Los mayores bosques de rebollo de la península

Se trata del El Rebollar, enclave ubicado en la Sierra de Gata y uno de los espacios naturales más diversos donde se relacionan en perfecta armonía la montaña y el bosque

Publicado por
Y. C. ÁLVAREZ | texto
León

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La Sierra de Gata ocupa el suroeste de la provincia de Salamanca y limita con Cáceres y Portugal, con los que tiene una fácil y cómoda comunicación. Ofrece al viajero un paisaje típico de media montaña con cotas no demasiado elevadas entre las que destaca Peña Canchera que con sus 1.592 metros es la máxima altura. Sus laderas están ocupadas por robledales, junto con zonas de arbustos y monte bajo, sustituidos estos, en muchas ocasiones, por amplias repoblaciones de pinos. Y en las márgenes de los ríos, alisos, sauces y fresnos. El buque insignia, el auténtico símbolo, es el roble rebollo, cuyas masas boscosas ocupan grandes extensiones y ceden su nombre al espacio natural de El Rebollar. Sin embargo, los incendios forestales, el deterioro de su arquitectura popular o la pérdida de identidad, son algunas de las amenazas que acechan a este valioso paisaje, que justifican su inclusión por la Consejería de Medio Ambiente en la Red de Espacios Naturales de Castilla y León. En la actualidad, se está redactando el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales, previo a la declaración de protección correspondiente. Una peculiar identidad El secular aislamiento que ha sufrido El Rebollar ha propiciado, por un lado, que la comarca conserve su peculiar identidad (aún a costa de sufrir una penosa situación socioeconómica) y, por otro, la permanencia de una riqueza ecológica que se puede resumir en la presencia de los rebollos más hermosos, interesantes y mejor conservados de la península Ibérica; en las más de 800 especies vegetales y 229 especies de vertebrados (125 de aves nidificantes) y, finalmente, en la existencia de tres especies de fauna en peligro de extinción: lince, cigüeña negra, buitre negro. Todo esto sin olvidar que aquí se refugia la última población de lobos del Sistema Central. El mejor acceso es a través de la N-620, que enlaza Salamanca con Portugal, pasando por la bellísima localidad de Ciudad Rodrigo. Asentada en la margen derecha del Águeda sobre un promontorio desde el que se contempla una amplia y fértil vega, su estratégica situación hizo de ella una importante plaza fuerte, implicada en asedios y luchas, desde la Edad Media hasta la guerra de la Independencia. La ciudad recibe al visitante con un grupo formado por tres columnas romanas dispuestas en forma triangular que, desde el siglo XII forman parte de su escudo. Un paseo por sus calles acercará a palacios (Montarco, Miranda o Moztezuma), iglesias (San Agustín, San Isidoro o del cardenal Pacheco) y, por supuesto, hasta la catedral, el monumento más importante de la ciudad. Especial atención merece contemplar la sillería del coro y un altar de alabastro que representa el Descendimiento, atribuido a Juan de Juni. La carretera comarcal 526 lleva al espacio natural cuya elevada biodiversidad viene determinada, además de por la escasa presión humana derivada del aislamiento antes mencionado, por su situación geográfica. Debido a la influencia atlántica, el clima se caracteriza por veranos secos y calurosos seguidos de inviernos muy fríos y con abundantes precipitaciones. El encinar tiene aquí su límite de distribución dejando paso al robledal, favoreciendo la mezcla de una y otra especie. Finalmente, la influencia de la parte cacereña de la Sierra de Gata, ecológicamente tan distinta, permite la llegada de elementos de esa provincia.

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