MONARCA LEONÉS
Un rey para la capitalidad del reino y sede del episcopado
|||| «Príncipe enérgico y batallador, que sometió a su autoridad única los territorios del reino asturleonés con el galaicoportugués, y las regiones de nueva colonización, donde siendo aún infante ya había realizado algunas incursiones por el territorio almorávide...» Son palabras con las que Carlos Santos de la Mota define la figura de Ordoño II, que reinó entre el 914 y el 924. Vino desde Galicia para ser coronado en León con un concilio de magnates, obispos y abades en la antigua Legio VII; y dedicó sus primeros años de reinado a pelear por la frontera con Abd-al-Rahman. Precisamente tras una de las victorias en estas campañas, la de San Esteban de Gormaz, el monarca quiso «proveer dignamente las necesidades de la Iglesia en la nueva capital del reino». Dice la Crónica Silense : «cuando llegó a León, para dar gracias por tan grandes victorias, mandó transformar su propio palacio en iglesia de la bienaventurada Virgen María, trasladando al interior la sede pontifical, y enriqueciendo la pequeña diócesis de la época anterior con amplias donaciones de villas e iglesias...». Fueron continuas sus campañas hasta su muerte, casi diez años después de ser proclamado monarca, dejando un reino de León que abarcaría, según Santos de la Mota, territorios que iban desde toda la costa cantábrica hasta vascongadas, bajando en línea hasta los montes de Oca, el inicio de la cordillera Ibérica, yendo hasta Soria donde bajaría desde la cordillera Central, siempre por debajo del río Duero, siguiendo la línea de Zamora, Toro, Simancas, entrando por la sierra de Guadarrama hasta rozar Ávila y la sierra de Gredos. Desde una altura aproximada de la ciudad de Ávila ascendería hasta Ciudad Rodrigo, entrando en Portugal hasta Coimbra y el Atlántico, enlanzando desde ahí con el Cantábrico. El profesor Gerardo Boto Varela destaca que Ordoño II fue el rey que decidió trasladar la capitalidad del expansivo reino asturiano a León; y que con Fruminio II consagró altares de los tres pabellones de las termas romanas a Santa María y todas las vírgenes; el Salvador y sus apóstoles y san juan Bautista y todos los mártires. Carlos Estepa, investigador del CSIC, explica que en la configuración urbanística y política del León del siglo X jugaron un papel esencial las iglesias y monasterios, entre ellas la de Santa María, ubicada en las termas romanas, que más tarde fue iglesia-catedral mozárabe, más tarde catedral románica y después la gótica actual. El conjunto catedralicio adquirió carácter de mausoleo regio desde que Ordoño II fue inhumado allí, pese a que el concilio de Braga prohibía que cualquier persona que no fuera santo se enterrara en un templo.