El Valle de San Emiliano, un enclave de extraordinaria belleza

Majestuosas montañas, amplias vegas, circos, morrenas, hayedos, robledales, urogallos, osos y poblados valles son algunas razones para acercarse a este espacio natural

Publicado por
Y. C. ÁLVAREZ | texto
León

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El espacio natural del Valle de San Emiliano es uno de los más emblemáticos de la comarca leonesa de Babia. Se trata de un territorio de alta montaña con casi la mitad de su superficie superando los 1.500 metros (su máxima cota, con 2.417, es la inmensa mole caliza de Peña Ubiña) y excelente balcón sobre el espinazo cantábrico, ideal para pasar las horas muertas y estar en Babia, evidentemente. Porque Babia existe, no es un invento o un sinónimo de «falta de atención». Babia era el lugar escogido por los reyes de León para ausentarse de la Corte y pasar unos días de descanso o dedicarse a la caza del oso, muy abundante entonces por estos parajes. Y cuando los cortesanos preguntaban por ellos, siempre oían la misma frase: «El rey no puede recibirte porque está en Babia». También hay quien atribuye la expresión a que los pastores trashumantes que iban y venían con sus rebaños a tierras extremeñas, siguiendo la cañada leonesa occidental, quedaban en ocasiones absortos junto al fuego recordando las peripecias del viaje y, la gente, comenzase a murmurar: «Mira, ahora está en Babia». El Valle de San Emiliano está incluido por la Consejería de Medio Ambiente en la Red de Espacios Naturales de Castilla y León. Ocupa 55.200 hectáreas e incluye los términos municipales de de San Emiliano, Sena de Luna, Los Barrios de Luna y Cabrillanes, en los que habitan unas 3.000 personas. Riqueza natural Babia es una comarca de gran belleza en cuyas enormes praderas se dice que llegaron a pastar más de medio millón de cabezas de ganado merino. Su acusado relieve conserva numerosos rasgos morfológicos de origen glaciar, como circos, morrenas, majestuosos valles en artesa y lagunas (Laguna Grande en Lago de Babia y Las Verdes, en Torre) junto a hermosas montañas, amplias vegas y un ramillete de pueblos abiertos a la curiosidad del visitante. La zona alberga una importante flora y fauna por ser de transición entre las vegetaciones atlántica y mediterránea. La primera está representada por bosques caducifolios de robles albar y melojo mientras que en las zonas húmedas y umbrías del norte se asientan masas de hayas. En los valles meridionales, con cierto grado de mediterraneidad, hay presencia de sabinas que alcanzan aquí el límite occidental de su área de distribución europea siendo el Sabinar de Mirantes de Luna el ejemplo más significativo. En las proximidades de los arroyos abundan abedules, acebos, castaños, fresnos, tilos y serbales de cazadores. En cuanto a la fauna, destaca la presencia esporádica del oso (que procede de la cercana reserva astur de Somiedo) y del urogallo, ambos en situación muy delicada y sujetos a medidas de protección. Junto a ellos, especies de interés como lobo, nutria, alimoche, buitre leonado o águila real y cinegéticas, como ciervo, corzo, rebeco y jabalí, además de las exquisitas truchas. La presencia del embalse de Barrios de Luna favorece la estancia de poblaciones más o menos numerosas de aves acuáticas.

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