lo libera por motivos de salud. Quince días más tarde la policía arresta a otras cinco personas en Granada, Alicante y Madrid. En el 2004 continua la persecución a la red de Bin Laden. El 3 de febrero, Jordania entrega a Abu Ibrahim, a petición de Garzón y el 13 del mismo mes, el juez decreta prisión incondicional para Hamed Abderrahman, preso español en Guantánamo que había sido repatriado por Estados Unidos tras dos años de cautiverio. El 22 y el 23 de febrero son detenidos tres argelinos por actividades de apoyo a Al Qaida. Iban a ser las últimas operaciones contra la organización antes de la tragedia del 11-M. Los mensajes de Bin Laden Las dos pistas más claras para los españoles de que el país había centrado de alguna manera la atención de Al Qaida llega a través de sendos mensajes a cargo del líder terrorista Bin Laden. El responsable de la organización aparece en vídeos que se difunden a través de la cadena de televisión qatarí Al Yazira. En el primero de ellos, es muy claro: «Nos reservamos el derecho a responder en el momento y el lugar oportunos a todos los países que participan en esta guerra injusta (en referencia a la de Irak), en particular Reino Unido, España, Australia, Polonia, Japón e Italia». La grabación, difundida el 18 de octubre del 2003, llama a una guerra santa en la que Bin Laden espera que «no mueran musulmanes». La segunda referencia, en otro vídeo emitido el 5 de enero de este año es mucho más velada, pero resulta llamativa: «La economía de España sola es mucho más importante que la de todos los países árabes juntos». El mensaje, extraído de una cinta de 45 minutos de duración, da muestras de actualidad y al aparecer cita la captura de Sadam Huseín. Pero las advertencias de Al Qaida no llegaron sólo a traves de los televisores. El atentado de Casablanca, que se saldó con 41 muertos, alcanzó la Casa de España en Marruecos. Los 13 suicidas incluyeron este recinto entre sus objetivos por orden de un cerebro al que también se vincula con la masacre de Madrid. La lista de nombres comunes en las investigaciones del ataque de Casablanca y del 11-M es larga. Menos de un año después de aquello (ocurrió el 14 de mayo del 2003) Bin Laden ha vuelto a dejar claro su odio a España.

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