Recuerdo arriero a la sombra del padre Teleno
Un recorrido desde la comarca de Maragatos hasta la Valduerna nos sirve para adentrarnos en uno de los territorios más enigmáticos y atrayentes de León

PLANILLO
Hay zonas y espacios de nuestra geografía que apenas sí alcanzamos a vislumbrar desde el velocísimo tráfago de las grandes autopistas y las carreteras, pero que merecen toda nuestra atención por cuanto que esconden paisajes desconocidos, rincones sugerentes y sabores vigorosos, auténticos. Entre esas comarcas están todas aquellas que se encabalgan en los Montes de León y se extienden a uno y otro lado, a occidente y oriente; son las que mantienen nuestras señas de identidad con más fuerza y pujanza. Una de estas áreas, la que se alfombra hacia el Este siguiendo el curso de los ríos Turienzo, Duerna, y otros, es la que engloba las comarcas hermanas de Maragatos y Valduerna, y es también hacia donde se dirige nuestra ruta de hoy. El punto de partida es Santiago Millas, quizá el pueblo maragato con mayor recuerdo arriero en todas sus calles, plazas, callejinas, requejos, murias y caserones. Un simple paseo por los dos barrios del pueblo ya nos habla de un pasado marcado por el oficio transportista: grandes portones, arcos carreteros, amplios patios y zaguanes de descarga, todo ello tallado en buena piedra rubia. Aquella intensa época ya pasó, pero el pueblo maragato -apegado a sus raíces y su cultura como pocos- recuerda en su folclore, tradiciones y construcciones la Edad de Oro de su arriería, cuando hasta los monarcas confiaban el tesoro real en estos paisanos nuestros de bragas anchas, sabedores de que ni una onza tomarían de la carga, y de que, además, llegarían a defenderla hasta con su propia vida. Todos los entresijos de este tipo de vida que tanto marcó el carácter maragato se hallan recogidos en el Museo de la Arriería Maragata «Ventura Alonso», montado en las escuelas donadas en su día por este acaudalado arriero decimonónico: su visita es ineludible. Después, el consejo es seguir (lo mejor es hacerlo en bicicleta o coche) al encuentro de la Valduerna, por una carretera comarcal en dirección sur (Le-133) hasta que nos topamos con Destriana, la cabecerca comarcal valdornesa, buena representante de los pueblos de muria roja, huertina y robledal de este rincón de León. En la localidad hay que fijarse en los numerosos y curiosos pozos y lavaderos que han sido recientemente restaurados con acierto. Después, el camino nos lleva por las aldeas de Robledo, Robledino y Fresno de la Valduerna hasta llegar al culmen de la ruta, Castrotierra, con su castro coronado por el emblemático santuario que encierra la románica y milagrosa figura de la Virgen de Castrotierra, señora de la lluvia. Pueblos recogidos, chopo, roble, maíz y prado, casona arriera, y, ante todo, buen comer: se impone aquí el monumental cocido maragato en Santiago Millas.