Diario de León

El magosto, la fiesta por excelencia de las singulares castañas bercianas

Publicado por
MARCELINO CUEVAS | texto
León

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|||| El otoño es la estación más bella del año en los montes bercianos, su colorido consigue dejar en segundo plano las hermosuras florales de la primavera. Los tonos cálidos que van del rojo de los cerezos al amarillo de las higueras, pasando por la más amplia gama de tonalidades, convierten las laderas de los montes bercianos en auténticas pinturas plenas de belleza. Quien ha contemplado un amanecer de otoño con jirones de niebla ocultando parcialmente el paisaje, con el sol apareciendo tímidamente y disolviendo con dulce cuidado las nubes, descubriendo a su calor los montes intensamente dorados, como envidiosos de las rojas tierras de Las Médulas, será incapaz de olvidarlo nunca. Pero no hay atajo sin trabajo, si bien el paisaje es hermoso ahí están los punzantes pinchos de los erizos que defienden las castañas, para demostrar a quienes van a apañarlas como es la cruda realidad. Labor tremenda la de recoger castañas, la de apañar uno a uno los dulces frutos del árbol más emblemático del Bierzo. Claro que después de concluir la jornada, que transcurrirá íntegramente en el monte, habrá tiempo para la buena cena, para el pequeño magosto y para el comentario y la charla. Pero la fiesta del Magosto con mayúsculas se celebra alrededor de Todos los Santos, cuando las castañas frescas ya han emigrado a Cataluña o vaya usted a saber donde y solamente quedan en los sequeiros las destinadas a secar, ha convertirse en lo que en mi tierra llamamos castañas pilongas. Hagamos un inciso. Nada más evocador que la tertulia en la semipenumbra alrededor de la hoguera hecha con leña de roble, mientras en lo alto secan las castañas en el doble techo, con el humo sobre las cabezas de los contertulios, que permanecen sentados para evitar sus emanaciones, y los gusanos cayendo como una misteriosa lluvia animal alrededor de los contertulios. Pero volvamos al magosto, recordemos como lo relata con gran costumbrismo el Comandante de Infantería Antonio Fernández y Morales en su libro Ensayos Poéticos en Dialecto Berciano. «Cuando los huertos del Bierzo, las viñas, vegas y praos, ya están del todo vacíos, pero en cambio de cebollas, calabazas y pimientos, de nueces, habas, titos, y patatas están llenos los sobrados, en las bodegas de vino anda fervendo y en el suelo pintan negras castañas. En este mes en que las viejas, para hacer luego botillos, los gochos con salvao ceban cocido en agua hirviendo, mezclado con mondas de patatas y cachelos, con nabos, tronchos de berzas y castañas. En ente mes que los higos quedan fofos con el hielo y los membrillos y acerolos recogen los confiteros, los merodos se ponen rojos y los bruños negros». Explica el marcial poeta que los bercianos el día de Todos los Santos, con las castañas ya prácticamente recogidas, se lanzan en familia al campo, después de visitar con recogido sentimiento las tumbas de sus deudos, y «recogiendo zarzas y subiáos, hojas caídas de los árboles y pajas de los rastrojos, hacen una hoguera donde asar los castañas, traen también sardinas, pimientos, peces y empanadas de acelgas. Los rapaciños se divierten jugando a la buraquiña o a la chocha y después, todos juntos meriendan entre chanzas y risas, para seguidamente tornar alegres al pueblo». Esto la gente del pueblo, que los más pudientes tienen distinto menú. «Los criados portan en cestas las viandas compuestas por anguilas, truchas, pollos, pampalliños tiernos, y empanadas con salmón o lomo dentro. También llevan uvas dulces secas, hipocrás, tostadillo¿» está claro que siempre hubo clases. Los magostos son una de las grandes fiestas de la tradición agrícola berciana. Se terminó el tiempo de recoger cosechas, los cereales, las uvas para hacer buen vino, las frutas están ya a buen recaudo y con las castañas en casa solamente queda por delante el enfrentamiento con el oscuro y frío tiempo de invierno¿ y la matanza, que aquí se hace a finales de diciembre y primeros del mes de enero. Por eso las gentes, rendidas de tanto trabajar, celebran con alborozo esta fiesta que anuncia descanso, y que como todas las fiestas tiene su mayor gracia en lo que referente a la comida. Ha de quedar satisfecho el estómago, que si nos atenemos a las tradiciones, no siempre quedaba harto en estas tierras. Se mezcla el festejo con la celebración del día de Todos los Santos que aquí, como en la cercana Galicia, tiene gran importancia. Los mayores que huyeron de las miserias terrenales, los amigos perdidos en el tiempo, son recordados con singular sentimiento, en El Bierzo la memoria es larga, el recuerdo se convierte en añoranza y los pequeños cementerios de los pueblos se cubren de flores sencillas cultivadas en los huertos pensando en ese momento, flores nacidas de la misma tierra que cubre el recuerdo de quienes precedieron a los que ahora, con una lágrima en su mejilla, les recuerdan con cariño. Y después sí, la fiesta, el alboroto, el fuego crepitando alegre y las castañas estallando al viento como cohetes festivos. Hoy ya no es solamente un capítulo más del entrañable folklore de estos pueblos. La modernidad ha traído celebraciones más sofisticadas y en algunos lugares se monta un verdadero jolgorio con toda clase de atracciones, con músicos y danzantes y, eso sí, con mucha comida. Las entidades provinciales colaboran con los humildes ayuntamientos para hacer la Fiesta Anual del Magosto, que de forma itinerante va discurriendo por diferentes villas y pueblos. Y la última reflexión viene dada por el elemento principal del magosto, por los frutos de esos castaños centenarios, hay quien dice que incluso milenarios, que poco a poco van desapareciendo, que las enfermedades que les aquejan desde hace mucho tiempo y la despoblación del medio rural llevan a un triste final. El castaño es una de las grandes riquezas del Bierzo y habría que luchar con más decisión y sobre todo con más medios, para que siguieran cubriendo los montes bercianos y para que sus sotos continuaran siendo fuente de riqueza. Porque si no se pone pronto remedio estos magostos que aún hoy celebramos serán festejos que solamente podremos encontrar en los relatos literarios y en algún documental que alguien hizo en su momento por pura casualidad. Pero olvidemos las penas y preparémonos para el próximo magosto, para alabar la rica gastronomía de las castañas, simplemente asadas con todo su sabor, o cocidas en leche, o convertidas en puré para acompañar algún plato de buena carne de caza, o en almíbar, o convertidas en lujurioso marron glace, o convertidas en parte esencial de muchas delicias confiteras. Las castañas humildes nos esperan y con ellas nos tiznaremos las manos y nos tiznarán la cara y de ellas comeremos y compartiéndolas reiremos y disfrutaremos de uno de los festejos más hermosos de la tradición berciana.

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