Periodista y escritora
«Un reportaje es como un hijo, siempre quieres que vista bien»
Periodista y escritora vocacional, su visceral pasión por las letras la guía en su aderezo literario de las historias cotidianas
El arte de editar ideas y trasncribir letras no tiene misterios para Patricia Cazón. La pluma de esta leonesa hoy por hoy nutre con su emotividad y dinamismo las páginas de Lágrimas de Arena , una historia de superación y realidad en las arenas del desierto; el primer andén literario de un viaje que ha de conducirla a la satisfacción personal, la de saberse escritora y en potestad del exclusivo título que ostentan aquellos que hacen con su pluma lo que les parece correcto. En ese ir y venir entre letras e historias cotidianas llama la atención la fuerza y la voluntad de la que hace gala la escritora y periodista leonesa. Tras su breve paso por el País Semanal y su actual estancia en las filas de diario As nos sorprende con toda una declaración de intenciones. -Periodista y escritora, una vez que luces los dos títulos ¿cuál crees que te sienta mejor? -El de escritora sin duda, es mi pasión, siempre me gustó. Para mí escribir es como respirar. -Tengo entendido que tu afán por escribir te persigue desde pequeña. Escritora... ¿se nace o se hace?. -Se nace, estoy segura. También es cierto que entre más leas o te informes mayor sustancia añades a tu bagaje personal, sin embargo creo que lo más importante son las inquietudes de que se dispone, y eso normalmente no te lo pueden enseñar. Echando la vista atrás me recuerdo con un lápiz entre los dedos desde muy pequeña. Creo que es suficientemente ilustrativo cuando afirmo que para mí escribir es como respirar. Escritor se nace... y luego se hace, es decir, se moldea poco a poco. Indago en la memoria y me veo escribiendo, ahí estoy, con cuatro o cinco años elaborando con mimo unos cuentos que luego encuadernaba. Mi madre los ponía después en la estantería junto a los demás libros, era mi forma de pertenecer al mundillo con cuatro añitos. De todas formas no recuerdo exactamente dónde me fui moldeando porque mi idilio con la pluma viene de largo. -Una vez que has abierto la veda literaria con tu primera novela «Lágrimas de Arena», qué nuevos horizontes te quedan por escrutar. -Hace años mis dos grandes metas eran trabajar en el País Semanal y escribir sobre lo que yo quisiera, sobre lo que de verdad sintiera que tenía que escribir. En el País Semanal estuve dos meses haciendo un máster pero me gustaría volver, estamos en la lucha. -Siempre te han atraído los temas más humanos, de corte social. -Quizás se deba a que la información y los números así en seco son demasiados fríos; a mí me cuesta ver a la persona detrás del número en cambio, en los temas sociales, el aditivo más importante, la emotividad, es más fácil de apreciar y de tratar. Cuando te ves inmerso en esos temas sientes que puedes tocar a la persona y sus circunstancias, sus problemas y quehaceres en definitiva. Me parece algo muy bonito. La verdad es que escribo como siento, quizás brote de ahí ese componente social que me sigue. -Veo que gustas de retratar el lado más amable de todo lo que sucede. -No creas, soy un poco pesimista, escribo sobre lo bueno y sobre lo malo, el requisito indispensable lo marca la existencia de lo escribo dentro de las historias cotidianas de cada uno. Todo el mundo tiene algo que contar, de la persona que menos te lo esperas puedes obtener una historia. Cuando voy por la calle me fijo en la gente, en como va vestido, que calzado lleva y todas esas cosas; eso me da pie a imaginar como puede ser su vida detrás de un atuendo o una forma de moverse. -De qué se alimenta entonces la imaginación de un escritor. -De dos cosas, primero de la realidad y después de su propia cabeza. La imaginación no lo es todo, puede ser el medio pero algo ha de incitarla, todo el mundo se basa en una referencia real para después enarbolar una historia, ya sea literaria o no. Ves a un hombre tomar café y esa imagen te evoca otra. A partir de la imagen surge la historia, siempre, incluso de un sueño, pero has de tener esa referencia. Es por eso que la dualidad de lo real y lo imaginario es el alimento de la imaginación del escritor, una imaginación que come a todas horas. -Cómo ves la situación de la mujer dentro de la vorágine en la que se ve inmerso el periodismo actual. Sinceramente... mal. En las facultades cada vez hay más mujeres y sin embargo hoy por hoy muy pocas ocupan puestos de responsabilidad. No se si será por el tema de la maternidad y las bajas de la mujer pero lo cierto es que se nos deja a un lado a la hora de optar a puestos relevantes. Una mujer puede organizar y dirigir un medio exactamente igual de bien que cualquier hombre. Tienes el ejemplo de Interviú, con Teresa Viejo. Sería bueno que las mujeres optaran a esas cotas de responsabilidad porque somos igual de válidas. Es evidente que existen trabas. -Qué proyectos ocupan tu mesa de escritorio ahora mismo. -Me encuentro ideando una historia de adolescentes, pero no pretendo ampararme en los tópicos, parto con la intención de que se vean reflejados en las historias. Mi intención circula en torno a la diversidad de historias y puntos de vista, trazar las vivencias paralelas de diez adolescentes diferentes entre sí para que el estudio de la amalgama pueda desembocar en una lección personal. -Valoras de un modo importante la literatura y el arte de la palabra escrita, así como el uso de la imaginación para dibujar la realidad ¿no crees que dentro del mundo del periodismo lo literario puede verse arrinconado por la información y los números en ocasiones? -Mira, desde los 17 años leo el País Semanal y me encanta ese tipo de estilo. Ha sido mi referente durante mucho tiempo. Cuando estudiaba me repetían hasta la saciedad que escribir para un periódico no es escribir cuentos, decían: «esto es literatura, no periodismo». En tercero de carrera tuve una crisis con ese tema. La verdad es que el primero que confió en mí y me dio el empujoncito que necesitaba es Marco, redactor del Diario de León, el me animaba a escribir como sentía. Que algo este redactado de un modo literario no tiene que implicar necesariamente que pierda fuerza informativa. -Hablabas de tu gran sueño, el País Semanal. ¿Qué le puede ofrecer Patricia a esa publicación? -Imaginación y dinamismo, experiencia también, aunque soy de las que opina que se puede suplir con voluntad y ganas. Por hacer un reportaje sería capaz de subir a la Luna si hiciera falta y hubiera allí algo que contar. Hacer un reportaje es como tener un hijo, siempre quieres que vaya bien vestido. De verdad que cuando digo que escribir es respirar estoy sintetizando mi forma de ver este mundo. -Me impresiona tanta vitalidad. ¿Es que nunca te has encontrado con un reportaje que no te haya gustado? -Bueno, creo que no, al principio puede que alguno no te apetezca demasiado pero luego le ves el componente humano y te das cuenta de que detrás de una historia se encuentra una personas y lo ves de otro modo. -Cualquiera diría que elevas el periodismo a la categoría de arte. -¡Y por qué no! Los escritores son artistas y un periodista no deja de escribir, algunas veces trazan temas que no son muy literarios pero en ocasiones lidian con otros que valen la pena, te das cuanta de que puedes ayudar a mucha gente desde un medio de comunicación. Si a los medios se les considera el tercer o cuarto poder... por qué el periodismo no puede ser un arte. De un modo u otro tenemos el deber de aportar algo al mundo.